A todos los que visiten éste blog

Gracias por compartir vuestro tiempo visitando este blog, que no pretende ser sino eso . Un lugar para compartir mis experiencias profesionales y personales, tratando de llenar los sentidos con un poco de morbo, porque al fin y al cabo, el morbo es para los sentidos y el vicio para la carne . Todas estas historias son parte de mi vida. No hay nada falso, ni copiado, ni oido, ni leido. Todo es real y es parte de mi propiedad intelectual. No pretendo ofender a nadie, tampoco que nadie me ofenda. Si alguien se molesta que no entre aqui , ya que es un espacio para compartir con personas afines a estos temas y mayores de edad. Podemos compartir este espacio , agregando direcciones , clubes , tiendas de artículos de esta índole , etc... Mandad vuestros e-mail con recomendaciones sobre : sitios , material interesante y de que tipo , contactos , preguntas , consultas , consejos ,etc ...Grácias por visitar mi blog . Para contactarme podeis escribir a : castigador40@hotmail.com .

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MIS RELATOS...

viernes 25 de septiembre de 2009

Un enfoque personal. Quitar la vida o permitirla... ?

Desde que puse en este blog el logo o emblema de "NO AL ABORTO ", he recibido quejas y apoyos para todos los gustos y colores.

No voy contra nadie, más que contra del hecho de quitar una vida que engañosamente nos dicen y enseñan, que no es nada hasta los tres meses de vida. Una mentira descomunalmente maliciosa y errónea , de parte de quienes saben y conocen que un ser lo es desde el primer segundo de vida de sus tejidos como tal y aunque desprovisto de una razón propia que le defienda y le permita luchar por ella, pues aun no la tiene, si que tiene un alma que es la encargada de darle forma por dentro primero y más tarde por fuera, a su cuerpo, cara y miembros. No juzgo a quienes por una razón u otra tienen que recurrir a este método, más de una vez forzadas por una lamentable situación personal, no carente de sufrimiento en absoluto y de un impacto enorme tanto físico como mental y psicológico, así como espiritual, pero si que juzgo la consecuencia directa de tal acción y a sus consecuencias. Sea cual sea su motivo o motivos, en este caso concreto el fin no justifica los medios, porque al final, no importa el motivo sino el hecho en sí, de que abortar es eliminar una vida, simplemente eso, nos guste o no. No soy juez de nadie para juzgar si está bien o mal lo que cada quien hace, para eso hay un Dios y si juzgo esto entonces, soy hipócrita y me condeno a mi mismo por juzgar, para ser juzgado de la misma manera. Me remito a que la vida es sagrada para todas las culturas por igual y que nadie tiene derecho a dictar una sentencia para quitarla, sea cual sea la causa. Ya sea por pena dictada por un juez, un jurado o la propia ley, nadie tiene esta potestad ni derecho, solo ese ser superior al que llaman Dios, Jehová, Alá o sea cual sea su nombre para cada cultura o creencia.

Aunque alguien mate a otra persona, matarle a el no arregla las cosas. Una cadena perpetua es la pena más dura a pagar por alguien que ha matado a otro u otra, pues quitarle la vida no es más que una venganza siempre personal, directa o indirecta, de las personas que aplican la ley por un motivo u otro, para satisfacer a una sociedad tal vez sedienta de sangre o de mal llamada justicia, cuando se refieren a la ley y solo a la ley. ¿ A qué sociedad puede alegrar o gustar algo así ...?. ¿ O es verdad que solo calma con actos de violencia administrativa y lícita su sed de venganza en realidad...? Privar a un ser de la vida es fácil, es muy fácil, pero su condena solo durará un segundo de tiempo o tres minutos como máximo y nos hará también culpables de su muerte de forma directa aunque la ley así lo dicte, pues la ley se escribe con letras, se habla con palabras y se aplica con el corazón de cada uno, según sus intenciones, pero tampoco quien la hace cumplir queda exento de las culpas.

Cuando alguien pierde su vida y sobre todo un ser no nato, no queda en el vacío esta pérdida, al igual que las otras pérdidas tampoco. Hay un Ser que vela y sabe los secretos e intenciones de cada una de las personas de este mundo y que además, también sabe lo que habrá en el otro de más allá. Más allá de este cuerpo que solo es vasija para nuestras almas eternas e inmortales, pues si no fuese así... ¿ Qué sentido tiene esta vida de penurias, conflictos y sufrimientos, a pesar de los pocos placeres que podemos sentir y disfrutar y que nos nos pertenecen en absoluto... ?. Ni el tiempo que nos toca vivir sabemos ni podemos controlar, ni las circunstancias que nos rodean y afectan, ni siquiera el como nos afectan que no es poco, entonces... ¿ Quiénes somos para matar a otros... ?. Ahora sabes, piensas, sientes, respiras, reflexionas esto que lees y puedes opinar también, pero... Dentro de cinco segundos... ¿ Sabes con certeza que lo seguirás haciendo... ?. ¿ Quién lo puede asegurar ... ?. Tu... ?. Yo si se que no puedo hacerlo...

Un abrazo a todos y solo os puedo decir unas cuantas cosas. Disfrutad cada momento y cada segundo de la vida que tenéis. Sed felices de verdad y procurad siempre que sea posible, el bienestar de vuestras almas para que vuestras vidas tengan sentido y con ello, seréis ejemplo a imitar por quienes os rodean. Solo sé que soy un hombre, una persona y un ser lleno de vida de momento, pero cuanto más sé, más me convenzo de que aun me falta casi todo por saber y conocer y que me faltará mucho tiempo más aun, para entender y comprender el misterioso y maravilloso milagro de la vida. Gracias por aguantarme estas reflexiones para mi necesarias ... Hasta siempre...

miércoles 26 de agosto de 2009

Su fantasía oculta. Parte 1ª.

Hoy es Viernes y son las nueve de la mañana. Tomé mi café bien temprano como siempre, pero a esta hora me apeteció un cortado de esos que hacen en las cafeterías y que saben tan bien. Mientras saboreaba con placer el cortado, que muchos llaman bombón, me acordé de un e-mail que tengo en mi correo hace días. Un hombre, quería hacer realidad su fantasía de vestirse de mujer en la intimidad y tener sexo con otro varón que le tratase como tal, para vivir plenamente su fantasía escondida durante años, guardada en su corazón celosamente y con miedo, como si fuese un gran pecado capital. Eran las tres de la tarde de este mismo día y le telefoneé para vernos cuanto antes y tratar este asunto. Accedió a verse conmigo y le dí la obligada contraseña como es debido, así que quedamos hoy mismo a las siete de la tarde en su casa, en la capital de la isla, Santa Cruz de Tenerife.

Un cuarto de hora antes del tiempo previsto llegué al lugar donde vivía el supuesto cliente, así que visioné y revisé el lugar en una especie de prevención de riesgos laborales, si así puede decirse. Todo parecía en calma y no había nada ni nadie que pudiese resultar extraño, ni que pudiese representar una amenaza para mi ni para nadie. Llamé al telefonillo de su casa, como es normal y una voz femenina me contestó desde su vivienda. Según llegué al piso cuatro, allí estaba una preciosa joven esperándome y me condujo hasta la vivienda número cuarenta y siete. En la entrada de la casa con la puerta abierta de para en par, me recibió un hombre no mayor de treinta años. Le dije la contraseña acordada y me respondió acertadamente a la vez que me tendía su mano, que estreché con fuerza y firmeza, pero con buenas intenciones. La joven entró después y se mantuvo en espera detrás de nosotros. Con una señal de su mano, el habitante de la casa me invitó a seguirle hasta una habitación grande, que me pareció una sala de estar. Enormes librerías llenas hasta los topes de ellos decoraban todas las paredes de la misma. Muebles de estilo Castellano de labradas y gruesas maderas nobles y asientos de cuero, enriquecían aun más la estancia, dándole un bonito toque de rancia nobleza . Una gran y bonita mesa de despacho acorde al resto del mobiliario, rellenaba el poco espacio que quedaba libre en ella. La mujer nos siguió calladamente hasta este lugar y el hombre le pidió por favor, que nos sirviera algo fresco. Para mi agua mineral, para el Señor de la casa, un güiski doble con mucho hielo. Un segundo después despidió a la mujer, que cerró las puertas de esta habitación tras ella pero que se quedó a escuchar tras la puerta. Lo supe porque la sombra de su cuerpo parado allí, se reflejaba en el suelo bajo la puerta y a mi, no se me escapan estos detalles.
El hombre comenzó a contarme su vida a grandes rasgos y los detalles importantes que yo debía conocer para comprenderle mejor y saber como satisfacerle, sobre todo a nivel humano, más que sexualmente.

Este hombre joven era un abogado que estudió en una importante Universidad Europea, con un presente y un futuro brillante, al frente de un bufete internacional de renombre mundial. Me confesó que tenía todo cuanto quería en lo referente a lo material, pero que le faltaba su otra mitad, su parte femenina, que lloraba silenciosamente dentro de su ser lágrimas negras y amargas como la hiel, por no poder salir de su escondite.

Cuando terminó de darme un punto de vista bastante completo de lo que fue y era su vida, algo cayó al suelo cerca de la puerta del despacho donde nos encontrábamos. Seguramente, el vaso que la mujer que nos sirvió las bebidas apoyaba sobre la puerta, para escuchar lo que decíamos ambos contertulios. Durante todo el rato en que estuvimos charlando, no perdí aquella sombra de vista. Permaneció clavada a la puerta hasta que se le cayó el vaso al suelo y se dió a sí misma por descubierta o bien fue casualidad, porque ya se había terminado la entrevista.

Tratado el precio de mis servicios y cobrado al momento, un apretón de manos cerró el trato entre nosotros y nos veríamos el Sábado a las cuatro de la tarde en la misma dirección de su domicilio. Llamó a la joven pulsando un botón verde que había sobre su mesa y esta apareció rápidamente para acompañarme hasta la puerta de entrada y salida de la casa. El abogado se quedó encerrado en su despacho, seguramente imaginando como sería y transcurriría su aventura personal con castigador cuarenta.

La mujer se giró bruscamente hacia mi cuando ívamos en dirección a la salida y bajando la bragueta de mi pantalón, se aferró a mi polla con su boca sedienta. La agarré por los largos cabellos de su cabeza y comencé a bombear mi miembro salvajemente hasta su garganta y ella no paró de succionar, lamer y chupar, hasta que me sacó hasta la última gota de semen. Cuando terminó la felación y conmigo aun absorto por tal hecho, sonrió y me acompañó a la salida. Un pellizco muy fuerte en mi culo fue su expresiva despedida. Posiblemente había mirado en el PC de su jefe y había leído alguno de mis relatos, esto se ve que la encendió como a una antorcha y hubo que apagar su fuego. Bombero soy de pasiones y deseos.

Debería planificar todo con meticulosidad extrema para que nada saliera mal. Este tipo de personas son muy sensibles a todo y lo más mínimo, podría hacerle echarse atrás y nunca más habría manera de convencerlo para que hiciese realidad su fantasía, por el miedo y las secuelas psicológicas que posiblemente le quedarían para siempre.

Esta era mi primera historia, con una persona a la que le gustaba esto. Conozco a muchos travestidos y me parecen personas muy normales, aunque gusten vestirse con prendas femeninas. No es más que una parte de su sentir femenino, pero es tan importante para ellos como su propia identidad humana. Sin ella, solo son una mitad incompleta.

Su fantasía oculta. Parte 2ª.

... ¿ Quién no está incompleto en este mundo sin su otra mitad...?... Esto es lo primero en que pensé el Sábado según me desperté a las seis de la mañana. Me fui a la cocina y preparé mi cafetera del año de la conquista de Canarias y no es que sea verdad, sino que por más cafeteras que compro nuevas, ninguna hace tan buen café como esta. ¿ Por qué será... ?. ¡¡ Qué buen café de Colombia... !!. Una buena y caliente ducha me despejó del todo y preparó mi mente y mi cuerpo para el movido día que me esperaba. Me dirigí en coche a la ciudad de La Laguna y encontré allí una tienda especializada en prendas y lencería femenina, en la calle Barcelona esquina Heraclio Sánchez. Me arriesgué y compré un par de modelos que me gustaron para una mujer. Uno era de enfermera, con todos los detalles necesarios para el morbo. Medias, ligueros, etc... y el otro era de criada, con todo también. Aun así, me arriesgué nuevamente y me fui a otra tienda de ropa de verdad y compré un vestido de Verano para una fémina, con escote a la espalda y hasta la rodilla de largo, con colores alegres y de plena moda. Un par de medias caladas, otros ligueros a juego y un par de sujetadores también a juego con el resto. Visité además una tienda de complementos y adquirí en ella un bolso de color negro, de piel y unos zapatos con poco tacón por si acaso. Unas cuantas pinturas de labios y una peluca rubia y otra morena de pelo corto y largo respectivamente, junto con un cinturón ancho para el vestido, finalizaron las compras del día. Regresé a casa y me duché y ya era la una de la tarde. Después de comer, me tumbé unos diez minutos para planificar mentalmente el momento clave del encuentro y me gustó, quedaría muy bien.

Un cuarto de hora antes de la hora pactada para el encuentro, llegué a la casa del abogado y me abrió la puerta nuevamente la joven mujer... - ¡ Mi jefe llegará a las cuatro y media por un contratiempo de última hora ... ! . Me dijo la mujer. Con una amplia sonrisa que desenmascaraba su retorcida y morbosa picardía, me miró de arriba a abajo deteniéndose unos segundos en mi paquete, que acarició con su mano derecha mientras se relamía los labios mirándome a los ojos, seguramente buscando mi complicidad en ese preciso momento. Pensó nuevamente en darme una mamada de esas rápidas, robadas, que saben a miel de la más dulce y delicada, pero no le di tiempo. La cogí por la muñeca de su mano con la que acariciaba mi abultado empujador y rotándola hacia adentro, hacia su cuerpo, en un segundo la tenía pegada contra la pared de espaldas a mi, sin poder moverse a ninguna parte que yo no le permitiera. Me acerqué a su oído, al de su lado derecho y casi susurrándole le dije... ¡ Estás deseando mi polla dentro de ti !. ¿ Verdad... ?. No dijo nada y tampoco hacía falta... Sentir mi fuerza bruta que la inmovilizaba, que sujetaba sus dos manos y la sometía a mi voluntad, la levantó casi del suelo puesta sobre las puntas de sus pies... Me pegué contra sus espaldas con agresividad y la estrujé contra la pared sin miramientos, con ese tipo de agresividad que denotaba un subidón de calorías hasta índices dañinos para su feminidad y su dócil forma de ser... Allí mismo dejó un charco en un instante... Se corrió de gusto solamente con sentirme detrás suyo, apretando mi polla empalmada contra sus duras nalgas que no paraba de mover, tratando de tragársela al completo, como si tuviese una boca entre ellas... ¡ Pídeme que te folle zorra... !. Le dije en baja voz... Su cuerpo se estremeció de golpe solo con la idea de decirlo, de sentirla dentro, de saborearla nuevamente aunque fuese solo un segundo... ¡ Fóllame castigador... !. Me dijo con su voz quebrada por la excitación... ¡ No te oigo preciosa... !. Le repliqué... ¡¡ Fóllame castigador... !!. Dijo casi gritando esta vez, suplicando al mismo tiempo una dosis de carne empujada que anhelaba con todo su ser. Se contoneaba libidinosamente, se estremecía y yo cada vez empujaba con más ganas mi dura polla entre sus calientes nalgas. Levanté su falda hasta lo más arriba que dio de si y apartando sus bragas hacia un lado y obligándola a sujetarlas con los dedos de sus manos, que yo tenía sujetas con mi mano derecha, saqué mi carne de empujar de su escondite y la metí entre sus nalgas, metiéndola de un tirón en su vagina, con el grito ingente de su garganta como respuesta. No gritó de dolor, de eso nada, sino de gusto. Sentir una polla tan dura que la tomó por dentro de un tirón, superó sus expectativas. Se corrió una y otra vez hasta que casi no le quedaron fuerzas para seguir de pie. La arrodillé en el suelo sin liberar sus manos y apoyada sobre su frente y las rodillas, continué el castigo que se había buscado por atrevida y descarada. Solté sus manos y arranqué sus bragas del todo dejándola sin ellas y jugué con mis manos en sus nalgas, abriendo y cerrando su esfínter anal en un movimiento de dedos sincronizados con mis embestidas a su coño. Poco a poco se dilató lo suficiente para poder meter en el, el glande de mi vástago carnado y a punto de correrme, le metí solo el cabezote gordo y duro de mi ariete en su culo, notando ella al instante el fluir de mi leche caliente y espesa dentro de su agujero agradecido, haciéndola explotar una vez más en un corto y explosivo orgasmo. Allí quedó tendida unos minutos sobre su propio charco de jugos, mirándome extasiada mientras me alejaba en dirección al salón de la casa, para dejar los paquetes que había traído. Volví a su lado en unos segundo y la ayudé a llegar al baño para que se aseara antes de que llegase su jefe. Un buen café hecho por mi, le subió los ánimos enseguida y recuperó el color con prontitud. Unas risas de complicidad y buen rollo entre nosotros lo dejaron todo muy claro. - ¡ Ya sé a qué viene ese nombre tuyo... !! . Me dijo sonriente... - ¿ Lo dudabas ... ?. Pregunté, mientras esbozaba una muy pícara sonrisa y me alejé...

Después de diez minutos de espera en el salón donde se hallaba el despacho del abogado, un ruido de pasos fuertes se oyó en el pasillo. El hombre de la casa había llegado. Con una sonrisa y alargando su mano como era su costumbre, me puse en pie y me saludó efusivamente. Se le veía un poco ansioso por probar su tratamiento de la felicidad. Se disculpó por su retraso amablemente y le señalé los paquetes que había traído conmigo... - ¿ Qué es esto... ? - . Me preguntó sorprendido... - ¡ Unos detalles que me he permitido traerle por mi cuenta y riesgo simplemente... !. Se hizo un silencio ensordecedor en la estancia... El hombre me miró intrigadisimo... No sabía si salir corriendo de allí, o si abrir los paquetes que tenía a unos metros de el... Al fin se decidió a abrirlos y se quedó maravillado con lo que había dentro de ellos...

Sus ojos se llenaron de lágrimas por la emoción. Lloraba como un sentimiento que partía el alma, pero no de pena sino de alegría y sentimiento. Yo no dije nada. Me mantuve a una distancia conveniente por respeto a su persona y a su forma de sentir ese momento especial, muy especial para el. Era la primera vez en su vida que se encontraba con su parte femenina en serio, sin tapujos ni vergüenza, sin miedo ni burlas. Se sentó en un sillón de dos plazas y admiró las prendas muy de cerca. Las tocó, las acarició como si fuesen joyas, las pasó por encima de sus mejillas y nuevamente lloró en silencio. Soy un castigador pero estas cosas me pueden siempre. Me senté a su lado y atraje su cara contra mi pecho mientras acaricié sus cabellos, tratando con ello de que sintiera que no estaba solo en esto, que me importaba lo que sentía y lo que había sufrido, porque así era. Soy persona aunque me parta la cara con cualquiera y sin ningún miedo. Quien me conoce sabe que es muy cierto lo que digo, pero también soy sensible a los demás y no me arrepiento de serlo. Si hay algo por lo que vale la pena vivir esta vida, es precisamente por esto. Por esta tremenda capacidad que tenemos de amar, de querer y de ser piadosos con los demás, sin que importe nada la condición social, la raza, los credos ni el gusto o inclinación sexual. ¿ Qué es un ser humano sin sentimientos... ?. ¡¡ Carne terrible... !!. Pasado el mal momento, se deleitó poniendo sobre su cuerpo aun vestido las ropas que le compré. Su cara reflejaba una alegría inmensa ahora y me hizo partícipe y de ello. Parecía conocerme de toda la vida y se abrió hacia mi con una confianza ciega. Se preguntaba como pude acertar con todo aquello. Se nos fueron dos horas de tiempo mientras se probaba todo con una pasión y alegría, capaz de contagiar a cualquiera. Por debajo de la puerta no vi ninguna sombra esta vez. La mujer se recuperaba de sus heridas de guerra seguramente y dormía a pierna suelta. ¿ Quién no, después de aquella batalla en el pasillo de la casa... ?.

Su fantasía oculta. Parte 3ª.

... Me apeteció una ducha, después de destrozar a la joven asistenta sexualmente hablando. Apestaba a macho por todas partes y me gusta estar y sentirme limpio y fresco, aunque mi sudor no huela mal, es cuestión de costumbre y de necesidad. El hombre me indicó donde se hallaba el baño y me acompañó hasta el. Me dió un par de toallas y un albornoz para que estuviese cómodo después de la ducha . Me desnudé lentamente y dejé la puerta del mismo entreabierta para no sofocarme con el vapor del agua caliente, así como también dejé la mampara de la ducha abierta del todo también mientras me duchaba. Una sombra en el suelo, tras la puerta, en el pasillo, delataba la presencia del hombre allí escondido. Me espiaba mientras recorría mi desnudo cuerpo con mis manos, llenas de espuma de gel. Sabedor de sus miradas furtivas desde el pasillo, froté mi cuerpo aun más lentamente que de costumbre para provocar en el una reacción de calentura morbosa. Le sentí allí muy excitado. Se tocaba a sí mismo, mientras yo manoseaba mis atributos suavemente ante su mirada voraz, que me contemplaba con ansias y hambre de un hombre capaz de hacerle temblar de placer y deseo. Me agarré la poya y comencé a masturbarme lentamente para el, que no cesaba de jadear en el pasillo, tratando de ocultar sus jadeos sin conseguirlo. La mujer, oyendo aquellos gemidos susurrantes, casi imperceptibles al oído, salió de su habitación hasta agazaparse en un rincón del mismo pasillo, tras un mueble que había en el mismo a poca distancia del baño. El hombre me espiaba a mi y la mujer le espiaba a el, sabiendo que se masturbaba viéndome en la ducha. En unos minutos se formó una paja colectiva a tres bandas, que hizo saltar todas los sentidos por los aires. La mujer se acercó hasta el hombre, que la miró sin darle importancia a su presencia y que aun le incentivó más si cabe. Los dos, entraron el baño como cómplices el uno del otro y entre ambos se repartieron mi cuerpo como si se tratase de un postre. Ella acariciaba mi torso con sus manos y a la vez besaba y mordisqueaba mi vientre. El, acariciaba mi polla con una mano, a la vez que la sostenía con su mano izquierda y miraba cada movimiento de la mujer con envidia y ganas. La mujer bajó con su boca y su lengua hasta mis muslos y jugueteó con mi entrepierna, a la vez que agarró la cara del hombre con sus manos y la acercó hasta mi escroto. El joven empezó a pasar su lengua suavemente por mis gúevos y ella le conducía como si fuese su guía particular. Todos estábamos como motores a pleno rendimiento en el baño. Mandé a la mujer a desnudar al hombre de la casa. Estaba empapado de vapor de agua y sudor por el calentón que experimentaba. Una vez desnudo, le enjaboné completamente y lavé su cabeza con delicadeza. La mujer se entretenía manteniendo mi polla dura, pegada a ella como sanguijüela a una arteria. Chupaba y se la tragaba por completo hasta desaparecer en su garganta. Hice una señal a la mujer para que parase o me mataría allí mismo. El hombre tenía la mirada perdida, metido de lleno en el mundo del vicio más oscuro y morboso. Salí de la ducha y ellos me imitaron rápidamente u al unísono. Nos secamos y nos fuimos al salón donde estaríamos más cómodos.

Entre la mujer y yo, vestimos al hombre con las prendas que más acordes nos parecieron al momento. El disfraz de enfermera me pareció el más apropiado. No había ningún enfermo de momento, pero el mal del buen sexo podría hacer estragos en unos momentos.

El hombre se contemplaba a sí mismo vestido con aquel ropaje de impresionante elegancia y gusto. A pesar de ser un disfraz para un momento íntimo y personal, la calidad del material se agradece y hace notar con diferencia la clase de quien lo lleva puesto. La mujer se acercó hasta su habitación y trajo en sus manos un par de piezas de relleno para el sujetador, que el joven se había puesto, rímel, polvos de esos para la cara... Además trajo la chica, un par de algo parecido a medias lunas de látex, que daban forma y relleno al pecho masculino como si de unos de verdad se tratara. El hombre amasaba delicadamente sus pechos que parecían de verdad y así los podía sentir el. Lo disfrutaba profundamente. Tras unos intensos minutos de árduo trabajo por parte de la joven empleada, allí estaba de pie el hombre, transformada completamente su apariencia en la de una mujer. Una enfermera rubia de cabello largo y suave, de uno ochenta y cinco metros de altura, hermosa, guapa y despampanante. Labios de rojo fuego y ojos pintados y retocados con líneas de color negro, con mucho gusto por la joven mujer. Su cara que parecía de porcelana, hacía en realidad que todo lo demá luciese mucho más . Medias caladas de color negro, tacones de diez centímetros de alto y todo lo necesario para el gran momento de su vida. Me quedé abserviándolo un momento y sinceramente, el cambio fue impresionante. Le condujimos hasta su dormitorio para que se viese a sí mismo frente a un espejo de cuerpo entero y se quedó paralizado por la emoción. Se miró de frente, de perfil, de uno y otro lado y nuevamente rompió a llorar abrazándonos a la mujer y a mi, en un gesto de agradecimiento profundo, lleno de sentimientos liberados de golpe. Así estuvo casi cinco minutos, llorando de una vez todas las angustias retenidas en su alma de mujer en un cuerpo masculino. Me fui al salón y preparé unas bebidas para todos, aunque para mi solo agua, como siempre. Sobre todo para el hombre, para darle ánimos y contener su emotiva pena o alegría, según se vea. Unas cuantas fotos para su álbum personal, terminaron con ese momento casi mágico para el, el de su encuentro consigo mismo.

Bebimos y nos alegramos todos, disipando así la distracción momentánea en el dormitorio. Volvieron a la carga los dos a la vez, metiéndome mano de nuevo y yendo a medias como socios de una empresa compartida y con el empeño incansable de chupar y saborear cada parte de mi cuerpo. Al momento, ya estábamos otra vez los tres enzarzados en una refriega sexual y la verdad es que la mujer y el, competían como lobas por su pedazo de carne fresca, carne de castigador con todas sus consecuencias.

Cuando el ambiente estaba más que tórrido aparté a la mujer de mi lado y la inmovilicé de brazos con el cinturón que llevaba en mis pantalones. Ella podía moverse a su antojo sin usar sus manos libremente. No podía tocarme y estaba muy limitada en sus movimientos corporales. Estaba fuera de sí luchando por agarrar, por tirar de mi , por estrujar, por competir con su oponente, a uñas partidas pero no podía. La llevé en un instante en volandas hasta una silla que coloqué en el centro del salón y con el mismo cinturón la uní a la silla, sentada en ella contra su respaldo y más sujeta aun que antes. Ahora, ya solo podía permanecer sentada como una simple observadora de los hechos que ocurrirían seguidamente. Me quedé cerca de la silla, de pie, para que ella pudiese apreciar bien de cerca las hazañas succionadoras del transformado en mujer. Este se arrodilló a mi lado y tomando mi polla con su mano derecha esta vez, empezó a repasar con su lengua cálida los bordes exteriores del glande de mi pene, a la vez que provocativamente desconsolaba a la sujeta a la silla. Metía y sacaba mi pene de su boca como si fuese un pirulí, una golosina, provocando y desconsolando a la sentada que lo sufría intensamente. Ella se revolvía en la medida en que podía, lentamente hacía las caras que el hombre hacía y chupaba como el una polla ficticia pero muy real en su mente masoquista.

- ¡¡ Mírala a los ojos mientras te comes mi polla... !! - . - Le recomendé al joven abogado...

Entre los dos hubo una conexión extraña... Ella podía sentir todo lo que el sentía y hacía y el, sufría de cerca los deseos y el desespero de ella, en una extraña y morbosa combinación de pasión, lujuria y envidia, rematada por una empatía fuera de lo corriente, viva.

El hombre saboreaba mi polla con mucha intensidad, marcada su mamada por el aliciente que le aportaba hacerla sufrir a ella, teniendo el en su poder lo que la mujer tanto deseaba y que no podía tener en este preciso instante. Mi polla. Era ni más ni menos que ver y sentir en otra persona su propio deseo no conseguido, pero si muy deseado y sufrido. Al fin y al cabo, un fiel reflejo de su misma situación hace apenas unas horas antes. La mujer realmente lo sufría en sus carnes y su mente. Se revolvía cada vez con más brusquedad de ganas por tenerme, por chuparme, por sentirme en su boca unos instantes pero no podía, el hombre transformado en mujer se vengaba en ella, de sus propias ansias contenidas e incomprendidas y sin embargo a ella le encantaba sufrirlo de esta manera. Ella se corría de gusto sobre la silla, gemía, casi lloraba y varias veces vi en sus ojos, la intención de saltarle encima si hubiése podido, para arrancar de su boca enemiga el motivo de sus delirios. En un momento dado decidí poner fin a esta etapa del juego y liberé a la mujer de su atadura. La silla estaba encharcada con sus jugos y su mirada era oscura, con las pupilas dilatadas por el gozo de tanto sufrimiento disfrutado, aunque parezca mentira. Hora de cambiar la estrategia del momento... Conocerán el lado oscuro de sí mismos y seguramente les encantará vivirlo y saberlo..., de manos de castigador cuarenta.

martes 14 de julio de 2009

Encuentro en Tenerife.

... Un e-mail me llega desde Cataluña, concretamente desde Barcelona... Una mujer se viene como invitada a casa de un amigo que reside en esta isla y desea un encuentro conmigo.

Son las diez de la noche de un día Martes y le envío la respuesta a esta misma hora. Nos veremos en cuanto llegue si así lo desea. Tengo que conocerla primero en persona, para poder hacerme una idea de que busca y de como complacerla, tarea nada fácil sin este encuentro a priori. Todo queda en espera... de momento...

Es Jueves y son las siete de la mañana de un día despejado, que promete estar soleado hasta que enochezca. Enciendo mi pc y en la bandeja de entrada, observo que hay otro correo con el mismo nombre que el que me llegó el Martes anterior.

Estaré en Tenerife esta misma madrugada a las dos en punto. ¿ Vendrás a recogerme al Aeropuerto Norte ?. Llevaré un pañuelo amarillo al cuello. Espero tu respuesta castigador40. Besos. Esto es lo que ponía el e-mail literalmente. Acompañaba al mensaje un número telefónico que correspondía a un móvil, al que llamé a las siete y media, una hora más tarde en Barcelona. Una dulce voz femenina me contestó entre risas de alegría y complicidad, con un acento nacido de una fusión entre catalán y andaluz, predominando el primero de ellos.

Los recuerdos, los buenos recuerdos del tiempo que pasé en Barcelona se adueñaron inmediatamente de mi cerebro. El calor a orillas del Mediterraneo, sus aguas cálidas, los amigos y amigas, el puerto, los primeros amores de mi vida... Todo pareció volver al presente en mi y me alegré gratamente por ello. Una alegría repentina estremeció mi cuerpo por completo y es que cuando los mejores recuerdos de la vida de una persona vuelven al presente, se viven con más intensidad aun, que en tiempos en los que sucedieron.

Aquella voz que al otro lado del teléfono me llegó al alma, me cautivó, me hizo prisionero de su acento. Con unas tímidas palabras contesté a mi interlocutora, que preguntaba sin saber que era yo pero si intuyéndolo. De ahí sus risas y esa alegría pícara, que perforó la distancia entre Barcelona y Tenerife en un segundo, como un haz de luz estelar desde el firmamento a la Tierra, para clavarse en mis adentros como un puñal de fuego y deseo que me excitó de inmediato. Se despidió de mi entre bromas y risas, con un amenazante... " hasta después castigador cuarenta... ".

Me quedé pensativo durante unos segundos sin comprender que me había pasado. Estaba allí, en medio de mi cuarto de trabajo, de pie, con el teléfono aun en la mano y empalmado como un adolescente... ¿ Qué significa esto... ?. ¿ Qué me ha pasado... ?. La respuesta es, que hay determinados acentos que me ponen como un toro en celo y entre ellos está el catalán, en la dulce voz de una mujer. ¡¡ No lo puedo evitar... !! . Me había olvidado por completo de esto.

Transcurrió el día con normalidad, entre contestar mensajes y resolver asuntos varios. Cerca de la hora en que llegaba el avión de la Barcelonesa, me trasladé al aeropuerto de Los Rodeos, cerca de la ciudad de La Laguna. Accedí a la terminal de llegadas y el vuelo estaba anunciado con retraso de una hora. A las tres y cuarto de la mañana aterrizó el avión por fin y media hora más tarde aparecía ante mi, una mujer esbelta con el mencionado pañuelo amarillo al cuello. Me temblaron las piernas de la emoción. No salía de mi asombro por las reacciones que estaban surgiendo de mi mismo. Esto me hacía perder ligeramente el control y me sentí algo vulnerable por un momento, pero pasó en cuanto la tuve frente a frente y la saludé con un beso en ambas mejillas y un abrazo con apretón y restregón, que hizo temblar el suelo bajo nuestros pies. Me separé de ella para agarrar la maleta y las pocas cosas que traía en su mano derecha y mirándome a los ojos fijamente, con una amplia sonrisa en sus labios, susurró... " castigador cuarenta... ". Esa frase terminó de convertirme en el hombre polla. En pleno aeropuerto, cargando con la maleta y enseres varios, lleno de gente a cientos y policía por todas partes y yo empalmado como un burro, sin poder siquiera disimularlo. Todos me miraban al paquete aquella madrugada en el aeropuerto. El bulto se notaba demasiado como para pensar que era otra cosa y cuanto más me hablaba la mujer, más dura se me ponía. Tuve que pedirle por favor, que no me hablase más hasta llegar al coche y sonriendo con malicia mientras observaba el efecto de su voz en mi ariete, guardó silencio a medias para que no decayese el fuego que había prendido en mi líbido.

Ella también estaba muy caliente, viendo y disfrutando aquel improvisado espectáculo en pleno aeropuerto. Le dio mucho morbo la situación que se había creado inesperadamente. Se mordía los labios haciendo todo un esfuerzo por no abalanzarse sobre mi allí mismo. Se aireaba con una hoja de papel a modo de abanico, mientras grandes gotas de sudor le bajaban por la frente hasta el cuello.

Llegamos hasta el coche y accioné el mando que desbloqueó las puertas del mismo. Abrí el maletero e introduje en el los bártulos que traía en la mano y la maleta. Ella me miró esperando a que le dijese algo, pero en lugar de eso la besé en la boca y la invité a subir después, como corresponde. Durante todo el camino a casa de su amigo, nos reímos bastante con la situación anterior. Fue simplemente impactante. Llegamos a su destino y le subí todo lo que traía ella hasta el piso cuarto, apartamento cuatrocientos veinte. Delante de la puerta nos despedimos hasta el día siguiente con un abrazo cariñoso. Sus ojos brillaban como dos luciérnagas. El deseo coloreaba su cara con un rojo agradable a la vista y su corazón latía potente, con el deseo oculto pero a la vez claro, de una aventura plena de morbo, vicio y lujuria.

Quedamos en vernos mañana nuevamente, a las diez de la noche aquí donde la dejé. En Candelaria. Se augura una noche llena de actividad para castigador cuarenta.

Encuentro en Tenerife. Parte 2ª.

... Madrugué en este día Viernes como es mi habitual costumbre, son las siete en punto de la mañana. Un buen café me terminó de despejar por completo, para estar despierto el resto del día. Ojeé mi p c y los e-mails se agolpan en el como si fuesen hijos de los que durmieron juntos la noche anterior en la bandeja de entrada.

Una llamada telefónica a las ocho y siete de la mañana, turba repentinamente el sosiego de mi cuarto. La misma voz de ayer y del Martes anterior, vuelve a inquietar mi sosiego... , me puede.. , me arrebata... , me enciende por completo hasta perder la calma...

- ¡¡ Buenos días mi castigador... !! - . Me saludó con esa voz de tigresa disfrazada de gacela... Contesté a su saludo con la amabilidad que me caracteriza, mientras en mi garganta se producía un ahogo como cuando se tragan nudos...

- ¡¡ Si te parece bien, en vez de a las diez de la noche de hoy, podríamos comer juntos para conocernos mejor y que supieras algo más de mi... !! - . Apenas me dejó asentir a sus palabras y ella ya lo había dado por hecho...

- ¡¡ Quedamos a las doce y treinta del mediodía aquí, donde me dejaste anoche... !! . Buena me había tocado a mi. Primera vez en mi vida que la veo y ya está manejando y controlando el cotarro, como si me conociese desde hace toda una vida... La verdad es que me tiene muy intrigado... Actúa verdaderamente como quien me conoce de verdad... y es que me conoce de verdad y no es que lo parezca... En fin... , a ver que ocurre después.

A las doce y cuarto ya estaba yo aparcando el coche en la parte exterior, de la zona donde durmió anoche la mujer. No se siquiera su nombre y todo ha ocurrido tan rápidamente que ni siquiera se lo he preguntado. Me siento raro. Todo esto es muy raro. Llamé al telefónillo de la vivienda correspondiente y bajó en un minuto. Un fuerte abrazo y un beso fue su saludo. Se dirigió al coche rauda y veloz, se subió en el y cerró la puerta mientras se acomodaba en el asiento del copiloto, asegurando bién su cinturón.

- ¡¡ Llévame a comer a donde tu quieras y lo que desees... !! - . Encima me toca elegir menú, restaurante y lugar donde se halla el mismo. Las cosas así de inesperadas son algo diferentes, pero soy un hombre de recursos y salí adelante con brío y algo de mi chulería, que dicho sea de paso, me queda como corbata a un caballero.

Tomamos la autopista Sur en dirección a Santa Cruz y nos dirigimos a la cofradía de pescadores de San Andrés. Pescado fresco del día y platos de esta tierra que son para chuparse los dedos. Una gran Sama a la espalda para ella, con papas arrugadas, mojo de cilantro y un vino blanco refrigerado para remojar el acontecimiento. Para mi unos chocos asados con papas arrugadas también y un poco de mojo de cilantro. Mientras preparaban la comida, un buen plato de camarones y una caña de cerveza para ella y para mi refresco de limón, pues no bebo alcohol. La comida estaba deliciosa y mientras nos poníamos bien de comer, charlábamos de todo lo que necesitaba saber para el encuentro de esta misma noche. Tratado el precio, me pagó con creces mis servicios. Antes de irnos del lugar, después del postre y el café, apareció en el sitio un grupo de tocadores de guitarra de los que salen de parranda por los barrios en días de celebración, o fiesta local y se acercaron a nuestra mesa para obsequiarnos una canción. Les pedí que tocasen una en especial , un bolero del cual no conozco al autor, aunque sé que lo cantaban el trío Los Panchos hace mucho tiempo atrás. Comenzaron a tocar la melodía y cual fue la sorpresa de la mujer, cuando se dió cuenta de que el que cantaba aquella canción era yo. Sus ojos y oídos no daban crédito a lo que veía y oía. Me miraba con asombro y regocijo a la vez. Mi acento canario la sedujo por completo y mi voz, acostumbrada a cantar en el entorno familiar remató la faena, confiriéndole al momento un significado más cercano y personal.

Esta es parte de la letra de aquella canción, por si les suena :

Sé muy bien que te vas.... y sufro tanto... solo me quedaré... sin tu querer. Bis
Sin tu amor... los celos me consumen... sin tu amor yo no puedo vivir...
Dime tu... que hago vida mía... sin tu amor... yo voy a enloquecer...

Esta melodía se clavó en su alma, como una saeta ardiente que la hizo romper a llorar sin más preámbulo. Se inclinó sobre sus rodillas y en ese preciso instante se acabó la fiesta en el local para nosotros. Despedí a los tocadores amablemente, commprendiendo ellos la inesperada situación. Al cabo de unos diez minutos de llanto, la mujer se levantó y sin explicación alguna preguntó...
- ¿ Nos vamos ya, por favor... ? - . No sé que le había sucedido, ni por qué, pero es fácil entender que ella lloró por algo que le atormentaba y le dolía terriblemente.

Paseamos un buen rato por la Playa de Las Teresitas, a escasa distancia de San Andrés y mientras caminábamos por la arena descalzos y agarrados de la mano, la observé en profundidad. Es una mujer de unos treinta y seis o treinta y siete años. Un metro setenta, de un rubio casi dorado sus cabellos y una figura esbelta y cuidada. Atractiva, casi magnética diría yo, aunque sus hermosos y grandes ojos escondían muchas penas de un pasado atroz que casi la había destrozado por completo. Seguramente, detrás de aquel terrible dolor oculto y las secuelas que quedaron después, en el presente de la mujer, había algún hombre. Casi siempre lo hay, en situaciones como la de esta persona en concreto. Pero también es verdad que el maltrato sea cual sea, se da por igual entre todas las malas relaciones de pareja, independientemente del sexo de la misma.

Nos sentamos a la sombra de un árbol para reponernos un poco de los efectos del calor y me miró a los ojos con su alma al descubierto por completo. Un escalofrío sacudió mi espalda con violencia y toda su tristeza golpeó mi corazón como si de un martillo se tratase. He visto a gente de todo este mundo llorar de dolor y sufrimiento, pero esta mirada era mucho más que dolor, que pena, que sufrimiento. Era una mirada de socorro, de desesperanza, de dar un paso adelante o terminar definitivamente con ella misma. Me dio un vuelco el corazón al sentir aquello mientras la atraje contra mi pecho y la abracé con ganas de protegerla, de hacerla feliz, de que se sintiese segura y a salvo no sé de que, ni de quién, pero eso ahora me daba igual. Yo estaba ahí con ella y ella conmigo y eso era lo importante en este momento. Nos fuimos hacia el coche nuevamente y mientras desandábamos lo andado, me paró en seco y se abrazó a mi, como quien abraza a su propia vida, a su nuevo yo, nacido de la esperanza y el apoyo recibido a través de las letras de un blog, en el momento y día precisos.

- ¡ Llevo mucho tiempo siguiendo tus relatos y desde la primera vez que te leí, puse en ti todas mis esperanzas ! - . Me dijo. Me quedé atónito escuchándola.

- ¡ Mi vida era un castigo constante a manos de un mal hombre, que me obligó a hacer cosas que no me atrevo ni a contar y que casi destruyó mi vida... ! - . Continuó hablando.

- ¡ Lo que dices sobre las mujeres, como hablas de nosotras, de respeto y consideración, me dio la fuerza suficiente para tomar la gran decisión de mi vida !- . Prosiguió hablándome sin parar de mirarme a los ojos con agradecimiento sincero y profundo.

- ¡ Decidí vivir mi vida en libertad y sola, antes que dejarme la piel por quién no merece respeto ni ama su propia vida ! - . ¡ Era y es un mentiroso que ha jugado conmigo demasiado tiempo. Un embustero que casi borró toda esperanza y ganas en mi vida, pero se acabó, ni un segundo más de mi tiempo para él - ¡ . - ¡ Ahora mi vida será mía por el resto de mis días ! - . ¡¡ Mi vida... !! - . Aquellas palabras sonaron a una liberación real, de un yugo impuesto con saña que castigaba y hería su alma y entrañas, hasta desear no estar viva ni un segundo más en su compañia.

Más tarde, en el viaje de regreso a Candelaria terminó de contarme la historia de su vida. La animé a dejarla atrás como quien tira una piedra y prosigue su camino y aunque sé que no es tarea fácil, también sé que no es imposible. Todo se consigue con fe, paciencia y esperanza.

La vida no es fácil ni apacible para nadie en estos días, pero la verdad es que nunca, desde el principio de los tiempos del hombre, nada ha resultado fácil. ¿ Lo han tenido en cuenta... ?. Todo siempre ha sido una continua conquista a través del tiempo. Era tras era, el hombre ha luchado y vencido a todo tipo de problemas y circunstancias, sin más ayuda que la de la fe, la paciencia y la esperanza. Las tres mejores armas que nadie podría tener a su favor, lo aseguro. Fe, para alcanzar cualquier meta que te propongas, sabiendo que de antemano y con tu propio esfuerzo, conseguirás lo que que quieras, siempre que sepas manejarlo adecuadamente, porque sinó, te vendrá muy grande. Paciencia, para caer y levantarte las veces que sean necesarias hasta conseguir tu objetivo, si te has preparado para ello con firmeza y sabiendo, que no cuentan las veces que te caigas, sino las que te levantas. Esperanza, en que tarde o temprano habrá y sucederá algo, que cambiará las cosas para mejor en tu vida y para tu persona, porque esto es lo que condiciona las cosas que te han de sobrevenir en esta vida, llena de palos y de contradicciones continuamente.

La dejé en el apartamento de su amigo en el pueblo mariano. A la noche continuaremos con la cita, como habíamos quedado. Creo que cambiaré mis planes sobre esta noche. Ya veré como lo hago.

Encuentro en Tenerife. Parte 3ª.

... Apenas había encendido el contacto del coche, cuando de pronto sentí unas ganas locas de volver con ella. Bajé de nuevo y cerré las puertas, dirigiéndome hacia la entrada del edificio donde vivía su amigo. Ascendí al piso cuatro y desde el pasillo exterior, pude escuchar su llanto desconsolado. Me introduje dentro de la casa por un ventanuco que daba hacia afuera del edificio, por el mimo frente que el pasillo a la cocina y en un segundo de tiempo la abrazaba tiernamente entre mis brazos, mientras acallaba sus lágrimas con besos y abrazos. Cinco minutos más tarde dormía como un ángel en mi regazo y después... ¡¡ Son las nueve de la noche... !!. No sé como perdimos la noción del tiempo de esta manera. El calor que se generó entre nuestros cuerpos nos sumió en un profundo y reponedor sueño. Ella despertó algo descolocada. Cuando abrió sus bonitos ojos y me vió observando su sueño como un león a su leona, se quedó muy gratamente sorprendida. No se acordaba de si me había ido o me quedé allí, parecía que estaba viviendo un sueño despierta, pero le dió exactamente lo mismo. Yo estaba allí, en su despertar, a su lado y eso es lo que más agradeció en definitiva

Me acariciaba el rostro con ternura. Sus dedos se deslizaban sobre mis labios, sobre mi cara, sobre mi cuello y entre mi pelo, con una suavidad y un tacto electrizante, vivificante, que me hacía temblar como una bandera al viento. Me quitó la camisa lenta y suavemente, sin prisa, admirando y mirando cada milímetro de mi pecho, de mis brazos, de mi vientre. Jugó con mi cuerpo a su entera voluntad, sin límite ni condición, sin prisa ni demora, sin pausa ni dejadez. Podía sentir su caliente y suave lengua entre los pliegues de mi piel. Sus pequeños mordiscos y suaves succiones, precedían a sus lamemetazos lentos y largos por mi cuello y pecho, mientras su suave y delicada lengua se detenía en mis tetillas, como si fuesen dátiles en medio de un desierto. Me tenía rendido a sus encantos amatorios. Apasionada como un animal salvaje que brama y grita al aire su deseo de sexo, pero con la calma suficiente para hacerse de rogar, darlo y pedirlo hasta el último aliento de su cuerpo. Una amazona del placer en el cuerpo de una mujer, que desea con todas las fuerzas de su vida amar y ser amada de verdad, hasta que se rompa su alma en la travesía de su vida o conseguir vencer a sus miedos definitivamente. Vencer o morir en el intento.

Aflojó el cinturón que sujetaba mis pantalones y antes de quitarme los calzoncillos, jugó un rato con mi sexo lamiendo y apretando con sus labios sobre ellos, atrapando entre ellos mis güevos y mi polla. Me la puso muy dura y chorreante con su boca deseosa de carne de macho. No había prisa, así que se tomó su tiempo en este maravilloso juego que es la sexualidad con morbo y ganas. Sacó la punta de mi ariete por un lado de los calzoncillos, cerca del muslo y se metió solo la punta del glande en la boca a modo de caramelo, que chupó y chupó cuanto le dió la gana. Allí estaba yo tendido boca arriba, prendido en sus labios como juguete en manos de un curioso simio que lo lanza, lo recoge y lo tira nuevamente, tratando de saber que mecanismos hacen que caiga al suelo siempre, por más que suba haca arriba. Miraba mi polla, la acariciaba, la besaba, la apretaba entre sus dedos... Se metió de cara entre mis piernas y jugo con el escroto y los güevos otro buen rato. Se los metía en la boca de uno en uno, los lamia suavemente, tiraba de ellos con la boca y los soltaba otra vez. Comenzó a acariciarse el clítoris mientras me meneaba la polla con su mano izquierda. Se mordía los labios sintiendo su dureza dentro de la mano, que apretaba más fuerte cuando sentía los latidos en mi pene. Se daba gusto sintiéndola erecta y cada vez más dura, con un glande gordo, que parecía una seta con formas más suaves en sus contornos. Me miraba a los ojos mientras se corría de gusto y una vez que se encharcó por el morbo disfrutado, gritó... - ¡¡ Fóllame... !! . Salté sobre ella y me deshice de los calzoncillos y de todo cuanto pude, e inicié una follada suave y profunda con más cariño que fuerza, como queriendo amarla más que poseerla... Sus ojos me pedían guerra sin tregua, pero aun era pronto para la gran batalla. Faltaban muchas batallas de esta guerra y había que ganarlas a base de una buena y adecuada estrategia.

Una vez terminó la primera hazaña del día, que ya venía atrasada desde anoche en el aeropuerto, nos duchamos juntos y nos vestimos. Cuando ya casi salía por la puerta que da al pasillo de salida, se abrazó a mis espaldas en un gesto de cariño y apego, que me llegó hasta el más inaccesible lugar de mis adentros. Me giré de cara a ella y tomando su rostro entre mis manos, la besé en los labios mientras la abrazaba nuevamente.

Mañana será otro día y a cada día su propia agonía.

- ¿ Qué estaba ocurriendo con castigador cuarenta... ? - . Pensaba sin cesar durante todo el camino de vuelta a casa. No es normal esta forma de actuar y de ser en mi persona. No tanto cuando se trata de trabajo. Pero... un día es un día y mañana será diferente... ¡¡ O eso espero... !!

Encuentro en Tenerife. Parte 4ª.

... La cita de la noche se había producido de forma totalmente distinta a como yo había pensado, pero valió la pena. Ya en la cama, repasaba mentalmente cada suceso ocurrido durante este día que llegaba a su fin ,mientras me dormí soñando con ello.

A las seis treinta de la mañana ya estaba yo en la cocina, preparando mi vieja cafetera para ponerla al fuego. Sonó el teléfono dos veces y quien quiera que fuese colgó. Me apresuré a ver desde que número me habían llamado tan temprano y la verdad es que no me produjo ninguna sorpresa, al menos desagradable, comprobar que había sido nuevamente la mujer de Barcelona. Contesté a su llamada con mi taza de café recién hecho en la mano y ella replicó con su maravillosa voz, mientras me preguntaba...

- ¿ Tomando tu primer café de la mañana... ?. Me quedé sin palabras durante unos segundos, como esperando alguna reacción paralela de ella y efectivamente, se produjo.

- ¡¡ Quiero tomar mi primer café también, pero al lado de mi dulce castigador... !! . Esa fue su propuesta. Le indiqué mi dirección, cosa que nunca antes me había permitido a mi mismo y en quince minutos, llamó a mi puerta. Aun no la había abierto cuando el olor a su perfume me llegó a las narices, como una bomba de fragancia que me llenó por completo. Abrí la puerta y allí estaba ella, apoyada en el quicio de la puerta, como en una imagen de esas viejas películas en blanco y negro de mafiosos y bellas damas. Me quedé admirando la estampa...

- ¿ Puedo pasar, o me vas a dejar sin ese café colombiano que tomas todas las mañanas ?. Con un gesto de mi mano derecha, le indiqué que pasara dentro y una maliciosa sonrisa se dibujó en su fina cara. Me miró de arriba a abajo, mientras sinuosamente se deslizaba dentro de mi casa, como una serpiente sigilosa que acecha y cataloga a su presa, antes de envolverla en su lento y mortal abrazo. Me quitó mi taza de la mano y sorbió el resto del café ante mi cara, haciendo un juego increíble de malabares con su lengua, para indicarme claramente lo que buscaba esa mañana. Pasé nuevamente a la cocina y me serví una nueva taza del negro líquido y otra vez trató de arrebatarme la taza. Sin darle tiempo de ello, la tomé con mi brazo derecho firmemente y con el café caliente aun en mi boca, la besé y le traspasé a la suya parte de el, que la mujer saboreó directamente de mi a ella con un placer que traspasaba lo imaginable. Una gran sacudida estremeció todo su cuerpo ante mi mirada. Un orgasmo se dejó ver empapando sus muslos hasta el suelo en tan solo un segundo. La mente puede más que cualquier situación, aunque parezca un detalle sin importancia. Ella, con su arrogancia de hembra orgullosa de si misma, ardiente y deseosa de vivir su historia, estaba allí, agarrada a mi cuello mientras la sostenía aun con mi brazo derecho, mirándome a los ojos y esperando que ocurriese algo de un momento a otro. La levanté en mis brazos y la situé en medio de la pequeña cocina, con una alfombra mullida bajo sus rodillas y cubrí sus ojos con un gran paño de hilo blanco. Até sus manos por detrás de la espalda con firmeza pero con cuidado y sin quitarme la bata de levantar sin nada debajo que aun vestía, acerqué mi vientre a su cara mientras se perdía del todo entre mi fragancia a macho canario. Me olía, saboreaba cada centímetro de piel y aspiraba mis feromonas masculinas con su nariz. Jadeaba sonoramente en una danza de pasión, deseo y morbo que la llevó de cabeza a su siguiente orgasmo. Le acerqué mi vástago venado a la cara y la froté en sus pómulos, en sus labios , sobre su frente y ella, tratando de lamerla brevemente, se encendió más aun cuando la alejaba de su alcance lo suficiente para que no la tomara. Se desesperaba de gusto y este era el juego que la enloquecía,. No era tenerla, ni chuparla, ni sentirla. Era el que se la hiciese desear con tanta fuerza y ganas que al instante siguiente, de nuevo un gemido ahogado en su boca, estremeció bestialmente su cuerpo mientras se corría de nuevo. Estas cosas hay que entenderlas con toda su carga de erotismo, morbo y deseo. A veces el vicio se queda muy corto y la carne sobra, en momentos en que la pasión y el deseo, superan a todo. Estuvimos así casi una hora, en un maravilloso juego de tira y afloja, de toma y suelta, de caliente y frío. Desaté y retiré el paño que cubría sus ojos y las ataduras de sus manos. Se quedó mirándome a los ojos, tratando de llegar al fondo de mis pensamientos, de mi mirada encendida y fría a la vez. Se aferró a mis muslos con ambas manos y se metió mi falo en la boca y hasta la garganta, en una mamada que me hizo explotar de gusto en su interior, mientras ella saboreaba su trofeo a la par que se corría nuevamente. Ni un segundo siquiera apartó su mirada de mis ojos, empapándose de todas mis sensaciones a cada embestida de su boca sobre mi polla. Cada gesto, cada expresión de mi cara la llenaba por completo, haciendo suyo todo el placer que me regalaba en una demostración clara de cuanto y hasta donde llegaba su deseo. Sin darme tiempo de nada, se acercó a la cocina en unos segundos, para estar de vuelta con una taza de café ahora tibio. Tomó mi polla entre sus dedos con mucho cuidado y mimo y sumergiendo el glande de la misma en la taza, saboreó aquel café con polla, hasta lo indecible. Nos tomamos una tregua de unos minutos para refrescarnos, pues hacía ya bastante calor en la estancia. Me miraba fijamente. Cada gesto, cada movimiento que hacía y cada bocanada de aire que soltaba, parecía grabarse en su mente a fuego, como con hierro que marca a las reses de una ganadería registrada. Allí estábamos los dos juntos, simplemente mirándonos sin que nada más hiciese falta en aquel preciso instante de magia. Todo lo demás está de sobra.

Nos duchamos juntos con agua tibia. La mujer se empeñó en frotarme todo el cuerpo con sus manos llenas de gel de manzana verde. Apretaba cada músculo de mi cuerpo con suavidad pero notándolo entre sus dedos, mis espaldas, mis brazos, mi pecho. Mis muslos, mis glúteos. Cada apretón le suponía un placer que se notaba porque sus manos temblaban. Colocada a mis espaldas, se apretaba contra mi como con ganas de fundirse en mi cuerpo en uno. Fue toda una experiencia compartir la ducha con ella y todo un verdadero placer también.

Tras charlar animosamente durante un largo rato, le pregunté si quería comer algo y asintió con la cabeza. Rebusqué en los muebles de la cocina y preparé algo rápido y sabroso. Una ensalada de tomates, lechuga, queso, pollo en dados y pepino, sazonada con aceite de oliva, vinagre de vino blanco y un pellizco de orégano. Tras dejarla reposar unos minutos y cocer unos huevos, serví la comida y nos pusimos hasta el gorro de ella. Sabrosa, nutritiva y reponedora. Para beber, un gran batido de papaya naranja.

Al rato de comer, ya eran las tres de la tarde y ella había quedado con su amigo para ir a la playa. La acerqué hasta Candelaria y la acompañé hasta el apartamento donde pernoctaba y vivía provisionalmente. Me presentó a su amigo y nos despedimos hasta la tarde o la noche. Tendré que idear alguna salida, algo que sea diferente. Mientras descansaré y me repondré de tremenda experiencia tan gratificante, pero demoledora. El sexo a este nivel, con una duración de tres a cinco horas te mata si no te cuidas lo suficiente. reponer y descansar el cuerpo es fácil, basta con unas horas de sueño y de buen comer, pero la cabeza... Esto es otra cosa.

Aproveché la tarde para hacer unas visitas que tenía ya programadas a varios clientes y cuando me di cuenta, se había hecho la tarde noche nuevamente. A veces los atrasos con los días y los horarios me causan verdaderos dolores de cabeza. Quiero darlo todo, pero se juntan tantos clientes que no puedo partirme en ocho y suelo quedar mal por ello. Gracias a que más de uno y una lo comprenden y me tienen paciencia. Es duro ser bueno en esto. Todos quieren tener su momento pero yo soy uno solo, indivisible y humano.

Hora de visitar a mi Diana cazadora. ¿ Qué pasará esta vez... ?. ¿ A dónde la llevaré esta noche para sorprenderla de verdad... ?.

Encuentro en Tenerife. Parte 5ª.

... Ya eran las seis de la tarde y necesitaba descansar algo de tiempo para aguantar la noche que seguro sería movida. Una nueva llamada de la mujer desde la playa, casi rompe la armonía del momento. Ella quería mi compañía en la playa pero yo estaba cansado de tanto tomar el sol, que aquí tenemos casi todo el año. Puedes pasar de la nieve a la playa en cuestión de menos de una hora de tiempo y quien haya estado en esta isla mía, sabe que no miento al respecto. Una isla maravillosa con montes preciosos de Laurisilva, Fayal y brezo del Triásico y Pino Canario. El único en el mundo que renace de sus cenizas. Paisajes volcánicos que se entremezclan en las retinas con sus tintes variopintos desde tonos de ocres, marrones, negros, amarillos y rojizos.

Tomé un café bien cargado a las ocho y cuarto de la tarde en una cafetería cercana a donde vivo, en Santa Cruz y me dirigí a buscar a mi bella catalana. Ya le había avisado con anterioridad de mi ida hasta su casa a una hora determinada. Llegué y allí estaba. En aquel aparcamiento exterior con su vestido negro bien ceñido y fresco, con el aspecto de una actriz de cine durante un descanso del rodaje. Me bajé del coche y abrí la puerta del mismo por su lado y la invité a tomar asiento dentro de el. La mujer se sentó lentamente abriendo sus muslos lo suficiente, para dejarme ver sus bragas el tiempo necesario para detonar mis instintos, a la vez que abría su boca para humedecerse los labios con la lengua, pintados de un rojo sangre brillante e intenso. Pareció durar una eternidad el momento en cuestión. Arranqué el coche y me preguntó a dónde iríamos esta vez. Le contesté que era una sorpresa y sin rechistar se quedó conforme. Fuimos a un restaurante chino y pedimos comida para llevar porque le apeteció. Una botella de buen vino espumoso, blanco y fresco y lo metí todo en la nevera del coche para mantenerla a punto con el hielo suficiente. Sería un viaje algo cansado y lento, pero valdría la pena hacerlo. Seguro que le encantará.

Las estrellas brillaban en lo alto y parecía que no faltaba ni una. Una noche de luna llena que se veía inmensa en el Valle de Ucanca, desde donde se levanta el Teide. Saqué de la maleta del coche una mesita de playa y dos sillas, la nevera portátil, la comida y un par de velas. Unas rosas rojas y un mantel de color plata brillante también, un par de copas y un pequeño florero terminaron la parte de los detalles importantes. Encendí las velas y monté el servicio de la mesa. Abrí la puerta del coche como todo un caballero español, la tomé de la mano y la conduje hasta la mesa. La música romántica que sonaba dentro del coche con las ventanas abiertas, servía de fondo perfecto como efecto de apoyo al evento. Retiré la silla para que tomase asiento , le serví una copa de vino y a mi mismo y dispuse la cena. Antes de nada, alcé mi copa y ella me acompañó mientrar brindábamos por ella y por la amistad. Una cena romántica para dos en Las Cañadas del Teide. Ella se quedó encantada y miraba con asombro todo aquello. Miraba aquel cielo a más de dos mil metros de altura desde el mar y no salía de su asombro. Aquel coloso volcánico emergía impresionante como desafiando al cielo, con sus tres mil setecientos dieciocho metros de altura, llamado Teide, montaña blanca en el lenguaje guanche aborigen de Tenerife. Era algo que le pareció impresionante y asombroso. Ella y yo solos, cerca de la montaña más alta de España, cenando. De sus ojos brotaron lágrimas de alegría. Nunca nadie se había esforzado tanto en comprenderla y hacerla feliz. Se sentía especial, el centro de atención para alguien que le importaba de veras y con quien se sentía maravillosamente a gusto, muy a gusto. La felicidad y el regocijo se reflejaban en sus gestos y en sus expresiones faciales como parte de su persona, dejando ver claramente todo lo que siente en estos momentos, como cuando es la primera vez de todo lo que experimentamos y nos resulta agradable. Acabamos la cena y nos tomamos una copa más de aquel vino joven tan agradable y cariñoso. La tomé de la mano, la levanté y la apreté contra mi, haciéndola girar sobre si misma comenzando a bailar bien pegados. Un baile después de cenar,para terminar de completar el regalo que quise hacerle, a una las mejores personas que he conocido frente a frente. Me miraba profundamente leyendo en mis ojos. El vino hizo bien su trabajo y nos dejó como envueltos en gasas de seda y ausentes de este mundo, en nuestro propio mundo aparte. Empecé a besar su cuello bajando por el hasta sus hombros que llevaba al descubierto. Su fragilidad se hizo patente más que nunca en ese preciso instante. Le asustaba lo que pudiese ocurrir en ese momento lleno de verdaderas y dulces muestras de afecto, sabiendo que ella estaba muy sensible y receptiva a los cariños que yo le prodigaba. Temblaba de excitación, con su piel erizada. La fragancia del perfume de jazmín se mezclaba con el aroma de las retamas del lugar, llenando nuestros sentidos de algo tremendamente erótico y que nos cargó de sed de sexo. Bajé la cremallera de su vestido a su espalda y lentamente y sin ninguna prisa, lo quité hasta su cintura dejando al descubierto sus bonitos pechos de mujer. Jugué con mis dedos en sus pezones que se afilaron como puntas de flechas. Eran duros, suaves, bellos, tersos. Comencé a besarlos suavemente mientras deslizaba mi lengua sobre ellos y mordisqueaba suavemente primero sus pezones, para luego poner más fuerza en mis dientes, aunque solo lo justo para lograr esa mezcla de dolor placentero. Ella se derretía en mi boca como un helado ante algo caliente. La volteé nuevamente y me dediqué a acariciar su espalda y a hacerle notar con mi boca y lengua, que toda ella estaba viva por dentro y por fuera, a la vez que le hacía notar en sus nalgas el empuje de mi inquieto miembro viril. Se retorcía, jadeaba suavemente y más de una vez un escalofrío inesperado le hacía dar un respingo hacia adelante. Proseguí mi camino de castigador amante. Bajé su vestido esta vez hasta el suelo y lo retiré de sus pies quedando ella en bragas sin pudor ni vergüenza, aunque quiso cubrirse con sus manos y no la dejé. Mordisqueé sus nalgas y me detuve en ellas un buen rato, hasta que se perdió mi lengua dentro de su grieta buscando algo más jugoso que saborear. Pasé a los muslos que enteramente lamí y mordisqueé suavemente. Le di la vuelta una vez más y me detuve otro rato en su vientre, en su ombligo, caderas y monte de Venus. Las piernas le temblaban ligeramente y cuando pasé mi astuta lengua por sus labios mayores comenzó a jadear. Su clítoris erecto se hizo notar en mi lengua y mientras lo lamía con extrema suavidad y estimulaba su punto G con maestría, sus líquidos me mojaron las mano derecha por completo en una corrida de verdadero gusto. Me puse en pie delante de ella mirándola a los ojos y no hicieron falta palabras. Todo estaba más que claro. Era el momento, su momento. La levanté en peso y la deposité sobre el capó del coche, que estaba algo resbaladizo por la cera del abrillantado, así que no era nada seguro. Abrí la puerta del coche en el lado del copiloto, desplacé el asiento hasta atrás lo más que dio de si y me senté en el con una gruesa toalla cubriendo el asiento por si acaso. No hicieron falta palabras. Sin decir nada más que mirándome a los ojos fijamente, se sentó sobre mi polla y se la clavó hasta el alma. Me folló cuanto quiso durante el tiempo que le apeteció, de una forma bestial y apasionada pero con cariño y deseo de algo más, que no fuese simplemente carne empujada. Los borbotones de sus jugos vaginales brotaban a raudales de ella. No era el sexo simplemente, era causada por su liberación de un lastre pesado y amargo. Su propia decepción hacia todo lo masculino y su rechazo al sexo contrario. Una vez se satisfizo de mi, la tomé nuevamente en brazos, la bajé del coche y apoyando sus manos contra el lateral izquierdo del mismo por fuera y puesta en pie, la tomé desde atrás hasta hacerla gritar de placer en medio de aquel valle mágico. Para terminar y a punto de correrme, se retiró de su posición y recibió la descarga en sus senos, que frotó con suavidad y constancia hasta que el masculino brebaje, fue devorado por su piel.

Dormimos un buen rato en el coche. Nos despertó un amanecer lleno de luz y colorido espectacular. El color de las flores y retamas, contrastaba increíblemente con aquel paisaje de ensueño. El mar de nubes se presentaba más abajo de donde estábamos y parecía un suelo de algodón en pleno cielo, bajo nuestra mirada expectante. Así da gusto despertar paro ya era hora de volver a nuestra realidad cotidiana. Nunca olvidará este paisaje, antaño refugio de Verano para los Menceyes, reyes tinerfeños de hace quinientos años atrás.

Mientras regresábamos hacia Candelaria hicimos una parada en Aguere, hoy llamada La Laguna. Desayunamos unos churros con chocolate caliente y nos supieron a gloria y retomamos la ida nuevamente. La dejé en su casa y nos despedimos con un " hasta luego ".

Se nos olvida a veces, que lo importante de estas ocasiones somos nosotros. Somos quienes hacemos mágico cualquier momento de nuestra vida, sin importar con qué o dónde, sino con quién y cómo. Basta con ser sinceros y honestos y que valoremos a la persona con la que estamos como a nosotros mismos, demostrando los sentimientos sin miedo a ser heridos o rechazados, esto hace posible la magia. Si nos acepta, hemos ganado y si nos rechaza, también hemos ganado, ¿ o prefieres vivir un engaño ?. Los buenos sentimientos no tienen raza ni sexo. El amor es el mismo en cualquier parte del mundo y crecerá fuerte y sano, si actuamos con honestidad, comprensión y respeto. La mejor manera de demostrar el respeto y el amor hacia alguien, es tratarle como nos gusta que nos traten a nosotros mismos, porque todo lo bueno y todo lo malo que podamos dar, siempre comienza dentro de nosotros mismos. Más vale intentar conquistar a alguien y fracasar en el intento, que tenerlo a la fuerza como en propiedad. Puedes doblegar, derrotar, forzar, secuestrar y robar a una persona, pero jamás te adueñarás de su amor si no te lo entrega voluntariamente, tenlo presente. Te servirá, te temerá, te complacerá en todo, te odiará y te despreciará, pero jamás, jamás, te amará. Puedes estar seguro. Su amor y su alma le pertenecen para siempre.

Encuentro en Tenerife. Parte 6ª.

... Llegué a casa y cuando apenas me había duchado, un agradable sopor me invadió por completo. Ya eran las tres y trece de la tarde de este Domingo, cargado de cansancio y molimiento no por la cena ni el desayuno, sino por la hartada de kilómetros de curvas que había conducido cuesta arriba y abajo por esta isla volcánica. Parecía que me había peleado con un gorila de zoo y me había llevado la peor parte en el enfrentamiento, hasta lo blanco del ojo me dolía. Caí sobre el sofá de la sala con un hambre terrible, que hacía sonar mis tripas y no me acuerdo de más hasta las once de la noche, hora a la que desperté algo sobresaltado y con un hambre atroz que retorcía mi estómago, como si lo estuviesen estrangulando unas manos asesinas. Varias llamadas perdidas esperaban en mi teléfono móvil y el buzón del contestador me avisó varias veces, pero en brazos de Morfeo me fue imposible oírlo. Llamé a mi querida amiga y quedamos en dejar nuestra cita nocturna para mañana Lunes porque estaba ella se encontraba muy cansada, así que me quedé en casa y comencé a prepararme algo de comida para una tardía cena en solitario.

Un par de filetes de hígado de res sazonados con ajo, sal yodada y perejil, aguardaban en una bandeja a ser fritos con unas gotas de aceite de oliva. Unas patatas peladas y cortadas en cuadros pequeños acompañarían este plato tan sabroso y necesario para mi en este ajetreado final del día y aunque es tarde para cenar, seguramente no me acostaré hasta bien entrada la madrugada. Era ya la una de la mañana cuando el telefonillo de casa sonó ruidosamente, haciendo añicos el silencio reinante en los alrededores y aledaños del edificio donde vivo. No tenía ni idea de quién podría ser a esa hora tardía. Una dulce voz de mujer contestó al otro lado de telefonillo con un tono casi de ruego en clave de seducción.

- ¿ Me dejas dormir contigo esta noche, mi dulce castigador... ? - . No cabe duda de que era la preciosa catalana de mi querida Barcelona. Pulsé el botón de apertura para la puerta de entrada y en unos minutos, asomó su linda cara con mucha curiosidad por la cocina, pues le dejé la puerta de la casa entreabierta y los olores de la rica cena se estrellaron en sus narices. En unos segundos más estaría lista la cena, así que le llegó el agradable olor a comida y pellizcó uno de los filetes y se echó a la boca un puñado de papas fritas. Está claro que el aroma y la pinta de mi comida le abrieron el apetito, pero no porque estuviese hambrienta, sino porque había cocinado yo. Dispuse dos platos en la mesa y repartí en ellos los filetes y las papas a partes iguales y Averiguando intuitivamente ella cual plato era para mi, me lo arrebató casi de las manos y lo saboreó intensamente hasta terminar la cena. Un par de frangollos canarios sirvieron de postre y ella se relamió ante su dulce sabor y agradable textura. Para terminar la noche,nos sentamos en la sala, en aquel sillón triplaza que me sirvió de cama esta tarde y juntos vimos una película que nos encantó. " Los puentes de Madison " o algo parecido. Casi lloramos al ver la trama de esta película abrazados y muy juntos en aquel sillón. Aunque algo antigua esta película ya, seguía teniendo el impacto sentimental de las buenas historias, cargadas con aquel toque romántico y sentimental al estilo de los setenta u ochenta. Más tarde se quedó dormida en un abrazo sin final sobre mi recostada y con mucha delicadeza y con cuidado, la tomé en brazos y la metí en mi cama donde dormimos sin más hasta la mañana. Un buen y oloroso café la despertó a las siete y veinte. Sus ojos se abrieron de golpe tal vez sorprendida por amanecer en mi cama, o por algún extraño sueño de esos, que te dejan la cabeza en otra parte del universo. Se levantó con mucha alegría y me abrazó y besó hasta que me dejó zafarme de ella. Parecía querer detener el tiempo en ese momento y día concreto, pero sabemos los dos que eso es imposible. Cuando ya había yo saboreado mi primer sorbo de café, volvió a arrebatarme la taza con su preciado contenido y se lo tomó al otro lado de la mesa de la cocina, saboreándolo con gusto exagerado como queriendo darme envidia de ello y en cierta manera me la daba. Otra taza de café para mi, pero les aseguro que no sabía como la primera que me serví... ¿ Qué le vamos a hacer... ? . No entiendo por qué algunas mujeres tienen esas manías. En vez de servirse las cosas o conformarse con lo que es su parte, se empeñan en tomar las de su pareja, novio o amigo cercano. ¿ Puede alguien explicármelo ?. Inmediatamente tras tomarse el café que la despertó del todo, se abalanzó sobre mi como gata sobre un ratón y se me folló como una posesa, como queriendo arrancar y llevarse algo de mi que le pertenecía desde hace tiempo. Al terminar entre sudores y jadeos, me miró a los ojos y se fue hasta el baño casi llorando una vez más. Hay cosas y maneras que solo comprenden las mujeres nos guste o no y a veces, las preguntas no son necesarias como es en este caso. No me dio ninguna explicación ni yo se la pedí, no hacía falta. Me bastó mirarla a los ojos, a aquellos ojos verdes que hablaban por sí solos de su inminente regreso a Barcelona, la ciudad de sus familiares y donde siempre había vivido ella y tenía su vida. Casi no me habló durante el resto del día. Traté de consolarla de su tristeza pero me fue imposible, porque se había blindado a mis palabras y parecía no querer escucharme, aunque la verdad era, que quería huir de ella misma... Se acercó hasta mi, me estrechó entre sus brazos con fuerza y me abrazó con unas ganas que me hicieron llorar por empatía con ella. Sé muy bien que pronto desaparecerá de mi vida, tal vez la vuelva a ver o quizá nunca... No lo se. Depende de ella.

Salí a comprar algunas cosas necesarias para la comida y con toda la ilusión del mundo. Quise sorprenderla nuevamente con uno de mis platos espontáneos, que tanto me gusta cocinar para mis amigos y amigas. Para mi, cocinar para quienes me importan y amigos es una muestra más de afecto y consideración hacia ellos, pues aprendí a cocinar los platos tradicionales de mi familia y de mi tierra. Una humilde familia canaria, de gente trabajadora y honesta. Cuando regresé a mi casa y dejé los productos que traje en la cocina, llamé a voces a la mujer y no respondió. La busqué en Candelaria, en el apartamento de su amigo y allí no había nadie. La llamé por teléfono más de cien veces y me daba un " no se encuentra disponible " . ¿ Qué había pasado... ? . ¿ Por qué se marchó sin más y sin despedirse siquiera de mi... ?. No entendí nada de esto, o tal vez sí...

Pasó algún tiempo sin que supiese nada de ella. Meses. Más bien un año menos unos días. Aun me preguntaba a mi mismo, el por qué de algunas situaciones extrañas a lo largo de mi vida y siempre, había una mujer detrás de ellas. ¿ Por qué seremos tan diferentes hombres y mujeres, aparte del sexo y la mentalidad ?. Solo Dios sabe las respuestas...

Recibí una carta certificada en mi domicilio, por lo cual tuve que firmar un acuse de recibo en correos. El remitente era ella. Tras varios días sin atreverme a leerla, me decidí a abrirla para saber qué había pasado y poder quedarme en paz conmigo mismo y también con ella. Durante mucho tiempo algo oprimió mi interior con rabia, como si tuviese una pesada carga en mi corazón que me lastraba por completo aumentando su peso y no me dejaba vivir en paz. No había forma de aliviarlo. Aprendí a vivir con ello cada día y cada día me preguntaba el por qué de aquello. No lo superé nunca porque los dolores sufridos no se superan jamás, simplemente nos endurecemos y aprendemos a vivir cargando con ellos para siempre. ¿ Y si no me amaba de verdad...?. ¿ Y si todo fue una fantasía o una ilusión mía solamente... ?. Ante la duda prefería no leer su carta... Bien está, lo que bien acaba...

La explicación de aquella preciosa mujer a su forma de escapar, jamás la supe. Rompí aquella carta y la tiré al viento que se llevó sus restos por los aires hasta el infinito, convirtiéndose así en testigo mudo de sus palabras a destiempo. Prefiero quedarme con los bellos recuerdos de una hermosa y bella mujer que conocí y fue maravillosa conmigo. Que me amó con todas sus fuerzas con todo el fuego de su deseo y la pasión de su corazón, durante unos días. Sé que no lo fingió en absoluto y estoy seguro, de que aun hoy donde quiera que esté, me ama y me amará para siempre. Me lo dijo su corazón y ese no miente nunca... ¿ O si... ? Estos recuerdos nos pertenecen, son míos y suyos esté o no a mi lado. No soy quien para juzgarla, pero si le agradeceré siempre el haberme amado como nadie más lo ha hecho en este mundo desde su marcha.

- ¡¡ Donde quiera que estés... !! . ¡¡ Gracias mi amor... !! . ¡¡ Te amaré para siempre... !! . Grité al aire, testigo del amor que sintió mi corazón y al Teide...

Esta historia la dedico a todos, hombres y mujeres que han amado y perdido a su gran amor alguna vez, o que sueñan con encontrarlo un día de estos...

miércoles 10 de junio de 2009

Morbosa fantasía con un Policía uniformado. Parte 1ª.

... Un e-mail, como es de costumbre, hizo su aparición en mi pc. Un nombre y un número de teléfono reseñado sobre la pantalla me dice : Soy turista Alemana de vacaciones en Tenerife. Quiero conocerle para que me castigue físicamente y me someta a sus caprichos más perversos, vestido con uniforme de policía.

Son las ocho de la mañana de este Miércoles que es hoy. Después de un sabroso y aromático café las cosas se ven de otra manera. Llamé al la Sra. o Srta. por teléfono y nos citamos en el apartamento donde reside en este momento, en el Puerto de la Cruz, al Norte Norte de esta isla. Quedamos en vernos a las dos de la tarde de hoy. Puntualmente, con diez minutos de antelación y dada de antemano la contraseña, ya me encontraba en el lugar investigando la seguridad del sitio. A la hora en punto como a los alemanes les gusta, llamé a su puerta. Una linda joven de unos veinticinco años de edad abrió la misma y diciendo mi contraseña , me contestó la suya, invitándome a pasar dentro con ella.

Era muy abierta de mente y tenía muy claro lo que quería y le gustaba. Quería ser castigada por un policía que actuase con total realidad y contundencia, sin miramientos a la hora de cachearla y golpearla como a una supuesta y rebelde delincuente, fugada de la justicia y buscada durante largo tiempo. Era muy alta de estatura, de cabello rubio, corto y fino. Ojos muy claros, azules y unas proporciones físicas de las que quitan el hipo al más curtido macho.

Me contó un poco sus gustos, para tener claro los parámetros de mi trabajo como castigador y así no pasarme ni quedarme corto en mi cometido. Quería brutalidad policial (ficticia claro está), e iba a tenerla.

Encargué un uniforme de las fuerzas de intervención policial, en una tienda especializada en este material, con diferencias claras para que se viese que no era el de verdad, porque no me gusta que se pueda malinterpretar el uso por mi parte de unas ropas destinadas a uso profesional y no a un montaje, como es el caso que me ocupaba en ese momento.

Tratado y acordado el precio por mis servicios, quedamos para realizar el encuentro el próximo Viernes a las ocho de la tarde, en el mismo lugar de la entrevista. Su apartamento. Preparé en el tiempo necesario mi maletín de instrumentos y en el día señalado, uniformado como un buen profesional me dirigí a su casa para hacer realidad su soñado arresto.

Morbosa fantasía con un Policía uniformado. Parte 2ª.

... Con puntualidad exacta como la maquinaria de un reloj suizo, llamé a la puerta del apartamento de la mujer y nada más asomarse fuera, pues no me dejé ver a través de la mirilla, la puse contra la pared del pasillo e inmovilizándola fuertemente con una llave de presa, la engrilleté allí mismo en dos segundos. Separé sus piernas de un puntapié certero y preciso y apoyando contra una de sus corbas mi rodilla izquierda, me aseguré de que no podría moverse libremente. Un temblor de excitación súbita recorrió su cuerpo entero y se dejó sentir en toda ella instantáneamente. Me fijé en que ningún vecino miraba fuera y comencé a cachearla lenta y concienzudamente. Se sensibilizó muchísimo al sentir mi aliento en su suave y delicado cuello, mientras le hablaba palabras amenazadoras al oido atenazando su cuello con mi mano derecha. A continuación, mis dos manos hicieron blanco en sus duros y hermosos pechos, que eran poseídos agresivamente como a ella le gustaba. Gemía. sollozaba y se atragantaba con una abundante saliva que llenaba su boca por completo, sin poder tragarla al mismo ritmo en que se producía dentro de su insaciable y tragona boca. Apreté contra sus nalgas mi armado miembro sin soltar sus mamas y sin darse ella cuenta, balanceó de un lado a otro las caderas sintiendo entre sus nalgas mi duro y empalmado miembro masculino, mientras mordía sus propios labios lascivamente mojando sus bragas por completo. Olía su aroma a hembra caliente y desesperada por mi polla, pero tendría que ganarse ese privilegio y ella bién lo sabía de antemano. Desenvainé la defensa que portaba al lado izquierdo de mi cintura y a modo de espada, castigué fuertemente su culo, apartándome el tiempo justo para apretarla de nuevo contra la pared con el empuje de mi cuerpo al completo y atenazar su cuello esta vez con la misma porra hasta arrancarle un orgasmo y un alarido inconfundible de gusto ahogado.

- ¡ Eres una zorra delincuente y vas a pagar por todos los problemas que has causado... ! - Le dije roncamente al oido. Sus piernas se estremecieron mientras la misma porra, se deslizaba velozmente por entre sus muslos de adelante hacia atrás, desde su parte trasera, haciéndola estremecer por la sensación electrizante sentida sobre sus empapadas bragas, llenas ya de sus corridas. La garré por los pelos con firmeza y atenazando de nuevo su cuello desde atrás con la porra en mi mano derecha, la conduje hasta dentro del apartamento y cerré tras nosotros la puerta con un violento golpe que resonó en todo aquel pasillo como una bomba de carga hueca.

Ahí estaba ella. De cara contra la puerta por su lado de dentro, desquiciada e intrigada por saber qué tormentos le esperaban a manos de castigador. Se desesperaba rápidamente y trataba de soltarse de su sujección pero una mano experta la lanzaba contra la puerta nuevamente, mientras sus nalgas recibían la correspondiente lluvia de porrazos y manotazos a mansalva, a la vez que una mano se metía entre sus bragas para tocarla toda por dentro. Sus jugos le corrían piernas abajo y estaba muy muy excitada. En un momento en que apretaba su cuello fuertemente y la empujaba contra la puerta de cara, metí la porra entre sus muslos y apuntando a su coño la metí hasta la mitad de un golpe y la follé con ella hasta que se encharcó bajo sus pies el suelo.

- ¡ Esto es lo que te mereces guarra !. Le grité. Saqué la porra de su coño e inmediatamente la giré sobre sí misma obligándola a ponerse hincada de rodillas en el suelo, para que limpiase la porra con la lengua, centímetroa centímetro. Me miraba a los ojos con expresión de gozo total. Con ese gozo depravado y sucio que proviene de su obscena mentalidad. Una vez limpia la porra la agaché hasta el suelo con la planta de mi bota derecha y la obligué a lamerla después, mientras le castigaba el culo de nuevo con la porra.

Esto acababa de empezar y ya se veía un buén comienzo. Hasta donde podía llegar era el gran secreto, pero seguro que le sorprendería y no se puede esperar menos.

Morbosa fantasía con un Policía uniformado. Parte 3ª.

... Sus pupilas estaban dilatadas casi por completo. La situación concreta le condujo a un estado casi de anulación consciente para entrar en otro de sumisión total y abandono a todos mis deseos, que en verdad eran los suyos. Chorreaban sin cesar los fluídos de su coño, que parecía derretirse como un helado al sol en pleno mes de Agosto al sentir ese estado deseado y casi sublime, de éxtasis en estado puro y casi animal. No existía el tiempo y cada cosa, el lugar e incluso nosotros, estabamos en un plano mucho más allá de la realidad que percibíamos como tal, formando un todo con todo lo que nos rodeaba, sentíamos y eramos en ese preciso momento. Somos lo que somos, pero también somos el instante exacto en el tiempo y el espacio concreto del momento biológico y cronográfico, de lo que sentimos y vivimos con toda la intensidad sumada al momento y fases de cada micromomento. Esto se demuestra por si mismo fácilmente porque cuando se llega a este estado desaparece el tiempo tal y como lo conocemos, para transformarse en intensidades de formas de percepción al dolor, placer, sufrimiento, gozo, color, olores, etc.... Un minuto pueden parecer horas y las horas unos minutos. Su mente era mía y nuestra y yo, no manejaba el cotarro tal como suena, sino que interactuaba con ella pendiente a sus deseos para hacerlos míos y los míos de ella, hasta que aguantase o explotara literalmente en pedazos toda su conciencia de sí misma como hembra y como ser. Aquí está la clave del control total, desde dentro a fuera y desde fuera a dentro de su ser y el mío. Consiste en entregarse a uno mismo sin reservas y meterse dentro del otro sin prejuicio alguno, a través de todos y cada uno de los sentidos con la conciencia clara y el conocimiento más puro de lo que esconde este determimado ser en su más íntimo pensamiento, hasta el lado más turbio, deseos y forma de sentirlos. Empatía total es la llave maestra para llegar hasta donde quieres y deseas, sin que ninguna barrera mental o física se interponga al fluir constante de deseos, lujuria y lascivia. Si eres capaz de saber conducir todo esto sin límite y con inteligencia. Si eres capaz de encender y apagar los interruptores que hay dentro de cada estado de consciencia del ser, que ponen en marcha y apagan todos estos mecanismos vivos. Si eres capaz de parar y reemprender la marcha en el momento exacto y preciso con la misma intensidad y percepción que al principio, sin que esta pausa afecte a nada y en nada, entonces y solo entonces, estarás preparado para Dominar, Someter y Humillar. No se trata simplemente de atar físicamente y de castigar el cuerpo, dominar a la persona o de someterla a tus deseos con mecanismos físicos, esto es muy fácil y sencillo. Someter su alma, su psiquis y su voluntad hasta tenerla por completo dentro de tu mano, es mucho más complicado e inmenso. Cuando seas capaz de sentir cada gota de sudor que recorre su piel en la tuya, cuando puedas sentir que su interior grita todo lo que siente y como lo siente, con cada cambio de intensidad y profundidad de sus emociones, sensaciones y que estímulos necesita y cuanto deben durar sin que sus labios digan palabra alguna. Cuando puedas sentir a través de sus ojos como te ve, como te huele por sus narices, como suenas en sus oidos, a qué sabes en su lengua y como te siente su piel ..., cuando seas capaz de entender y saber su pensamiento sin que haya salido de su boca una palabra... Entonces has comenzado a saber algo más que palabras y parafernalia ¿ Quién podría contener al mar en su mano cerrada en forma de puño?. Pues esto es algo muy parecido dada su envergadura. Esta es la direeción a tomar y la forma, al menos la mía... No todo son ni deben ser golpes físicos, hay golpes que duelen más y proporcionan más juego que estos. A cada maestrillo su librillo, como dijo el sabio.

Es hora de pasar a una fase un poco más sugestiva y profunda. La violencia puede ser directa o percibida y ambas me gustan, así que pasé a otro tipo de juego un poco más..., ¿ Cómo decirlo...?... Más agresivo.

La situé en el frío suelo aun en la entrada tras la puerta agarrándola por los cabellos de su cabeza y trató de defenderse, así que me empleé a fondo para diezmar sus fuerzas. Su cara podía sentir la dureza del mármol y su frialdad en su mejilla izquierda. Sujeté su cabeza contra el suelo con mi pie derecho y la suela de mi bota se marcó en su cara en un momento. La até con los brazos y manos bajo su cuerpo boca abajo y entre sus muslos y desde sus muñecas hasta los tobillos, tensé una gruesa cuerda de lino. Otra que añadí a esta por las muñecas, desde su parte trasera subiendo por la espalda desde su culo, terminó en el cuello de ella inmovilizándola casi por completo. La mujer gritaba como un animal salvaje enfermo de rabia. Los espumarajos brotaban de su boca mientras me insultaba y gritaba como un berraco conducido al matadero. Agarré la porra, su juguete preferido y lo introduje en su garganta para acallar sus alaridos, que retumbaban en la casa y en mis oidos ,como si fuese un día de mercado en plena llenura de clientela. Con la garganta ocupada en atragantarse con la porra estuvo bien callada un rato, pero volvió a la carga en cuanto recuperó el aliento. Ambos sudábamos como si aquella casa fuese una sauna. La intensa lucha física y psicológica había caldeado mucho el ambiente. La chica volvía a gritar como una endemoniada así que opté por una medida algo drástica. Una máscara de buceo con la manguera de toma de aire suelta fue la solución improvisada. Le puse la máscara en la cara y taponé la entrada de aire doblando el tubo flexible semirígido con mi mano izquierda, mientras metía nuevamente la porra en su coño, que se cerraba y estrechaba fuertemente cuando le faltaba el aire durante dos minutos. La porra no entraba ni salía de su vagina sometida a tanta compresión vaginal como ella podía, luchándo por respirar como un pulpo sobre una roca cerca del mar. Se retorcía, intentaba patalear pero no podía. Las ataduras se lo impedían por completo. Otra sesión de asfixia de dos minutos más y al bombear la porra en su coño, los chorros del mismo lo salpicaron todo con sus lubricantes jugos. Paredes, suelo, yo mismo y la porra, todos salpicados por ella. Esta vez la defensa apuntaba a su culito. La lubriqué bien con sus propios efluvios e introduje la punta lentamente en su agujerito. Me situé detrás de ella de rodillas, frente a su coño mi polla y cuando le faltó el aire otra vez, le empujé la porra en el culo todo lo que pude y mi ariete empalmado irrumpió en su vagina como tigre devordor apretando y empujándo su carne hasta que le dolió de gusto. Se quedó callada y casi inmóvil en el suelo. Tanto placer y dolor amansaron a la fiera de dentro y de fuera.

- ¡¿ Ya no gritas zorra ?! - . Le grité en alta voz. Su única respuesta fue una corta sonrisa.

Morbosa fantasía con un Policía uniformado. Parte 4ª.

La joven estaba exhausta en el suelo. Trataba de asimilar la terrible intensidad de sus orgasmos, que no cesaban de sucederse aun en su vagina. Los espasmos y sacudidas de su cuerpo, la hacían temblar como si tuviese fiebre de cuarenta grados centígrados. No podía gesticular siquiera una palabra, ni tener un solo pensamiento. Vacío total en su mente o todo un lleno hasta rebosar, según se interprete.

Superada del todo física y psicológicamente, tuve que parar el encuentro por precaución y prudencia. La conduje al baño y le ayudé a ducharse. Hice un te con leche y se lo di a beber y cuando estuvo acostada me aseguré de que se encontraba bien del todo antes de marcharme. A veces se puede llegar más lejos con la intención que con la realidad de las cosas.

A primera hora le llamé por teléfono, para saber que se encontaba bien y me contestó que perfectamente. Simplemente la habían superado el morbo y la contundencia de mis métodos poco convencionales, pero le había encantado la vivencia, que se atrevería a repetir más adelante en el tiempo. Antes de volverse a su país.

Moraleja: No comas más de lo que puedas digerir.

martes 2 de junio de 2009

Perder el miedo.

Otro de tantos correos en mi pc. Después de abrirlo y considerarlo, llamé a quien me lo envió. Por su voz es una persona joven, de menos de treinta años y me pide que hable con el sólo por teléfono y ya decidirá si accede o no a sus propios deseos. Hoy es Viernes y son las nueve de la mañana en esta isla mía de Tenerife.

Estoy algo cansado porque ha sido una larga semana de ajetreo y un sin parar. Escuchar a las personas que te cuentan sus problemas no es nada fácil, sobre todo si realmente te preocupas por ellos y tratas de ayudarles a que vivan un poco más felices consigo mismos y con los demás.

A lo largo de esta intensa vida mía, he comprendido muchas cosas que nadie sabe explicar y que además no vienen en los libros de lectura o de texto. Son lecciones aprendidas de una vida entregada a profundizar en las mentes, las almas y los por qué de cada caso en particular, con el fin de conocerme más a mi mismo primero y a través de mi persona, a los demás. Si se puede y se quiere dar lo mejor de cada cual, casi siempre se obtendrá lo mejor de los demás, salvo en casos excepcionales en que no hay nada de nada. Porque lo que no existe en el alma de una persona, jamás lo podrá dar a los demás. Ni bueno ni malo porque nada tiene para dar.

Al fin, esta persona en concreto accedió a quedar conmigo en su casa, para tratar su deseo en particular. Me contó su terrible historia personal y su primera y única experiencia sexual con un hombre. Brutal, desgarradora y lamentablemente más corriente de lo que pudiésemos pensar. A los dieciocho años había tenido un romance, su primer romance con un hombre de unos treinta años de edad y lo que el creyó un amor verdadero, se transformó en segundos en la mayor y más dura realidad de su vida. El hombre, simulando primero ser su enamorado, conquistó su corazón y su alma de joven inexperto y confiado y luego le violó. Ha guardado este secreto durante más de diez años y quiere acabar con este dolor, con esta rabia, con el asco que siente al ser tocado por cualquier hombre amigo o no. Necesita vivir su vida por completo, sin miedo, sin amarguras y sin más dolor.

Me pide que le quite el miedo a entregarse al amor, a sentirse vivo de nuevo, a experimentar de nuevo la atracción por lo que más le gusta en este mundo. Amar a otro hombre sin reservas y sin miedo al dolor, a sufrir, a ser abrazado y poseído, acariciado y deseado.

Nunca he tenido una experiencia como esta, pero creo en mí y creo y estoy convencido, de que puedo ayudarle a superar esta etapa de su vida. La del encuentro consigo mismo y con los miedos a superar. No hace falta ser gay para entender y aceptar, que debajo de cada pecho late un corazón igual, con los mismos ritmos de vida y sus latidos. Que dentro del interior de cada ser que habita este mundo, existe un alma que nos impulsa cada día, en el afán de superar cualquier obstáculo por difícil e imposible que parezca de superar y que nos mantiene unidos a todos en una cadena invisible, para formar la gran familia de la humanidad. Todo nos afecta a todos y todos sufrimos las consecuencias. Da igual que vivamos aquí o allá, a mil o cien mil Kilómetros de distancia unos de otros, porque siempre, siempre, seguiremos pagando todos las consecuencias de lo que se haga en el mundo. Todos fuimos una vez un solo pueblo que creció y se dividió en clanes o familias y que nos repartimos por todo el mundo, durante miles de millones de años. Las razas las originaron los climas de cada región de este planeta, para adaptarnos mejor al entorno y la lengua se diversificó por la distancia de unos pueblos a otros y la poca comunicación existente dadas las distancias. A todo lo que existe en este planeta Tierra, le puso el nombre el ser humano y no venimos de mono como dicen, pues el mono a peasr de los millones de años transcurridos, sigue siendo mono. Hemos perdido mucho al desvincularnos de la naturaleza y en lo único que hemos avanzado es en la tecnología, que ahora se vuelve contra nosotros para destruirnos si no sabemos controlarla y en las mortíferas armas. Algún día, alguien apretará un botón y todo lo que vemos dejará de existir para el y para todos nosotros, porque no solo destruirá a quien cree su enemigo sino al resto de la humanidad.

La naturaleza humana no es buena, ni compasiva, ni caritativa. Solo cuando se cree con certeza que existe algo superior al hombre como tal, al que algunos llaman Dios, Jehová, Alá, Ra, Buda, y en otras ocasiones profetas, se tiene la fe y es esa misma fe es la que hace crecer y fomentar en nuestra propia conciencia, esos valores que marcan la diferencia entre las personas buenas, o malas personas. Todos los nombres conocidos que en realidad hacen alusion al mismo, llamado de diez mil maneras y reconocido en todas partes como un ser Celestial y Divino y que en realidad debería unir a todos los pueblos de este planeta y sin embargo, usamos su nombre para declararnos la guerra y matarnos por Dios, cada uno por el suyo. ¿ No es una contradícción?.

Perder el miedo. Parte 2ª.

... Después de entrevistarme con el joven hombre, valoré la situación y la sopesé varias veces. Me pidió algo desconocido para mi y la verdad es que me encantan los retos, pero esto es algo que va mucho más allá de lo que en principio imaginé.¿Se puede sanar y recuperar el alma de alguien?. No hablamos solo de miedos, sino de cambiar una conciencia en sí misma sobre su propia persona, su existencia, su identidad, además de su interpretación individual del entorno que le rodea en cuanto a otras personas con las que convive y tiene contacto directo. Cariños, afectos, amores, familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, transeuntes habituales de su entorno... , todo resulta afectado. Cuando algo cambia en el interior de una persona, afecta directamente a su alma y esto provoca que para ella, también cambie todo lo que hay fuera. Su percepción de las cosas ya no es la misma, ni sintoniza o empatiza con ellas o con la gente de la misma manera, ni siquiera consigo misma. Ha pasado de ser un cristal limpio y transparente, a uno completamente sucio y opaco, por el cual no pasa la luz ni la forma clara de ningun objeto concreto, ni de fuera hacia adentro, ni de dentro hacia afuera, convirtiéndose a la vez en una barrera de bloqueo para poder salir de, o entrar en ella. Es sobre esta barrera sobre la que hay que trabajar hasta romper para siempre este bloqueo, que mantiene a la persona presa dentro de si misma, perdida y sin tener forma alguna de regresar a su propia conciencia existencial, hasta que pueda actuar y pensar con claridad. Si no funciona correctamente tu cerebro como órgano y no puedes pensar ni actuar libremente a tu voluntad, pierdes tu identidad y dejas de ser, para solamente existir. Los estímulos que percibe y emite su cerebro, se han distorsionado casi siempre para mal de si misma o mismo y todo lo que le rodea va cambiando con ella y a su mismo ritmo, pudiéndose convertir en segundos en algo completamente desconocido al no tener la capacidad, de poder interpretar las señales que recoge a través de los sentidos. Todo se torna aterrador u amenazador, hasta llegar a quitarse la vida por miedo insuperable al dolor, al sufrimiento o simplemente a su propia existencia, al no poder comprender ni siquiera que es un extraño en su propio cuerpo y conciencia, al ser extraño a su propio ser físico y espiritual. LLegan en muchos casos a autoconvencerse a si mismos o mismas, de que su muerte será algo parecido a crear una burbuja blindada a todo lo que les horroriza y les causa alguna forma de sufrimiento o fobia y que les mantendrá a salvo de estos para siempre. A veces, su mayor terror son ellos para sí mismos. Desaparece en ellos el concepto " muerte " como lo vemos y entendemos los demás. Para estas personas, solo es un paso hacia su " dejar de temer o de sufrir ", no dejar de existir, como es en realidad cuando uno se suicida. No ven el dolor ajeno ni el que pudieran causar a los demás, a su familia, parejas o amigos, pues para ellos ya nada existe como para nosotros, sino su propio tormento que es algo así como un vivir sin vida. No hay sentimientos, no hay conciencia, no hay sino dolor, desesperación y un vacío de ser que antes estuvo lleno de vida. Los recuerdos de toda una vida se han ido. Si no piensas, no eres, por lo tanto no existes como tu. El " yo ", se hiberna o muere.


Quedé con el un Martes cualquiera de la semana y le invité a cenar. La comida fue muy grata y agradable y tras unas dos oras más tarde le llevé a su casa. Le acompañé hasta su portal y estrechando su mano nos despedimos hasta el día siguiente, sin más que hablar o hacer. Al siguiente día le invité a comer y sobre las dos de la tarde ya estábamos en un conocido restaurante cerca del mar, en el barrio Santacrucero de San Andrés. Antiguo pueblo de pescadores y hoy un barrio más de la capital de la isla de Tenerife, aunque para mi siempre fue todo un pueblo.


Pasaron quince días más y la calma y la paciencia adquirida por mi presona, comenzó a dar sus frutos. Esta vez ya de noche, le acerqué a su domicilio y me invitó a pasar. Me pidió que durmiese con el sin querer nada más que eso. Dormimos juntos y al despertar, casi se asustó al verme a su lado, espalda contra espalda, durmiendo a pierna suelta. Dos hombres durmiendo juntos como buenos hermanos, sin más causa que el bienestar y la seguridad del primero, sin falsa moral, sin prejuicios ni lamentos, sin doble intención ni maldad por ninguna de las dos partes.


Un científico alemán aseguro tras muchos años de investigación, que el alma de las presonas se halla en la cabeza, es decir, en el cerebro. A esto debo añadir que es así ciertamente, pero que esta se extiende por el cuerpo arraigando en todo el a través del sistema nervioso, conformando cuerpo, alma y mente un todo. Los males de la cabeza o de la mente son terribles. Los miedos destructivos para el alma y la enfermedad, provoca la decadencia del cuerpo, pero si hay un mal al que temo de verdad, es aquel que destruye el alma y no el cuerpo, pues esta es eterna y muy fácil de perder. No temas a quien puede dañar tu cuerpo, teme al que puede dejarte sin alma para siempre. Cada cual que lo interprete como lo sienta o quiera. Lo dejo en el aire por si acaso.


La tercera semana llegó con cambios importantes en su ser y su persona. Estaba alegre y contento y casi había desaparecido el miedo. Me miraba con vivacidad y su empatía con mi persona le había devuelto gran parte de las fuerzas y las ganas perdidas. Sé que sería duro, muy duro, pero vale la pena por una vida y un ser humano, sacrificar todo lo necesario aunque sea por devolverle su autoestima, su conciencia de ser vivo y pensante y su identidad como ser, que siente y puede amar o ser amado.

Perder el miedo. Parte 3ª.

Muchas veces he contactado con personas a través de e-mail o telefínicamente, buscando amistad, simplemente amistad sincera, que no tenga nada que ver con mi personaje castigador, sino con mi persona cotidiana. Con el yo de a diario, que anda en este mundo como cualquier otra gente de este planeta y a veces me sorprendo del miedo que tienen muchas personas a abrir sus corazones a la amistad verdadera, lejos de los prejuicios. Soy lo que se lee en mis relatos y para quien quiera saberlo, basta con profundizar en ellos , simplemente eso. Lo diferente asusta y a veces causa miedo, un miedo extraño y con ciertos matices. Miedo a la sinceridad, a las verdades como puños que cuento y digo y que hacen estremecerse a más de una y uno. No soy profeta de nada ni abogo por ninguna causa concreta, mas que por la libertad de ser y pensar abiertamente, sin miedo y sin falsa moralidad. Abogo por poder ser y existir sin dolor o precio, que haya que pagar por decir y expresar lo que siento y pienso, pero lo hago por mi y no pretendo inflluir en nadie abierta o soterradamente. Si te gusta algo de lo que cuento, siento y pienso, tómalo para ti como un regalo, sinó, déjalo a un lado y apártalo. La sabiduría está en todas partes. En las esquinas de una ciudad, el las calles y gentes de los pueblos, en la propia naturaleza, en las palabras de un niño o un anciano. Si la quieres, tómala o déjala pasar de largo. " Hasta al necio cuando calla, se le tiene por prudente y sabio. ". Si no sabes qué decir, si no tienes palabra que cumplir... ¡¡ Calla... !! y no digas nada. Estoy harto de la gente a la que le baila el cerebro dentro de sus cabezas, hipócritas e imbéciles, siempre sojuzgando a los demás y mirando la paja en el ojo ajeno, mientras llevan en el suyo todo un tronco de árbol de cien metros y no son capaces de admitirlo ni verlo. Es más fácil criticar cuando no se tiene un criterio seguro y cierto, que entender a los demás y reconocer que todo es pura envidia en el fondo.

Lo siento. A veces me saca de contexto y de mis casillas, la gente absurda y burda que está en este mundo porque falta gente y no porque sean útiles para nada ni nadie. Les recomiendo a este tipo de personas, el oficio conocido en Canarias como " ENDEREZADOR DE PLÁTANOS ". Lo explico. Metes un plátano canario en tu culo... y lo sacas cuando lo hayas enderezado por completo... Se tarda muchos años o toda una vida en lograrlo... Si es que lo consigues.

Discúlpenme los que se molesten por este largo comentario, personal y directo. Es para quienes saben a quien va dirigido. Este soy yo. Castigador40. Claro, conciso, directo, auténtico, genuino y verdadero. Si queda alguna duda por aclarar, me lo preguntan de nuevo. No soy ni payaso ni pelele de nadie, ni vendo mi integridad por ningún precio, solo mis servicios. " Prefiero morir luchando por lo que creo y siento, que vivir lamiendo el suelo ante un envidioso traicionero ". Dicho mío. A menudo, las cosas las clasificamos en buenas o malas y la diferencia entre ellas la define, la intención con que las hagas, no el hecho.

Perder el miedo. Parte 4ª.

... Había pasado la cuarta semana, desde que comezó el proceso de recuperación del joven en cuestión. Su nombre Es Alberto. La dedicación y sincera ayuda prestada estaba dando sus frutos a pasos agigantados. Tenía otro semblante y su cara denotaba y dejaba ver, que algo había sucedido en su interior. Las ganas de vivir habían regresado lentamente a su vida y con muchísimas fuerzas se debatía dentro de si, por salir para siempre de aquel pozo oscuro e insondable, donde estuvo metido tanto tiempo.

Después de pasar un día entero en su compañía, decidimos hacer algo diferente para no caer en la rutina, cosa que sinceramente detesto. Invité a un buen amigo a salir con nosotros y realmente hicieron buenas migas enseguida. Había química entre los tres. Hablo de esa química mágica y divina, capaz de hacer caer las bases más fuertes de cualquier cimiento con sus columnas incluidas, pero en ellos dos se veían las lucecitas de un posible y gran amor encendidas.

Todo es posible si se tienen ganas y se desea con verdadero entusiasmo. Si se quiere, se puede, esa es la llave mágica capaz de abrirnos todas las puertas de este mundo. Somos nosotros quienes ponemos límite a todo y nos cerramos las posibilidades y las puertas, en cuanto decimos..." ¡ No puedo... ! " . Ahí comienza el principio del fin de casi todo lo que conocemos. Debemos ser valientes y luchar por defender todo aquello en lo que creemos y nos importa. No importa llorar si hay que hacerlo, no importa sufrir si tiene mérito, no importa amar y ser amado aunque sea solo por unas horas, solo si este amor es de verdadero. Aseguro, que más vale amar de verdad diez minutos en toda una vida, que una vida de cien años sin haber sido amado ni un minuto.

Nos enseñan que es malo llorar y mostrar los buenos sentimientos, porque son signo de debilidad en un hombre. Nos enseñan a odiar, a manejar los puños, brazos, codos, rodillas y piernas, como armas de defensa según la necesidad que tengamos de defendernos y eso está bien saberlo, pero no nos enseñan que es el miedo el que mueve la mayoría de las veces a matar, a golpear y a pegar, antes de dejar que las cosas se calmen y poder arreglarlo sin violencia primero. Es más cobarde y tiene menos mérito, el que pega que el que escucha, en esto se demuestra su miedo y debilidad. El que enseña esto a sus hijos, no sabe lo que es ser un hombre de verdad sino un cobarde, bruto y descerebrado, porque la verdadera fuerza de todo ser humano vive y nace, donde se crean los sentimientos. En su propia alma. Lo que sucede, es que hay que llenarla del contenido adecuado para que arraiguen en ella las buenas costumbres y las sabias palabras. Lo que no esté dentro de tu alma sembrado y afianzado con raices fuertes y profundas, se perderá con un simple soplo de viento, que se llevará todo lo que pusiste en ella como si fuese paja seca y nada quedará en su lugar. Una semilla débil y enferma, nunca producira ni una buena planta ni cosecha y tampoco sus brotes darán nada a tiempo. Su fruto se perderá antes de ser recolectado por gusanos comido y todo el trabajo hecho durante una mala siembra y peor cosecha, sin frutos que dejen semillas de calidad para la siguiente siembra, serán trabajo perdido desde el principio de los comienzos hasta el triste y estruendoso final. Sin embargo, pueden caer rayos y centellas, puede diluviar y haber tormenta todos los días, que de la buena semilla bien agarrada al alma, siempre brotará una nueva planta más fuerte cada vez que caiga la anterior que hubo en su lugar, más lista, inteligente y sabia, cuanto más duramente sea atacada, estropeada o dañada. Es bueno decir a quien quieres que le quieres, que le amas, que le aprecias, que le estimas, que te importa, que te preocupa. Así crece la autoestima y el valor que siente de sí en sus adentros. Menos enfermedades, menos depresiones... Por eso la gente de hoy está enferma de desesperanza y de indolencia, de desamor y desarraigo, de inconciencia y de malicia. Muestra a los tuyos y a los que te importan y también a los que no, que eres una buena persona. No importa que no te valoren, no importa que se rían o te critiquen. Todos sabemos que se critica y se persigue lo que no se tiene y se envidia. Sé amable pero inteligente. Sincero pero no estúpido. Cariñoso, no pegajoso. Servicial, no servil. Trabajador, no esclavo. Honesto, no zorro. Honrado, pero no te dejes robar. Confiado, no simple.

En unos días más , la pareja de amigos se fue afianzando sólidamente. Les dejé a solas muchas veces para que fluyese lo que se veía que hay y que se reforzase la confianza entre ellos.

Pasaron tres semanas más y mi trabajo ya estaba hecho. Los dos amigos ya eran pareja. Alberto recuperó toda su confianza en sí mismo y es cierto, que la mejor medicina para el alma es el amor. Enamorarse quita y cubre los agujeros que dejan la depresión y la desesperanza. Te devuelve tu vida interior, llenando de una luz fuerte y potente tu alma y sanando todas las dolencias de tu cuerpo, que tienen que ver con el amor, el cariño y el afecto.

Muchas semanas de dedicación y constancia valieron la pena, por alguien que quiso luchar y pudo hacerlo sin rendirse nunca a pesar de todo. Solo le presté mi ayuda y apoyo y dediqué parte de mi tiempo a comprender y entender que pasaba en su interior. Qué necesitaba de sí mismo primero, luego de mi y más tarde de los demás. Si quieres puedes, no lo olvides por muy difícil que te parezca. Le ayudé a escuchar a su interior, a comprenderse y hallar en su yo más profundo y secreto, las cosas que le harían feliz de verdad. No somos lo que tenemos fuera sino dentro y si no hay nada que valga la pena ahí, entonces estás vacío por ambos lados que es similar a estar interiormente muerto. ¿ Con qué quieres o deseas llenarlo ?.

Nos despedimos con un abrazo profundo y sincero, con la convicción personal de que seremos amigos para toda la vida. Ya llevan dos años viviendo juntos y como pareja.

¿Qué necesitas de ti para ser feliz?...

¿ Qué cambiarías de ti para ser mejor si cabe y hallar la completa felicidad ?...

¿ Qué es lo más importante en tu vida para tí ?...

¿ Lo de dentro..., o lo de fuera... ?. ¡ Escoge y hazlo bien... ¡Es para toda la vida y muchas veces...,
sin segunda oportunidad...

Esta historia se la dedico a los que sufren y han sufrido la pérdida de un gran amor.
A los deprimidos, a los que están tristes y sumidos en un vacío interior, a los que luchan por tener un motivo de esperanza que les reviva y les de fuerzas en su día a día.
A los que son abandonados y dejados a su suerte afectiva, por malos amigos, familia y conocidos.
A los que son endurecidos en su alma desde pequeños, para ver a todo ser diferente a ellos como una amenaza y no como un posible amigo.
A los valientes y miedosos, a los fuertes y débiles y a todo aquel que quiera hallar la llave de su vida y abrir una puerta grande y ancha, a su propia esperanza y felicidad.

viernes 8 de mayo de 2009

Escarmiento a una calientapollas.

... Un e-mail en mi bandeja de entrada, junto a otros cincuenta por leer aun. Es de un hombre y me deja en su mensaje un número de teléfono al que llamar. Hoy es Martes y hace un buen día para ir de playa ,a pesar de las fechas en que estamos. Son las siete de la mañana y como siempre me tomé un buen café de Brasil, mi preferido, aunque el de Kenia y Colombia, tampoco están nada malos.
Llamé al número de mi contactante y me explicó su dirección para vernos y hablar sobre su peculiar petición. Su voz era firme y ronca, así que intuí que sería un hombre de unos cuarenta años de edad, por su forma de hablar y las expresiones que utilizaba para comunicarse conmigo. Hemos quedado en vernos esta tarde a las cuatro, en su casa. Dada la contraseña de rigor nos despedimos con un " hasta luego ", como viejos conocidos.

Llegué un poco antes de la hora acordada al lugar, por la fuerza de la costumbre. Todo parece en orden y nada me hace pensar en que haya trampas o una mala jugarreta por parte de alguien. A la hora estipulada llamé al telefonillo de la dirección reseñada y accedí al piso cinco, número cincuenta y dos. Presioné el botón del timbre de llamada y tras oír mi contraseña respondió con la suya, abriendo la puerta de la casa a continuación y saliendo fuera, me tendió una mano como gesto de buenas intenciones muy amablemente.

Cuando ya habíamos acordado el precio de mis servicios, llegó su esposa a la casa. Una mujer madura, morena y con muy buena estampa. Nos presentó el hombre como amigos desde hace años, que por cosas de la vida estuvimos sin vernos mucho tiempo.

La mujer era muy hermosa. Morena con piel sedosa y brillante, lo que denotaba la tersura y suavidad de la misma, labios carnosos y pintados de un rojo intenso que reforzaba sus muecas malintencionadas al mirarme y unos ojos negros carbón, intensos y voraces como pirañas. Se contoneaba con gracia y provocativas zancadas, dignas de la más fiera leona del África, que rodea y vigila a su presa, apostada entre la densa hierba o maleza, siempre infatigablemente acechante, hasta cuando no acecha. Pechos grandes de pezones negros y abultados y de caderas anchas, con muslos apretados y gruesos, de poderosas y carnosas nalgas. Sin querer queriendo se le ha caído algo al suelo y al recogerlo doblando su cintura cual gimnasta femenina, dejó a poca distancia de mi sus blancas bragas sobre unas nalgas bellamente formadas, de piel morena y entre sus muslos asomó su retorcida mirada con una gran y blanca sonrisa.

El asunto trataba de que tenía que quedarme en su casa unos días, pues estaba de paso para saludarle y debía encontrar un hotel donde quedarme. La mujer al oír esto no podía permitir que ocurriese, recriminando a su esposo por ser tan poco hospitalario con su amigo.

Se tragó el anzuelo con carnada y sedal. Así, planeado sobre la marcha, solo faltaba ir a por mis cosas y mi ropa, que se encontraban en un hotel en espera de habitación supuestamente. Me despedí de el con un guiño y un apretón de manos y ella, me pellizcó en el culo como aviso de lo que me esperaba a su cargo y cuidado.

El juego ha comenzado...

Escarmiento a una calientapollas. Parte 2ª.

... Al poco rato me despedí de ambos cerca de la puerta de la casa y mientras, el hombre estrechó por segunda vez mi mano, la mujer se acercó hasta mi lateralmente y de espaldas y estrujando nuevamente mis nalgas, sonrió con la malicia de una hiena ante una segura víctima, con la que se daría un sabroso festín de carne fresca.

Regresé a la casa una hora y media después, para que todo pareciese natural y real, pues no podía actuar precipitadamente para no parecer un profesional.

Cuando llamé de nuevo a su puerta, la mujer fue quien abrió esta vez y en camiseta de asillas de color blanco, sin sujetador y con un pantalón corto de color rosa que se ajustaba a sus posaderas y a su raja, me recibió con un efusivo abrazo que aprovechó, para restregarme las tetas contra el torso y su pubis contra mi polla. Me hizo un gesto con el dedo índice de su mano izquierda para que la siguiera y me condujo hasta la habitación de invitados, que casualmente era contigua a la del matrimonio y que se comunicaba con la mía con una pequeña puerta acristalada con espejos de arriba a abajo.
- ¡ Puedes ponerte cómodo cuando quieras... ! . Me dijo.
- ¡ Mi marido ha salido y no volverá hasta dentro de unas horas... ! . Me aclaró. Yo no sabía que su esposo no se hallaba en la casa, hasta ese preciso instante. Se quedó en la puerta de la habitación, esperando como gata ronroneante la caricia de su amo para recostarse plácidamente a su lado, pero no fue así, no se lo puse fácil. Me quedé estático cerca de la cama donde dormiría unas cuantas noches, esperando que se marchase del a habitación para cambiarme de ropas y estar más cómodo. Me desnudé lentamente y sin prisa en un streeptease más que sabido, adivinando que me estaría espiando desde el ojo de la cerradura de la puerta que cerró tras ella al salir. Una vez desnudo, me senté sobre la cama, seguro de que me vería de frente y abriéndome bien de piernas para que me viese claramente, comencé a hacerme caricias en los güevos y en la polla con las dos manos en alternancia, para subir la temperatura de su deseo y putearla un poco. Tras aquella puerta podía sentir e intuir sus gemidos y jadeos, mientras se acariciaba el coño e introducía en su vagina hambrienta sus hábiles dedos. Los roces cortos y pequeños golpes secos sobre la madera de la puerta, me decían que estaba en éxtasis y en plena masturbación. Sin hacerme más de rogar, comencé a masturbarme suave y lentamente regalando a su vista una hermosa polla morena, dura y gruesa , que más dura y gorda se ponía cuanto más deslizaba mi mano sobre ella. Cuanto más rápido se movía mi mano, más gusto se daba ella aumentando el volumen de sus gemidos hasta poder oírlos, sin percatarse ella de que estaba literalmente gritando. Quería realmente hacérselo difícil, así que paré en seco y me vestí rápidamente quedando ella tras la puerta con un palmo de narices. Cuando salí del cuarto para ir al baño, un charco en el suelo que no le dio tiempo de limpiar, delató su aventura personal con su mano.

Me lavé la cara y yendo al salón de la casa donde se encontraba la televisión, que ya estaba en marcha desde hacía rato, me senté cómodamente en un sillón de tres asientos y visionaba las noticias del canal uno, cuando la leonina mujer apareció de nuevo con la cara encendida de deseo no apagado ni satisfecho.

- ¡¿ Hace calor verdad ?! - . Me preguntó sin hallar respuesta, mientras se sentaba frente a mi a un metro escaso de distancia, en un sillón monoplaza.

Me hice el sordo adrede para acaparar toda su atención, durante el preciso instante en que volví a abrir mis piernas para dejar al descubierto por un lado del pantalón, parte de mis cojones y de mi pene, que asomaban con descaro en aparente descuido. No volvió a decir ni a preguntar nada más. Aparentando ver el programa de televisión y con su cara mirando a la pantalla de la misma, por el rabillo de sus ojos miraba fijamente a mi entrepierna sin perder detalle de lo que veía. Sentía sus ojos clavarse en todo mi ser desde mis huesos hasta mi piel, saboreando en la distancia cada centímetro de mis muslos, de mis güevos y mi polla, que la hacían temblar de deseo. Me rasqué accidentalmente el muslo y mi polla salió fuera del pantalón por completo, venada y gorda en toda su extensión, lo que provocó en la acalorada hembra una reacción mecánica predeterminada en su cerebro, que le movió intuitivamente a acariciar su coño en mi presencia sin percatarse siquiera de lo que estaba haciendo. Tosí secamente para romper el trance y dando un respingo apartó la mano de su caliente gruta húmeda, mientras me levantaba de mi asiento y me marchaba a mi habitación despidiéndome con un cálido gesto.

La ardiente mujer se quedó viendo la televisión con otro gran palmo de narices y aun no había llegado a la habitación que me prestaron, cuando pude oír claramente sus resoplidos de enfado y de caliente malestar sexual.

Un juego que me satisface y que disfruto mucho cuando lo puedo desarrollar, el de la guerra de los sentidos. Capaz de hacer saltar ascuas hasta de las piedras de hielo si lo haces con calma y no te dejas dominar por la pasión y el deseo.

Me recosté en la cama completamente desnudo, boca arriba y en poco tiempo fingí estar dormido. La tenaz devoradora entró en la habitación sigilosa como un una serpiente venenosa y situándose junto a la cama, de rodillas en el suelo a la altura de mi polla, intentó tomarla con su boca para hacerme una mamada mientras dormía y tragarse con avidez mi leche robada en pleno sueño. Una vez más la dejé en la estacada girando sobre mí mismo, para quedar tendido boca abajo lejos del alcance de sus gruesos labios y su boca tragona, volviendo a enfadarse más que antes, por su fallido intento. Le fastidiaba no tenerme cuando ella quería, como y donde quería. Soy un golfo con clase y sé perfectamente el efecto de lo que hago con plena conciencia del daño que produce, pero que a la vez aumenta su deseo y sus ganas de tenerme hasta convertirse en una obsesión muy calculada de antemano. Le sabe que le haga esperar aunque sufre mucho por ello, pero este sufrimiento no es más que un incentivo más que hace crecer y aumentar de una manera descomunal sus más bajos y sucios deseos. Podría hacer con ella lo que yo quisiera pero esto es lo que quiero. Quiero liberar al animal que lleva dentro hasta convertirla en esclava de sus propias pasiones y de sus instintos más primitivos, porque esa es la llave que abre las puertas de sus más adentros y me permitirá ser Amo de su voluntad y de su alma, más allá de lo que puede alcanzar la mirada, la comprensión de nuestra mente e incluso su voluntad, ya quebrada y por entero a mi universal disposición. Sí, universal que es mucho más que completa.

Escarmiento a una calientapollas. Parte 3ª.

... La fiera descontrolada por el morbo y sus insatisfechas ganas de sexo, continuaba junto a la cama de rodillas,merodeando y yendo de un lado a otro, de arriba a abajo alrededor de la cama esperando que tal vez la suerte le sonriese en un momento dado. Esperaba con unas atroces y bestiales ganas, que le dolían tanto que se palpaba su dolor como dientes de tiburón que atravesaban sus carnes convirtiéndola cada segundo más, en un guiñapo dueña de nada. Sollozaba, se tocaba y resoplaba, deseando por compasión un poco de sexo nada más, solo la punta de mi polla en su boca hubiese bastado para apagar el furor que devoraba sus entrañas. Yo sabía perfectamente lo que ocurría y girando hacia mi lado derecho por un momento, decidí darle un respiro de sí misma, permitiéndole por un breve instante saborear mi polla y tenerla en su boca, hasta que estalló por completo en un ruidoso orgasmo que atragantó sus quejidos con un baño de semen caliente en su garganta. Entreabrí mis ojos a medias para mirarla y yacía en el suelo, doblada sobre sus rodillas y apoyada sobre sus muslos. Jadeante, extenuada y sobre un charco de sus propios jugos que bañaron el suelo en un amplio charco. Se incorporó lentamente mirándome sobre la cama aparentemente dormido e indefenso y musitó unas cortas palabras que apenas pude entender pues más que hablar balbuceaba. Sus palabras fueron... - ¡ No tienes ni idea de cuanto te deseo - ! . Dicho esto salió del cuarto.

caer el agua de la ducha que estaba cerca de su cuarto y estuvo en ella una media hora más o menos. Al poco se oyó girar una llave en la cerradura de la puerta de entrada de la casa y una voz retumbar en el pasillo central que conducía a las habitaciones y parte interior de la vivienda. Su esposo, cómplice mío en esta situación, había llegado.

Dormí una hora aproximadamente porque el trabajo mental es más cansado que el físico y al despertar, allí estaba ella contemplándome desnudo, sin vergüenza alguna. Ya había probado el veneno de mi ser y le había gustado muchísimo y ella y yo sabemos, que esto fue solo el comienzo del castigo.

Su esposo entró a la habitación trayendo una taza de café recién hecho en sus manos y acercándome la taza con su plato a las manos, me miró y me guiñó un ojo, conocedor de la historia que seguramente se habría desarrollado a plena satisfacción de su infiel pareja. La mujer aparecía con cara resplandeciente, bañada y perfumada con aires de gata satisfecha tras cazar y comerse a un ratón o de zamparse una sardina aun viva.

Segunda fase cumplida, ahora viene la tercera y mejor, pero aun me faltan algunos días para planificarla y llevarla al plano real. Mientras tanto, la haré sufrir un poco y cada vez más, hasta prepararla para el salto final a su peculiar yo interno.

Sus ojos brillaban de una forma especial ahora. Más cariñosa con su marido y plena de alegría y gozo, como quien ha ganado un premio después de muchos años de una aburrida y monótona espera, llena de desencantos y amargo sufrimiento interior. Solo necesitaba sentir la fuerza del deseo irrefrenable correr por su cuerpo, hasta limpiar su mente de vacíos y llenarla de sustanciosa materia viva. De morbo, de un poco de vício y de pasión desenfrenada que le devolviése la vida. La hice sufrir, desear y obtener uno de los más sonados orgasmos de toda su vida, pero esto es poco si lo comparamos con lo que le espera cuando el castigador que llevo por fuera y por dentro, la sacuda y le enseñe una nueva frontera para su vida, que vive en sí misma y que aun no ha tenido el gusto de conocer.

Escarmiento a una calientapollas. Parte 4ª.

... Llegó la hora de cenar y yo ya estaba preparado para tal acontecimiento. Con un olor especial en mi cuerpo a base de perfume de sándalo, me senté entre ellos captando la atención de ambos con tan agradable olor a hombre de verdad. Ella me miraba buscando mi complicidad visual, pero no le di el gusto en ningún momento. Su esposo, observaba entre un paréntesis de socarrona malicia las miradas y gestos de su amada, tratando de averiguar sus intenciones más secretas. En mitad de la cena, un pie descalzo y desnudo se posó sobre mi entrepierna, en una suave y acompasada danza de venires e ires, tratando de excitar a mi dormido empujador sumido en un merecido sueño. La cara de la hembra se enrojeció en sobremanera con tan solo su mala y pícara intención, que dejó al descubierto sus ganas de juego provocador bajo la mesa y en presencia de su marido, a quien creía desconocedor de sus lascivas intenciones. El hombre participaba en el juego de forma pasiva y paciente, saboreando las mieles que le brindaba la ocasión, viendo a su deseada compañera jugando al juego más antiguo y gustoso que haya practicado nunca el hombre, desde los albores de la humanidad.

No hay nada nuevo ni nada por inventar al respecto, sobre la faz de esta Tierra, pues con los instintos que heredamos de nuestros ancestros, toda la información almacenada en nuestra memoria congénita y genética, nos regalan estos datos que se transmiten a través de los genes de padres y madres a hijos, generación tras generación desde hace miles de millones de años. Todas las especies y formas de vida de este planeta la conocen y practican, cada una en su forma y manera, según del tipo que sea, pero no pensemos que es algo solo privilegio de la especie humana. De ninguna manera, aunque si lo hacemos por placer exclusivamente, aparte de los delfines, cánidos machos de algunas especies(entre machos solamente),pingüinos que habitan en los zoos (entre machos solamente), y más de una especie de la familia de los primates, que también tienen este placentero privilegio, llegando a masturbarse por satisfacerse a sí mismos exclusivamente.

La ardorosa fémina está viviendo su lado erótico, sexual y hormonal, desde un punto de sensibilidad y receptividad, diferente al que conocía de sí misma, que la bombardea sin cesar en su mente y cuerpo, elevando hasta índices no descritos ni calculados su apetito y capacidad sexual convirtiéndola por completo en una máquina viva de fogoso e incandescente deseo. Este va en aumento, a medida que es estimulada con ciertos métodos que proporcionan las señales que necesita su cerebro como órgano, para generar en algunos casos y en otros, para aumentar la capacidad que abarcan las zonas receptoras de dichos estímulos recibidos, haciendo mayor el impacto en este y aumentando y acelerando al mismo tiempo, el reparto de las señales recibidas y enviadas, a una velocidad similar a las de la luz, pero en menor recorrido. Energía y destellos de luz tan cortos, que casi son imperceptibles y se interpretan como estímulos.

El ambiente que se creó a la hora de la cena, va tomando mejor forma a cada momento que transcurre, entre el marido, la calentona mujer y yo . Un juego, que ofrece un bonito abanico de posibilidades para disfrutar del morbo a raudales. El, caliente como perro en días de apareamiento. Ella, salida como una gran esquina en una calle principal y yo, estudiando el momento en que pude lanzar una bomba de explosivo morbo que les hiciera saltar de sus asientos, para follarse uno al otro como animales en el suelo del lugar, sin darles tiempo de observar que yo también estoy presente. La hermosa mujer estaba a mi lado derecho y el hombre a mi izquierdo. Me descalcé el pié derecho y lo estiré hasta notar en la planta de el, la calidez y la humedad entre los abiertos muslos de la mujer. Sus ojos se hicieron enormes y sus pupilas se dilataron como si se hubiese bebido un chupito de fuerte licor. Me miró a la cara con expresión de grata y muy deseada sorpresa, notando en los dedos de mi pie como chorreaba su coño. Busqué con el dedo gordo de mi pie el elástico del borde interno de sus bragas, en su lado izquierdo y en la cara interior del muslo y poco a poco y con una pasmosa calma, lo desplacé suavemente hacia dentro en dirección a su vagina, mientras introducía lentamente este dedo en su raja. Aumenté la presión y la fuerza de empuje de mi pierna derecha y cuando quiso darse cuenta le había metido medio pie en el más que mojado chocho, sorprendiéndola por completo con una follada podal que la hizo sudar la gota gorda en unos segundos. Su marido, observando el intenso rojo de su cara y cómo se mordía ella los labios extasiada, sin importarle que el se diese cuenta de lo que estaba ocurriendo en ese preciso momento. El curioso macho se empalmó bajo la mesa y sacando su polla por la bragueta del pantalón, se masturbó disfrutando de su imaginación varonil, clavados los ojos en ella y en sus vivas expresiones de placer incontenible. Ella, incapaz de pensar en esos momentos de orgasmo intenso, causado por el buen hacer de mi pie travieso y experto en llenar huecos, se dejó llevar hasta la nada espacial, donde solamente importaba ella y su sexualidad por descubrir en toda la inmensidad, que encierra la palabra mujer. Tan mal interpretada y comprendida, castigada y dejada a los vientos muchas veces, siendo el mayor tesoro por descubrir y disfrutar, en esta corta vida que tenemos sobre este planeta.

Las mujeres y los hombres, no solo necesitamos sexo, sino buen sexo. Con amor, ternura, comprensión o algo de cariño y respeto al menos. Todos necesitamos saber y sentir que somos especiales. Queremos satisfacer y ser satisfechos fuera y dentro de la cama y en nuestra vida diaria. No es lo importante cuantas veces follemos, sino que las veces que lo hagamos o que se nos haga, se haga con la intención al menos de dejar y que nos dejen un grato y agradable recuerdo. Amor, comprensión y respeto... Aunque le agarres por los pelos de su cabeza y la llames puta o cabrón, en un momento de pasión desmedida. Aunque le gusten unos determinados roles de comportamiento y juegos que no comprendas, eso no significa que sea un objeto que no siente, padece y sufre y esto vale para todos los sexos. El hombre que no valora a la mujer o mujeres que le aman, sean esposas, concubinas o parejas, nunca sabrá valorarse a sí mismo lo suficiente y morirá en la más absoluta pobreza de espíritu y viceversa. Esto cabe también en las relaciones no hétero.

El empalmado esposo seguía castigando su lanza de carne escondida bajo la mesa, jadeando y temblando por el placer que le aportaba su cachonda y chorreante mujer. Mi pie había sido bañado cinco veces con sus chorros a presión, que brotaban desde su coño a borbotones ingentes. El asiento de la silla donde estaba sentada, se empapaba cada vez más de sus humores vaginales mientras ella movía sus caderas desesperadamente, para lograr meterse el pie al completo en la vagina. Descalcé mi otro pie y lo apoyé contra la parte alta de su dulce cueva y cuando noté en mis sensibles dedos del pié izquierdo una protuberancia redonda y casi diminuta, supe que estaba sobre el clítoris. Lo acaricié y presioné con la yema del dedo gordo de mi extremidad inferior y un grito a boca cerrada resonó, ahogándose entre sus dientes. El pobre marido eyaculó sobre el suelo, bajo la mesa, incapaz ya de contener tanto morbo golpeándole en los güevos y la vista. La cena concluyó en el más absoluto morbo silencioso y discreto que jamás vieran mis ojos y escuchado mis oídos y un poco después se animó una charla entre risas y cachondeo, que terminó a altas horas de la mañana.

Nos duchamos todos. Ellos dos primero y después yo y nos fuimos a dormir cada uno a su respectiva cama. De alguna manera, quizá por la experiencia y mi aguda atención a como actúan los demás, supe que ella volvería a mi cama esta misma noche, posiblemente cuando su esposo se quedase en brazos de Morfeo, dios griego del sueño. Pasaron unas dos horas y escuché el leve rechinar de las bisagras de la puerta que daba al pasillo de la casa y entró en mi habitación la insatisfecha Dama de fuego. Completamente desnuda pretendía cobrer esta vez con toda seguridad su más que ganado trofeo. Me hizo una mamada profunda hasta que se erectó mi polla y tal y como yo estaba, boca arriba, trató de subirse encima mío para iniciar una cabalgada de la que la persuadí velozmente, al darme una de mis cabronas vueltas boca abajo. No podía chupármela ni follarme y una vez más se marchó pataleando el suelo, enfadada en extremo y profiriendo una larga serie de palabrotas e insultos varios.

Ha pasado el primer día y quedan dos más al alcance de esta fiera por domar, o mejor dicho, le quedan otros dos días que soportar mis hijoputadas. La trama funciona y va bien, solo falta improvisar una parte media y un mejor final. Le putearé aun más y con más intensidad en los próximos días. Quiero que padezca y ser su verdugo sexual para rematar la faena. Cada vez llegaré un poco más allá, como castigador sin límite ante esta mujer sin aparente modo de saciedad. La haré llorar, suplicar y enrabietarse cada vez más y más, hasta que sea el momento preciso de someterla a mis antojos y mis caprichos. Se meará encima si es preciso cuando sienta mi total dominio sobre ella y solo entonces comprenderá quien soy y qué soy en realidad. Será entonces el momento exacto de entrar a matar, como se dice en la jerga taurina. Sabrá entonces y solo entonces, lo que es un pedazo de hijoputa que saborea con deléite el serlo, con clase y arte de verdad.

Escarmiento a una calientapollas. Parte 5ª.

... Después de una noche tan movida y cargada de actividad, llegó el nuevo día. El olor a café recién hecho me despertó a las seis y media de la mañana. Tras asearme, me encaminé hacia la cocina y el ruido de la puerta que da a la calle se hizo notar en toda la casa. El esposo de la sufrida cazadora de sexo, se fue a trabajar. Me serví un café aun caliente y entre sorbo y sorbo, me percaté de que la mujer se había metido en su dormitorio de nuevo. Me apeteció una reconfortante ducha para comenzar el nuevo día, así que cogí una gran toalla del armario ropero que se hallaba en mi habitación y desnudo, me enrollé en ella y entrando en el baño dejé la puerta entreabierta. El sonido del agua al caer sobre el plato de la ducha, llamó poderosamente la atención de la que parecía dormida y noté una sombra deslizarse rápidamente sobre el suelo, en el hueco que quedó abierto de la puerta del baño. Sentí que sus ojos me observaban con celo. Seguían mis manos en todo su recorrido sobre mi cuerpo. Me tocaba la polla y los güuevos con maliciosa lentitud, frotaba mi pecho, mis brazos, mis nalgas y mis piernas bajo la acosadora mirada de mi vigilante anfitriona, disfrutando a tope y sabiendo, que se deleitaba observando mi varonil cuerpo moreno. Procedí a secarme y cuando la toalla cubría mi cabeza y mi cara, noté como unas manos femeninas se aferraban a mis muslos con gran fuerza y de un tirón, una boca desesperada se tragó mi polla hasta el escroto. Era ella, la insaciable mujer. Cuando ya estaba gozando plenamente de la felación que había comenzado con tantas ganas, al no ser consentida sino robada, le apliqué una presión en el cuello con dos de los dedos de mi mano izquierda y con la derecha alejé de mi pene su boca, que quedó chupando el aire como pez lanzado bruscamente fuera del líquido elemento . Me miró con rabia intensa por apartarle bruscamente de su sabor preferido, pero no la dejé acercarse ni un solo instante más. Peleaba por vencer la fuerza de mis brazos y mis manos sobre ella, intentando incluso arañarme con sus afiladas uñas felinas, pero nada podía hacer y al final, se quedó mirándome a los ojos casi con una súplica en sus labios y un por favor en sus ojos negros. La tenía donde y como yo quería. Rendida por completo a mi superioridad física y a sus impulsos indomables. De rodillas y en actitud sumisa totalmente a lo me apeteciese hacer de ella y con ella, empecé a masturbarme a la distancia de un brazo. Se le hacía la boca agua viendo mi polla dura tan cerca de su cara y sus ganas por engullirla aumentaron de manera instantánea. Se retorcía y movía su culo con fuerza adelante y atrás, empujando fuertemente con sus caderas, con ademanes de una follada imaginaria que la enloquecía totalmente

- ¿ A que te gustaría tenerla ahora en tu boca y tragarla por completo ? . Pregunté sin esperar respuesta.

- ¡ Pues te vas a quedar así, mirándola de lejos mientras me masturbo ante tu cara de guarra ! . Aseguré con firmeza. Ella se deshacía en y de ganas por tenerla, por saborearla, por sentirla entre sus carnosos labios una vez más, pero no iba a ser posible. Su cara se descomponía rápidamente en gestos y muecas de súplica y desesperación. Yo disfrutaba de su mirada angustiada al máximo, de su sufrimiento que era a la vez una gozada para ambos. Se acariciaba el coño, se amasaba los pechos con fuerza y yo, impasiblemente despiadado, me ensañaba con ella.

- ¡ Me encanta verte sufrir por mi polla, zorra ! . Añadí.

-¡ Vas a verme eyacular y no probarás ni una gota de mi leche ! . Le anticipé.

Sus ojos se movían como relámpagos en el cielo, durante una feroz tormenta eléctrica. Chorreaba el suelo con sus corridas una vez tras otra, disfrutando plenamente del sufrimiento que le producía ser tratada con tanta dureza psicológica. Unas grandes ojeras oscuras se asomaban bajo sus párpados inferiores, de tanto calor y desgaste producido en su hirviente cerebro. Se movía como lombriz de tierra en el mojado lodo, luchando con todas sus fuerzas por escapar de su trampa, pero no pudo ser, era prisionera de sus ganas y de mi buen hacer. Rota casi por completo ante tanta tortura, la mujer desistió de su lucha y de si misma. A punto ya de correrme por tanto morbo y por el intenso momento vivido, le giré sobre sus rodillas y empotrando su cabeza en el suelo, metí mi polla entre sus nalgas separando las mismas con mis dos manos y apuntando la cabeza de mi polla en su culo y sin apenas meterlo dentro, la llené con mi caliente leche, sintiendo ella un gran placer que la llevó a un intenso orgasmo ipso facto. Se puso la debilitada hembra en pie con mi ayuda y un sonido de agua al caer al suelo llenó el baño. Se había corrido otra vez, sintiendo resbalar desde su mojado culo mi semen entre sus nalgas y piernas hasta abajo. Después de esta interesante mañana, se acostó desnuda sobre su cama boca abajo y así se durmió de golpe, en un fulminante y necesario sueño.

Salí a la calle y me di una vuelta por la zona, admirando la arboleda cercana que llena estaba de flores. Tras un paseo con calma y disfrutar de un agradable rato, entré en una cafetería y me tomé un café bien cargado. Regresé a la casa donde era el invitado, a eso de las once de la mañana. La amante esposa de mi supuesto y ficticio amigo, estaba cocinando algo que olía muy bien. La saludé amistosamente y por respuesta, me empotró con su culo contra los muebles del lado contrario a donde se encontraba ella, dándose un buen y enérgico restregón contra mi paquete sexual. Me situé cerca de ella, sentado en un taburete de cocina de esos cuyo asiento parece una malla de mimbre seco. Me quedé mirando fijamente sus hermosas nalgas y ella captó perfectamente mi penetrante mirada posada sobre sus carnosas y prieta retaguardia. Se sonrojó en un instante debido a su retorcido pensamiento, buscando siempre la situación menos esperada para intentar sorprenderme y atacarme de nuevo ,con su infinita hambre de morboso sexo. Me provocaba moviendo para mi su voluptuoso culo de hembra cachonda y húmeda. Saqué una vez mi empujador ariete con punta casi de diamante por su dureza y levantando su falda y enganchándola con la cinturilla de sus bragas, metí mi rompedor y duro castigador entre sus muslos, bajo su coño y por encima de su prenda íntima y la sometí una vez más a mi castigador empuje sin meterla en su vagina. Intentó de todas las formas que entrase mi pene en su humeante raja, haciendo verdaderas virguerías de contorsionista sin conseguirlo apenas. La agarré de sus muñecas fuertemente y la incliné sobre el poyo del lado donde estaba, rodeada toda de las mondas y cáscaras de las papas y verduras que había pelado ella para preparar la comida y seguí frotando mi cipote sobre sus finas bragas, esta vez entre sus nalgas impacientes.

- ¿ Deseas que te la meta en el coño o en el puto culo calientapollas ?. Le pregunté. La mujer estaba extasiada de nuevo esperando mis palabras y expresiones de golfo, que con mi voz ronca la excitaban tanto. Solo oír mis expresiones verbales y el tono agresivo y agrio de estas le provocaba un gran orgasmo.

- ¡ Te estás corriendo de nuevo zorra ! . Le dije, metiendo mis dedos de la mano derecha bajo sus bragas y entre sus muslos, para sacar mi mano goteando masa semi líquida y espesa. La mujer estaba segura de que la iba a follar allí mismo, contra los muebles de la cocina pero estaba equivocada. Metí mi carne de empujar en los pantalones y la dejé tirada como una colilla de cigarro. La acalorada mujer montó en cólera y aventó todo lo que había sobre aquel lado de la cocina por los aires y dejó el suelo hecho un asco, lleno de cáscaras y pieles de verduras de todo tipo y de papas. La rabia le hace salir casi espuma por la boca y le supone un gran incentivo, pues es causada por mis cabronadas y su subida repentina de hormanas y demás elementos químicos de todo su organismo.

Sonó de forma ruidosa el teléfono de la casa. Una corta conversación con su interlocutor y colgó el aparato. Su cónyuge no podía venir a comer porque le surgió algo inesperado, así que comeríamos solos.

Aproveché el rato y me desnudé, acostándome de nuevo sobre la que era mi prestada cama. Cerré la puerta de la habitación con llave y la retiré de la cerradura para que la mirona pudiese verme durmiendo sin ropa alguna. Me aseguré también de que la otra puerta estuviese bien inaccesible para ella y poniendo la llave desde mi lado de la puerta, la cerré con dos vueltas de ella y me acosté tranquilamente, seguro de tener pleno control sobre mi descanso.

Me despertó un ruido extraño sobre la madera de la puerta que daba al dormitorio de la pareja. Sonaba como si alguien estuviese rascando sobre ella con algo duro y metálico. Todo tipo de improperios en un volumen de voz muy bajo, se escuchaban del otro lado. Me acerqué a la puerta y apliqué el oído sobre ella y era la voz de la mujer, que había emprendido la misión de acceder a mi cuarto a costa de como fuese posible, aunque tuviese que romperla. Hablé en voz muy alta y me fui hacia la puerta del pasillo y cesó en su aventura de rompe puertas, para volver a la cocina como si no hubiese sucedido nada.

- ¡ Hoy comeremos solos si te apetece, pues de verdad, no tengo ganas de nada ! . Me dijo la hermosa mujer, con aires de desgana verdadera.

- ¿ Segura... ? . Le pregunté. Sujeté un plato llano que levanté en una mano y en el puse una abundante porción de ensalada, que ella había preparado anteriormente y sacando una vez más mi miembro viril de los pantalones, removí su plato de ensalada con ella y lo puse en su lado de la mesa. Serví mi parte en otro plato y de plato fuerte, unas albóndigas con sabrosa salsa de tomates agridulce, acompañadas por unas papas fritas en cuadrados grandes, dentro del mismo recipiente. Para terminar de aderezar dicho plato, otra pasadita de polla en su comida y acercándome a ella, le invité a que me la limpiase con la lengua, sin oponer la comensal ninguna resistencia para hacerlo. Ensalada de hortalizas a la polla y albóndigas con papas fritas, con salsa agridulce de tomate, a la carne empujada. Un menú de lujo para alguien como ella. Disfrutó de la comida salvajemente. Al final de la misma, se le escapó un accidentado eructo a lo que añadí sarcásticamente la pregunta...

- ¿ No te huele a polla en la cocina ?... La mujer se partió de la risa y yo también. Un poco de humor no le hace daño a nadie. Con esto conseguí que se suavizase su manía ya fija de acosarme.

Salí de nuevo a pasear y no volví a la casa de la pareja hasta las ocho de la tarde. Su esposo ya estaba en casa y comenzamos una charla muy interesante los tres, sobre temas cotidianos en estos tiempos que corren. La crisis económica, el paro obrero, etc..., etc..., etc... A la fémina, le producía un morbo inusitado provocarme delante del esposo, que pese a todo participaba muy audaz e increíblemente sereno, en el juego de su esposa y arpía.

Pensaré mientras, en qué hacer durante o después de la cena, porque sé con certeza que ella, seguirá en su empeño de follarme como sea. Continuaré poniéndoselo cada vez más crudo y más allá aun.

La tarde y noche prometían . Sería una cena inolvidable, con lo que tengo preparado para después... pero mejor lo dejo para más tarde, como corresponde.

Escarmiento a una calientapollas. Parte 6ª.

... Tomé una larga ducha antes de la cena y ya ella había hecho mismo junto al esposo. Los dos estaban alegres y charlaban distendidamente, de todas las cosas que un matrimonio bien avenido suele hablar. Se respiraba paz en la mesa y una notable actividad de energías renovadas llenaba por completo la estancia, aumentando la buena relación en este juego a tres bandas, cargado de impresionante actividad.

Después de tantas risas y una grata cena, llegó la hora de dormir. La tenaz esposa no cesó de acariciar mi sexo con sus pies por debajo de la mesa, durante toda la cena. Sintió mi polla empalmada y dura entre sus plantas podales y aun más morbo le dio que su marido lo supiese, manteniendo este una callada calma, que no hacía más que alimentar su sed de ella y la la de ella por mi. Dediqué muchas energías a mantenerla calentita y entretenida durante tan sabrosa comida. Ella se acordaba de la reciente ensalada de polla y albóndigas de la tarde y me dedicaba muecas y ficticias mordidas en la punta de mi pene. Clavé en su mirada mi vista cada vez que tuve ocasión, en un devastador castigo y directa provocación, haciendo ella de mi morbosa embestida su más dulce degustación. Movimientos de lengua, gestos, provocación e invitaciones a jugar con ella hasta que se nublase la razón de alguno de los dos, pero siempre la ineludible y viciosilla lascivia hacía su aparición traicionera, que nacía y habitaba su interior, dejando en su cara el rojo encendido de su pasión indiscreta tiñendo el aire con su intenso fragor.

Ya en la cama, podía oír que la mujer no paraba de dar vueltas sobre el colchón. Se acariciaba a sí misma bañada en un sudor suave y caliente, que cubría del todo su desnudez y le regalaba caricias en su resbalar y rodar por todo su encendido cuerpo. Las calenturas de la morbosa cena ya daban sus frutos dentro de su bullente cabeza. Pensaba y saboreaba cada instante transcurrido durante todo el día en su memoria infinita, de morbosa y siempre insatisfechas ganas de más, recordando y trayendo a su recuerdo inmediato todo lo sentido y acontecido desde antes, hasta ese preciso momento. Recuperando instantáneamente la memoria física de los orgasmos sentidos y reviviéndolos en ese instante, hasta sentirlos de nuevo como si volviese atrás en un feed back o retroalimentación de su memoria aflorante, de intensos orgasmos que mojaron su coño nuevamente impregnado del más apetitoso deseo. Su esposo, se hizo el dormido para vivir de cerca las arrolladoras ansias sexuales de su amante esposa, que se perdía dentro de sí misma buscando la satisfacción en otros labios, en otro cuerpo, en otra cama, en una zambullida en aguas oscuras y peligrosas que la llenaban de la más grande alegría conocida hasta esos momentos. La mía. No le dí tiempo siquiera de llegar a la puerta de conexión entre las dos habitaciones. Allí estaba yo, apoyado en un lado con la puerta abierta, en pie, desafiantemente masculino y poderoso y armado hasta los tuétanos con mi deslumbrante armadura de macho castigador, sabedor y descubridor de sus más íntimos deseos. Despiadado sexualmente hablando y algo arrogante, desafiando a la ardiente hembra a un combate perdido por ella de antemano. Ella se quedó impresionada, gratamente impresionada. Me acerqué a ella lentamente con la mirada puesta en sus ojos muy despacio y con la seguridad de un tigre de bengala, que se sabe superior a su presa. Tomándola de una mano con mi derecha, la arrastré hasta mi cuarto y sin cerrar la puerta que lo separaba del suyo, la tiré sobre la cama como quien tira un bulto de ropa sucia y la hice sufrirme un buen rato con la presión y el empuje de mi carne de empujar sobre su cuerpo y vientre. Recostado encima de ella totalmente empalmado, rocé mi ariete contra su vulva, sus labios mayores y entre sus piernas, logrando llevarla a un punto de deseo volcánico y abrasador que la tomó con el furor de un dragón que escupe fuego por la boca, haciéndola perder la calma y el sentido del tiempo hasta gritar con desesperación que me la follara.

- ¡¡ Fóllame..., fóllame cabrón... fóllame !! . Gritaba con la alocada fogosidad que quemaba su interior. Yo inamovible, parecía insensible a sus ruegos pues con ganas de verla y sentirla llorar por mi, me la quedé mirando sabiéndome el mejor torturador de sus instintos de hembra de chispeante lujuria.

- ¡¡ Noooo... !! . Contesté a su ruego imperante sujetándola fuertemente y con firmeza aplastante. Esto aumentaba sus ardientes ganas pues sabía en su razón, que era lo que ella buscaba y necesitaba. Esa espera deseada y no pactada, ese abandono pendiente a la vez de su mente, de sus miradas, de sus más insospechables deseos de ser ignorada a sabiendas. Esa calma desesperante que la sumía en una total y absoluta espiral de desenfrenado calor animal, que la hacía arder hasta la piel de sus huesos. Esa pasividad mía y la impotencia suya, con la que ella podía medir la intensidad y fuerza de sus deseos por mi y de mi dominio sobre ella. Esa parte de hijo puta encantador, conocedor hasta el infinito de los más retorcidos juegos de su mente, de su sexo y de los más oscuros y no conocidos secretos de su cuerpo. La mujer lloraba. Lloraba con lágrimas que brotaban desde su alma y no por mi, sino por sí misma. Lloraba al poder sentir que por fin que alguien se ha molestado en entender que no es una polla lo que la llenaba, sino ese desearla, transgresor y agresor de su mente, alma y cuerpo. Ese luchar hasta desearla tanto, que no era lo importante tenerla sino desearla en si mismo, de forma palpable y viva con deseos que se hacen de carne hasta poder tocarlos hechos vida. Saborearlos y sentirlos encima suya, presionando su piel, su cuerpo, en el fluir a través de sus sentidos como agua que va desde un río a la fuente, de la que mana agua fresca y pura, que devuelve el aliento al más sediento en un caluroso día. Que llena, que sacia y que renueva. Ese jugar con la pasión, el sexo, el morbo, la piel, la vida y la energía que contenemos dentro, hasta hacernos sentir que todo gira alrededor nuestro y que todo forma parte de nosotros y nosotros de todo, pues todos somos una misma cosa. La energía viva que vive en nuestros cuerpos y que se llama alma. Donde nacen y crecen todos los deseos de nuestra mente y cuerpo. Buenos o malos, eso lo juzgará cada uno según su medida. de las cosas, de la que cada cual tenga para si mismo y para los demás.

Continuaba sobre ella haciéndola sufrir cada vez más. Sus carnes temblaban por la fuerza de mis palabras y por el impacto que ocasionaban sobre su mente, vista y percepción de todo en ese momento. Todo le resultaba grande, enorme, desmedidamente desbordante y esta era mi baza más fuerte en este castigador juego. Me metía por sus ojos, por su cabeza, por su cuerpo y no había lugar al que no entrase a pesar de su resistencia ineficaz.

- ¡ La sientes sobre tu coño caliente y no puedes tenerla porque no me da la gana ! . Le decía con una voz segura y atronadora. Sus ojos se abrían porque sabía que así era y eso le encantaba. Sentir mi absoluto control sobre ella, mi fuerza visual sobre su mirada, mi ineludible entrada a su mente sin que ella pudiese evitar. Convertirse durante ese tiempo en mi mayor y más feroz esclava sexual. Yo, me imponía a sus deseos haciéndome desear como sé que ella necesitaba que me impusiese, con una propiedad avasalladora que le rompía al completo. Que hiciese todo como y del modo que me diese la gana, de ella y con ella, sin dejar de ser yo, para que ella me sintiese más a mi y a sí misma más que nunca a través de mi. Sin pedir permiso, sin ruegos ni chorradas. Sé lo que desea, cómo lo desea y lo que necesita y por eso lo hago, porque me da la gana y nada más. Mi fuerza, mis músculos venados, mi vello y mi sudor, la envuelven a toda ella oliendo y sintiendo a puro macho, a hombre curtido en una dura vida nada fácil, a un guerrero combativo y ganador del premio de vivir sin complejos ni envidias, una grata vida completa y plena de satisfacción y alegrías. La hembra y mujer, siente mi vigor en ella y no solamente el de mi cuerpo sino el de mi interior, que la gobierna y la maneja con aplomo y sabia conducción, llenándola y vaciándola por completo por dentro y por fuera de si, para llenarla de mi y otra vez de ella misma entregándole lo mejor de lo que soy y de lo que siento, para que así sea más ella que nunca y se sienta si cabe más ella que yo. Un hombre capaz de entender y comprender lo que toda mujer necesita, en cada instante y momento. No necesitaba un amante perfecto, ni un gigante del sexo. Sólo necesitaba sentirse viva y deseada con fuerza y ganas, en ese preciso instante en que la vida te pone a prueba y confundes tu identidad física con tus sentimientos. Estaba viva y tenía que sentirlo en sus carnes desde los pies a la cabeza, para gritarlo a los cuatro vientos con toda la fuerza que pudiera salir desde su sangrante alma a través de su garganta.

En esta parte de del capítulo, es donde la mayoría de los hombres fallan por su poca experiencia y por la pregunta tonta que marca siempre la diferencia, entre un buen o mal amante, entre un hombre de verdad y un pseudo hombre que se llama a sí mismo... " Un macho ". ¿ Qué quieres que te haga ?. Ella quiere lo que su hombre quiera y desee, si la sabe llevar al lugar donde los miedos se pierden y se abre la consciencia a una sexualidad que siente, vive y necesita revivirse a sí misma cada día. Esta es mi opinión y la digo desde mi propia experiencia, sin querer ofender a nadie con estas palabras, que hablan de mi y solo de mi. Cada uno sabe lo suyo.

Ella, trató una vez más de engullirme con su vagina tragadora de hombres pero le resultó imposible, pues mis palabras sucias y llenas de estímulo en sus oídos, la llevaron hasta un orgasmo desgarradoramente terrible y explosivo en pocos segundos, mientras mi mano derecha sujetaba su cuello con fuerza y el olor que desprendía mi cuerpo a perfume de agradable sándalo mezclado con el sudor que manaba de mis poros, se metía en sus narices llenando sus pulmones con mis aromas. En un momento exacto, acerqué el grueso glande de mi pene a la entrada de su fatigada vagina y empujándolo lenta y suavemente hasta el fondo, sentí como en su femenina corrida lo estrangulaba con los espasmos y sacudidas de todo su cuerpo. Se abrió su boca exhalando un suspiro profundo, más bien como un quejido de satisfacción y alivio y de nuevo, lo saqué fuera para empujarlo otra vez y de la misma manera, para lograr una vez más un orgasmo contenido durante mucho tiempo. Me situé a su espalda y le bombeé mi ariete dentro de ella sin prisa y sin pausa, con contundencia y cariño, hasta que la situé boca abajo y yo, sentado sobre sus muslos la penetré nuevamente hasta desgarrar sus ganas por completo.

- ¿ A qué te guste la leña de tu castigador bonita ... ? - . Preguntaba yo.

- ¡¡ Siiii ... !! - . Respondía ella mientras yo la sujetaba por sus cabellos de la cabeza, con moderadas fuerzas.

- ¡¡ Rómpeme, destrózame, párteme si te apetece. No me resistiré ... !! - . Me contestaba ella. Aunque hubiese podido resistirse no lo hubiera impedido y lo dice, desde el conocimiento de esta verdad absoluta.

Así estuvimos más de dos horas. Cuando percibió que a punto estaba de eyacular por los latidos del glande de mi pene en su coño, se dio prisa y metiendo mi ariete en su boca, mantuvo en ella mis jugos y saboreándolos durante un rato los tragó con gusto.

Su marido en la otra habitación, miraba lo que sucedía y con gran pasión y vicio, se masturbó a la salud de los tres una tres veces seguidas una de otra.

Escarmiento a una calientapollas. Parte 7ª.

... Después de tanto meneo y manoseo, la mujer casi se arrastró hasta su habitación. Al poco rato los dos roncaban en un profundo sueño.

Mañana será mi último día en la casa y sinceramente, se toma cariño a las personas cuando les vives de tan cerca y convives su vida cotidiana. Sé que después de estos días, quedará la amistad que ya nos une para siempre y que algunas veces más, volveré a hacerles sufrir con mis maneras y mis morbosas puestas en escena. Las que yo planeo y les hago sentir con intensidad real y viva, para que tengan una perspectiva auténtica de lo que pueden gozar sin tanto tabú ni barreras estúpidas que no hacen más que apagar la pasión y el deseo mútuo hasta llenarlos de tedio y monotonía destructiva. Tampoco quiero decir que se lancen al vacío del vicio a ojos ciegos, sino que prueben la variedad en el sexo y del sexo. Juegos de los sentidos, personajes de la vida cotidiana que aportan un granito más a la vida sexual ( El fontanero, el hombre del butano, el panadero, el soldado, el hombre de la esquina, siempre vigilante... ). Morbos y fantasías ocultos por vergüenza. En pareja, en tríos y en grupo, aunque sea cada uno con la suya o suyo. El estímulo visual, auditivo, intuitivo, sonoro, imaginativo, a ojos tapados, solo con las manos y el tacto... Miles de maneras y formas de variar el tipo de sexo dándole otro sentido, el de su utilidad para unir aun más a una pareja que se ama y se respeta, en la complicidad y la empatía, haciendo un juego de dos o de muchos más y no para distanciarla de si mismos, sino para participar de la sexualidad plena y viva que somos capaces de disfrutar y crear, con todos nuestros sentidos. A veces, basta un simple agujero por el que mirar, o una pared a través de la que escuchar. El resto lo hará nuestra mente...

¿ Qué querrías mirar a través de un agujero, que te aportase un morbo especial por dejarte ver lo que más te excita... ?... Respóndete a ti mismo/a.

Al fin me dormí. La última vez que miré el reloj eran las tres y veinte de la mañana y ahora son las seis y media. El olor de ese café mañanero que me despierta y resucita, llegó a mis sentidos como un bombazo en el silencio más absoluto. Abrí los ojos lentamente y ahí, a lado de la cama y cerca de mi cabeza, estaba una vez más la mujer. Me miraba con una mirada distinta. Ya no era la mirada acosadora y perseguidora de los anteriores dos días. ¿ Qué había cambiado ?... Sobre la mesilla de al lado de mi cama, había una taza de buen café recién hecho que me obsequiaba la fémina. Lo tomé y en unos minutos me acerqué a la ducha envuelto en una gran toalla, siendo ella acompañante en mi retirada. En unos segundos y ya bajo el agua, sentí unas manos que me frotaban la espalda y unos pechos que se apretaban contra mi con dulzura y calma. Me giré y frente a ella, cara a cara, la miré a los ojos. Me abrazó profundamente, con ternura y lloró dándome las gracias. Por fin sabía quién era ella misma y lo que quería y necesitaba. La mujer aprendió la lección más importante de su vida y que ya nunca será la misma. Aprendió a diferenciar las clases de sexo, del sexo con clase. Aprendió que una polla es una polla y que la diferencia la marca el que la empuja y la maneja, que puede ser un hombre o una polla con patas, de esas que se mete en cualquier agujero libre, aunque sean unas bragas con zapatos. Aprendió además, que se puede ser muy puta en el sexo y a la vez una gran Señora. ¿ Cual es la diferencia ?. La forma de hacer las cosas y las maneras con que se hagan. Con respeto o sin el, cambia mucho la cosa.La mujer me secó con la toalla, mimó mi cuerpo y me acarició de arriba a abajo con sensualidad y un tacto exquisito. Parecía alargar aquel momento en que ella sabía que me iría, tratando de robarle al tiempo sus minutos, en un intento inútil por retener todo lo que de mi pudiese en sus retinas. Sin poder contenerse un segundo más, lloró amargamente su pena y se aferró a mi cuerpo como si de ello dependiese su vida. Levanté su cara con mi mano derecha hasta alcanzar a ver sus ojos y deposité un beso en sus labios estrechándola con cariño entre mis brazos.

- ¡ No sufras, volveremos a vernos más veces de lo que imaginas ! . Le dije.

- ¿De verdad ?. ¿ Lo prometes ?. Me preguntó incrédula.

- ¡ Lo prometo ! . Le dije.

Llegó su marido a la casa y hablamos de mi marcha inminente. A solas el y yo, acordamos no descubrir la verdad ante ella por razones que el hombre me aclaró. Yo seguiría siendo aquel buen amigo en lo que a esta historia se refiere y seguiría viniendo a su casa cuantas veces el creyese oportunas, para alegrarle la vida a su hermosa esposa,a quien el ya no satisfacía por causa de una enfermedad incurable.

- ¡ Ahora ella es feliz y el dinero no me importa lo más mínimo ! . Me dijo el hombre. Su vida antes era un desastre. Siempre buscando amores llenos de dolor y sufrimiento. Hombres que la han usado y tirado como si fuese una basura, sin importarles nada el dolor o el daño que le hacían a su corazón o a su alma, cuando lo único que buscaba ella era sentirse viva, deseada, satisfecha de sí misma. No quiero que sufra más y si para que sea feliz, tengo que mentir el resto de mi vida, lo haré. Todo por ella porque ella lo dió todo por mi. Es por el amor que siento hacia ella por lo que he recurrido a ti. Un profesional con sentimientos y que respetas lo que se debe respetar. Si te parece bien, todo seguirá así, la siento feliz y con eso me basta.

Nos estrechamos la mano en un pacto entre caballeros y despidiéndonos sin más historias me fui de allí.

Una vez al mes me llama y voy a su casa un fin de semana entero, en que la vida les sonríe a ambos y les llena de buenos ratos.

¿ No harían algo así por quién más y a quién más aman ?. Yo si.

No hubo más sexo, ni más travesuras, ni más castigo.


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lunes 13 de abril de 2009

Tortura psicosexual a una mujer.

... Un e-mail en mi pc. Parece una cantata esto del pc, pero es que aquí comienzan en verdad las historias que cuento. Si fuese una lavadora..., sería una prenda cualquiera. En el e-mail consta un nombre y una dirección de Playa de las Américas, en el Sur de la isla. Es el nombre de una mujer y de verdad intrigado, accedo y me arriesgo a visitar a la supuesta mujer en su casa, cosa que nunca he hecho antes y seguro que después tampoco haré. Hoy es Viernes y son las ocho y diez de la mañana.

A las tres de la tarde de este mismo día, Viernes, tomé la autopista del Sur y me dirigí al la dirección que tengo anotada en un papel. Me di un paseo por los alrededores por si veía algo extraño o fuera de lugar y todo parece estar bien. Nadie extraño en las zonas aledañas, ningún vehículo apostado en la entrada, nadie en las azoteas cercanas ni lejanas, en fin. Esperé un buen rato antes de llamar a la puerta y vi que una mujer salió de la casa y llevaba una bolsa negra bien cerrada en su mano derecha. Se acercó al contenedor donde se depositan las basuras y abriendo la escotilla de este, la tiró dentro. Una vez volvió a su casa, saqué la bolsa de la basura que tiró la mujer y la abrí para saber que hay en su interior. Evidentemente no hay ningún hombre en la casa por la cantidad de basura generada. Una bolsa vacía de pan de molde, una lata de paté vacía y pequeña, la cáscara de un plátano, restos de una ensalada vegetariana y una lata de refresco gasificado vacía también. Até la bolsa y la metí en su contenedor otra vez y me aposté cerca de la puerta en espera de mi oportunidad. Soy muy desconfiado para llamar con tan pocas garantías de mi propia seguridad.

Llevaba ya más de una hora esperando y otra vez salió a la calle la mujer,cerró la puerta con dos vueltas de llave y se fue andando en dirección a un centro comercial, cerca del Hotel Palm Beach, en la que era antes la entrada principal de esta zona turística. Me anticipé a su recorrido y le salí desde atrás diagonalmente, desde la otra acera de la calle y cuando estuve a su altura, ella previniendo una posible agresión o robo, me intentó golpear con un talonazo de su pierna derecha dirigido a mi cara y un barrido de su izquierda, dignos del mismo Bruce Lee. Una parada con la misma patada a pie cambiado y un pequeño salto con contraataque fulminante, fueron mi mejor y más segura respuesta. Con una presa en su cuello y antes de que se alterase, le dije al oído... - ¡ Soy castigador cuarenta ! . Relajó su cuerpo y solté la presa, mientras la acompañaba a las compras. Intimamos bastante como si nos conociésemos desde siempre, entre bromas y preguntas sobre sus buenos métodos de defensa personal y los míos, luego nos reímos bastante pues pareció todo un guión de cine. Toda una experta en Tae Kwon Do Koreano. Cinturón negro segundo Dan, casi nada.

Entramos en su casa tras largo rato de charla y por las compras, que amablemente me ofrecí a ayudarle a acarrear, pues no estábamos lejos y la cortesía no cuesta dinero. En poco tiempo se hizo la noche y aun seguíamos hablando de técnicas ofensivas, evasivas y de defensa, porque la verdad que todo esto tiene mucha miga y se nota que le apasiona.

Llegado el momento preciso, abordamos el tema que me trajo hasta ella y sin mucha más política enseguida cerramos el acuerdo. Me pagó mis servicios generosamente y quedamos para volver a vernos mañana Sábado, a las ocho de la tarde en la misma dirección.

Quiere una historia de sexo con algo de dominación masculina ligera, con un juego morboso de palabras de efecto más bien psicológico y algo de mi cosecha personal.

Tortura psicosexual a una mujer. Parte 2ª.

... Al llegar a casa, preparé mi ya conocido maletín negro. Metí algunas herramientas de trabajo en el por si acaso, que más vale prevenir que lamentar y dejé todo listo para mañana. Planeé una estrategia de actuación con la mujer, pero se que solo lo seguiré a medias, ya que es una persona muy pasional y en este caso los planes fallan casi siempre, aunque se arreglan sabiendo improvisar.

Es una mujer físicamente fuerte y le gusta rivalizar aprovechando sus conocimientos en artes marciales, que no duda en usar si lo cree necesario o conveniente. Aprovecharé esta vertiente para atacar su lado fuerte y así poder debilitar su carácter predominante, debido a su gran autoestima y su personalidad férrea y resistente. Autodominio, autocontrol de cuerpo y mente, son sus pilares más solidos y en los que basa y apoya su confianza, pero su debilidad radica en la mayor preparación del contrario, que despierta en ella un sentimiento de admiración que roza el sometimiento casi voluntario. Ahí está mi punto fuerte. Todo está listo para la causa. Mañana se enterará definitivamente quien es el que manda, chulería que la tengo, aparte.

Llamé a la puerta de su casa y abriendo rápidamente me invito a pasar. Estaba histérica y acelerada por el morbo que le producía el volvernos a encontrar. Pasé con ella a la cocina mientras hacía café y al arrimarse contra el poyo de la misma dejando su culo indefenso, me apreté contra ella fuertemente y agarrándola por el cuello no la dejaba moverse, metiendo entre sus nalgas mi pene que movía de abajo a arriba. Ella luchaba como podía por soltarse de mi y cuanto más fuerza ponía más se la empujaba y aun más se debilitaba su resistencia psicológica y más débil se volvía, pareciendo arcilla blanda en mis manos. La dejé libre de mi acoso rompedor y sirviendo el café le temblaban las piernas y la voz, mientras sus ojos se dilataban presos del crudo morbo. Se sentó frente a mi cerca de la mesa y casi empalmada mi polla dentro de los pantalones que marcaban bien la silueta de mi pene, boquiabierta se quedaba mirándola como una vaca a su becerro y deseando tenerla dentro. Yo me sobaba los gúevos y la polla, mientras la provocaba durante la toma de aquel café, que parecía no acabarse de beber nunca y del que entre sorbo y sorbo se pierde su vista buscando mi bulto con los ojos. Me levante de mi sitio y me acerqué hasta ella, le arranqué la taza de café de los dedos y sacando mi carne de empujar de los pantalones, mojé la punta de ella en el café y se la metí en la boca hasta los cojones. Repetí la operación mientras hubo café que no duró mucho, porque me baba unos lametones que más que el café se tomaba mi churro. Ella se saboreaba y se relamía toda la boca y los labios por fuera, porque el sabor de mi polla le podía y le rompía, hasta las bragas que llevaba puestas.

Salí de la cocina y me fui hasta el saloncillo de la casa y ella babeando como un perro San Bernardo, me seguía como un corderillo. La senté a la fuerza en uno de los sillones monoplaza que allí se encontraban y atándole los brazos al cuerpo con mi cinturón y las manos detrás con los cordones de mis zapatos y los tobillos, me senté frente a ella y me saqué otra vez la polla por la bragueta del pantalón. Me miraba desconsolada y con pena. Su boca se movía sola como si aun chupase mi polla como hace un rato y no quitaba la vista de la mano con que agarraba el cacho venado y gordo. Empecé a hacerme una paja lenta mientras ella miraba cada uno de mis movimientos de mano, y de rato en rato sus ojos se alzaban, buscando mi fría mirada como si necesitase ver lo que yo veía, sentir lo que yo sentía y tener aquella polla tan cercana y distante a la vez, dentro de su chorreante vagina. Su cara estaba desfigurada del sufrimiento que le ocasionaba con mi castigo, estar tan alejada le dolía en el alma y casi no podía soportarlo aunque esa situación le gustaba. Sufría y le gustaba y cuanto más le dolía más gozaba. Me acerqué al sillón en el que estaba sentada y acerqué y restregué mi polla en su cuello, en sus labios, en sus mejillas, en su frente, en su nariz. Cuando quería chuparla se la alejaba para volver a castigarla y hacerla sufrir. Un charco mojaba su asiento porque de deseo y calenturas se había corrido ya unas cuantas veces y esa impotencia de no poder defenderse le podía, tanto le podía que se corría solamente con sentirla. Era lo que siempre había deseado y nadie había descubierto nunca. Le encantaba ser sometida a estos niveles, pues su gozo consistía en desearlo tanto y no tanto en tenerlo.

Lloraba, se retorcía, se humillaba a sí misma. Como disfrutaba de su lado sumiso con un toque de masoquista, tan sutil, que casi no logro ni descubrirlo. Rogaba chupármela, pedía que me la follara y yo no le hacía ni caso. Pataleaba el suelo, se mordía, insultaba, gritaba y volvía al principio otra vez.

Ya era el momento de pasar a palabras mayores. Serán los momentos más intensos de toda su vida porque después de ellos, todo lo demás serán puras imitaciones.

Tortura psicosexual a una mujer. Parte 3ª.

... Me aparté de ella unos minutos y me quedé de pie a poca distancia. Meneaba mi polla con una mano y ella miraba como chorreaban mis jugos preseminales con un gesto compulsivo que la estremeció de ganas locas. La miraba a los ojos con una mirada casi febril, de macho dominador en extremo que la sacudía por fuera y por dentro, haciéndola correrse una y otra vez y aun otra más, solamente con hacerme desear sin tomarla y por lo que la mujer podía intuir en mi cara de perro rabioso y mordedor, hasta arrancarle los pedazos de su alma. En un instante inesperado la agarré por la cintura, la volteé mientras la levantaba y poniéndola en el suelo boca abajo, me lancé sobre ella y de una vez le clavé mi ariete en el coño, arrancándole un grito sin igual ante la embestida carnal que la tomaba sin avisar y rompía su mente como si fuese de cristal. La agarré de nuevo por las caderas y la recosté sobre el sillón, sobre su costado izquierdo para que pudiera ver mi cara mientras me follaba su culo y en esa posición le empujé el cuartoo de kilo de carne de mi polla y antes de apretársela dentro, ya se había corrido. Bastó hacerle sentir solo la punta del glande entre sus nalgas, para irse con su mente a otro lugar, a otra playa.

La mujer deseaba algo más de mi que aun no había conseguido. La desaté y con gran desesperación se apresuró a comerme la polla hasta hacerme correr en su boca, que con felina mirada y ansias de tigresa, devoró más que tragar, como si fuese el más rico manjar deseado por ella, a la vez que acariciaba sus pechos y los estrujaba con fuerza.

- ¡ Nos volveremos a ver ... ! , me aseguró y yo asentí que si con la cabeza.

Siempre mantengo una relación contínua de amistad con las personas con las que contacto, y es que estos encuentros se producen más de una vez, dos y tres. Esta es la parte buena. La amistad no tiene precio.

domingo 12 de abril de 2009

Una experiencia diferente y fuerte para una mujer con muchas ganas.

... Me he levantado muy temprano hoy. Me ha costado dormir y no se por que. A veces el cuerpo es caprichoso y no me deja dormir de un tirón, así que me hago un café y me quedo en pie, despierto sin más remedio. Hoy es Martes.

Pongo en marcha el pc y nada más abrir el correo descubro nueve nuevos e-mails. Opiniones de personas sobre mi blog y unas pocas de otro tipo, de gente que me busca como castigador.

Contesto a todos y uno concretamente, me deja buen sabor. Es de una mujer. Necesita una experiencia diferente y algo fuerte para variar. Me dejó su número telefónico para contactar con ella a las diez de mañana de hoy.

La llamé a la hora prevista y después de hablar brevemente con ella, le di la contraseña para vernos con seguridad. Será hoy A las tres y media de la tarde en una terraza, sita en Santa Cruz. En la Alameda de la Plaza de España.

Como siempre y por costumbre, me anticipé a la hora acordada para asegurar que todo está en orden y no se trata de una encerrona. Justo a la hora pactada, apareció una bella mujer de fuertes piernas y hermosas posaderas, de unos treinta y cinco años de edad. Uno setenta de estatura, pelo largo y claro y pechos de Afrodita .Me acerqué a ella discretamente y le susurré la contraseña al oído, girándose para verme la cara mientras sonreía ampliamente. Pedimos unos cafés sentados en la terraza al aire libre y pagando la cuenta me expuso sus intenciones. Pactado el precio, me pagó por adelantado y quedamos en vernos el Jueves a las nueve de la noche en su casa.

Cansada ya de discotecas y de hombres tomados que se engatillan más que una escopeta vieja, se decidió a llamarme por medio de una de sus amigas. Esta amiga me conoce porque preparé para ella una aventura hace poco tiempo. Quería algo realmente fuerte en el sentido sexual de la palabra. Los Don Juanes ya no existen y los ligones de hoy día, están tan desesperados que en treinta segundos se quedan sin pilas, suponiendo que los encuentre, aunque siempre habrán excepciones.

Me pongo al tema y pienso durante un buen rato las opciones y alternativas, que son muchas y bastante variopintas. Al fin creo haber hallado la que más le gustará y manos a la obra, preparo el material que voy a necesitar. Será algo fuerte pero solo lo necesario.

Para esta historia recluté a dos hombres que me ayudarán en el desarrollo y realización de la trama. Les conozco bien y son de mi plena confianza, lo que es fundamental para mi. Todo está en marcha y ya nada nos puede parar.

Una experiencia diferente y fuerte para una mujer con muchas ganas. Parte 2ª.

... No me sorprende que cada vez más, las mujeres opten por tener una vida sexual diferente y clara. Viva, activa y productiva en todo su amplio aspecto social y en general. La mayoría de los hombres no hacen más que meter su culo gordo en un sillón de la casa, de Viernes a Domingo, hartándose a comer como cerdos, viendo fútbol mientras tragan cerveza como si estuviesen desfondados u otras bebidas más fuertes en un bar. Mucho fútbol, mucha comida y bebidas y poco o nada de follar, perdonando la palabras que la verdad es que se las trae. Confunden a sus esposas/os o compañeras/os con un mueble más de la casa. Ella cuida los niños, friega, lava la ropa y los platos, hace la comida, la compra, cose, plancha y además de no hacer nada en la casa, el hombre, convertido ya en el mayor de los estorbos, barrigón como un sapo y gordo como una mula, llega borracho, le pega, la folla como y cuando le da la gana y ya está. No se preocupa de si ella siente, de lo que siente, de si le apetece, de si necesita algo, lo que sea... Nada. Ahí ya hace tiempo que existe un problema que más valdría arreglar, por eso la señora de la casa se harta, lo manda a la mierda y se libera de tremenda lacra, que además la persigue para matarla, para rociarla con ácido sulfúrico, para atropellarla , para violarla, apuñalarla y una larga lista de maneras de hacerla daño, o quitarle la vida.

Si tu esposo/a, novio/a, amigo o quien sea no te respeta, si te trata como a su criada/o, si te pega, si te insulta, si te prostituye, si te engaña, si se emborracha y gasta el dinero de tus hijos y de tu casa, si no te cumple en la cama porque no le da la gana, si no hace nada de nada en la casa, si no te lleva de paseo con tus hijos, si no le importas nada... ¡¡¡ Mándalo con su mamá o a la mierda !!! . ¿ Para que quieres un cerdo en la casa?. Esta clase de cerdos no se puede comer por desgracia. Personas así no son más que una desgracia para los que les rodean, que serán los que pagarán las consecuencias tarde o temprano de su incompetencia como hombre, como persona y como ser humano.

Por culpa de hombres de esta calaña, aunque siempre siempre han existido excepciones, repito, es por lo que muchas mujeres buscan sexo y no relaciones estables. También he sabido de casos al contrario, hombres maltratados por sus mujeres y ojalá fuese una broma. En este caso es aun peor, ¿ por qué?. No me lo explico, aunque de ser explicado sería muy largo de contar.

Una experiencia diferente y fuerte para una mujer con muchas ganas. Parte 3ª.

... Llegué al domicilio de la mujer que contrató mis servicios, acompañado de los dos colaboradores. La entrada fue abierta por la simpática Señora. Nada más abrirnos sin darle tiempo de saludar siquiera, entramos los tres en tromba y tomándola como si fuese un equipaje, la llevamos en volandas hasta su dormitorio y la sentamos en un sillón que había en el cuarto. Todos estábamos caracterizados para la ocasión. Ropas oscuras, pasamontañas y miradas de matones de esquina... Le tapamos la boca a la asustada Dama por si gritaba, con un pañuelo atado por detrás de su cabeza que cubría la mitad de su cara. Sus ojos estaban abiertos como ventanas, preguntándose a sí misma que estaba sucediendo. Le até las muñecas por delante de su cuerpo y los tobillos con cuerdas planas para que no le quedasen marcas, pues su piel era muy fina y delicada. Golfo si pero no un descuidado.

La mujer en principio pareció asustarse por el modo y la forma en que accedimos a la casa. En un abrir y cerrar de ojos estaba siendo arrastrada a su cuarto a la fuerza, por tres completos desconocidos que por las maneras y formas no tenían buenas intenciones. A pesar de no haber mal trato ni golpes, ni nada que le hiciese sentirse amenazada, el factor más importante fue la sorpresa de lo que no esperaba. Me esperaba a mi, pues me vio a cara descubierta y en persona y de pronto aparecen tres locos de la nada y entran en su vivienda como Mateo por su casa. No es para menos.

Desaparecimos de la habitación unos minutos para darle un toque de realidad a la estrategia y parece ser que la fémina se relajó bastante al quedarse a solas. Allí estaba, en el sillón. Indefensa, sola, con un millón de dudas y preguntas sin respuesta golpeando dentro de su cabeza. En unos minutos regresamos a su cuarto y otra vez agarrada en peso, la transportamos al salón y la situamos sobre la gran alfombra que había en el suelo, de rodillas previamente cubierta esta por un gran plástico. Le cubrí los ojos con una oscura y gruesa venda y cuchillo en mano, corte su camisa, su falda, su sujetador y al final sus bragas. Toda ella se estremecía . El contacto frío de la hoja acerada del cuchillo en su piel le producía escalofríos. Jugué un rato con la parte no afilada de la hoja sobre sus pezones y estos apuntaron al frente como misiles, a punto de ser enviados contra un enemigo lejano. El mango del mismo cuchillo acarició sus mejillas, los labios, su cuello y bajando desde sus pechos por el vientre de ella, termino rozando la vulva de su coño. La respiración de la ahora excitada mujer se aceleró de repente. Un par de manos agarraron sus pechos y los manosearon como si fuese la fruta de un mercado. Pellizcando suavemente sus pezones con una mano y con la otra acariciando su suave cara y cuello con el reverso de ella, los dos hombres comienzan su trabajo. Me pegué casi del todo a ella y poniendo mi polla literalmente contra su cara, sobre el pañuelo que aun le impedía que hablase o gritara, deslicé mi cálido pene y lo restregué por toda ella. La mujer respiraba el olor a hombre de mis güevos y a través del pañuelo trataba de lamerlos. El trapo que había dentro de su boca y el pañuelo que cubría parte de la cara le imposibilitaba por completo tenerla, aportando al juego más morbo aun, logrando desesperarla y desquiciarla. Temblaba de impotencia y rabia, una polla dura recorriendo su cara y no podía ni tenerla ni saborearla.

La situación estaba a medio camino aun de lo que se esperaba. La mente es el mejor arma de doble filo si sabes como usarla.

Una sola persona ofrece siempre dos vertientes dentro de un juego de sexo y morbo. Una, la parte de los sentidos, donde si lo sabes hacer y prestas mucha atención a los mensajes que genera su cuerpo y cada una de las partes que lo componen, todo se multiplicará por cinco. Además de tener en cuenta que sentido predomina en ese momento concreto y los siguientes, sucesivamente, si los potencias sacándoles provecho y los estimulas correctamente en intensidad, cantidad y duración de cada estímulo, la reacción será siempre positiva. Cada cosa que haces, como lo haces, con que intención lo haces, la duración de lo que haces, la intensidad de lo que haces (Suave o bruscamente). Lo que dices, en que tono lo dices, como lo dices, el orden en que lo dices, la intención de lo que dices. En fin. Nuestra mente funciona por lógica y dentro de ella todo tiene un orden, un momento exacto y concreto para todas las cosas. Una vez comenzado el juego no debes pararlo, cortarlo o alterar el orden de las formas salvo que fuese necesario. Si juegas con el dolor, empieza con algo suave y poco a poco ve incrementando la duración e intensidad de este. Ten en cuenta que el dolor produce muchísimo cansancio mental y físico, o sea que es agotador, por lo que todo ha de ser estudiado previamente en cuanto a duración, intensidades y tolerancia al mismo por parte de quienes se presten a ello en uno u otro rol. Imaginaros en un momento que en nuestro cerebro se ponen en marcha más de tres billones de neuronas al mismo tiempo, enviando y recogiendo a la vez datos enviados por nuestra piel, músculos, huesos,nervios, ligamentos, tendones, vello. Corazón, hígado, riñones, páncreas, estómago, intestinos, próstata, pene, vagina, escroto, etc... , etc... , etc ... Si a toda esta actividad, sumamos lo que llega al cerebro desde nuestros sentidos, Vista, tacto, oído, gusto y olfato, además sumamos también la intensidad de lo que sentimos en cada momento, y la equivalencia de un gasto energético equivalente al una carrera de unos treinta kilómetros en el momento de eyacular,( hombres) . Al gasto mental en si, por la concentración efectuada por nosotros mismos en lo que hacemos, más el gasto cerebral como órgano que es y parte del cuerpo. Hormonas, glándulas y demás, al cien por cien en pleno rendimiento y funcionamiento. ¿Qué os parece?. No hay maravilla más grande que la vida, en la forma que sea. Espero que todo esto que cuento os sea útil en la mejor manera y que lo aprovechéis para enriqueceros con el conocimiento.

Al final siempre me enredo en explicaciones y doy rienda suelta a mis cosas.Espero que no os moleste. De verdad.

Una experiencia diferente y fuerte para una mujer con muchas ganas. Parte 4ª.

... La hembra, apasionada plenamente y sufriendo de veras por el morbo y la larga espera, ya estaba a punto de estallar. El trapo que cubría su boca estaba chorreando saliva de tanto intentar chupar una polla. Le quité el pañuelo y liberé su boca por completo quitando el tapón de trapo de dentro y tras tomar y soltar una gran bocanada de aire, aun con los ojos cubiertos se lanzó como gato al ratón buscando algo que mamar. Acerqué mi ariete nuevamente y de un empujón de su cuello lo tragó casi por completo hasta que ya no cupo más, provocándose a sí misma unas harcadas que casi le hacen vomitar. Los dos machotes continuaban amasando sus pechos, que permanecían duros como el hormigón y sus pezones rosados ahora arrugados, afloraban tímidamente de sus orlas, pellizcados y sensibles como si fuesen de algodón. Liberé sus manos de la cuerda que las apresaban y agarró la base de mi polla, apretándola con tanta fuerza que parecía querer exprimirla y beberse todo el jugo que de ella pudiese sacar. Hice una señal a mis compañeros de batalla y pegados a mi, cada uno a un lado y cadera con cadera los tres a la par, la ansiosa chupapollas se aferró a todas ellas no sabiendo por cual empezar a chupar. De pronto agarraba una y soltaba otra sin decidirse claramente cual no soltar, o cual no dejar de agarrar. La naturaleza en momentos como este creo que se equivocó. El problema no es que sobrasen pollas, simplemente es que a ella le faltaban manos.

Tras un largo rato de jugar a las mamadas ya era hora de empezar en serio y tomándola de los brazos la situé a cuatro patas en el mismo lugar. El primer hombre se acostó en el suelo, el segundo de rodillas detrás de ella y el tercero, que era yo, acostado también en el suelo bajo su cara para que pudiese mamar hasta reventar. Una polla llenó su coño desde el suelo, la otra la enculó desde atrás y la mía, la más tímida, le lleno la boca con sabor a polla para chupar. La mujer disfrutaba de la follada gimiendo con un quejido ronco y seco. La falta de aire y la poca costumbre hicieron mella en su capacidad pulmonar, aunque físicamente no se notaba pues no cesaba de pedir más. Se tragaba mi pene como quien se traga una golosina. Su boca parecía una succionadora tamaño industrial, tan pronto presionaba fuertemente el cabezote de mi pinga hasta que se ponía gordo y rojo a punto de explotar, como lo tragaba hasta el fondo de su garganta y con su lengua , con toda ella embutida en sus adentros, jugaba con mis güevos con su atlética lengua de rana atrapamoscas.

Rotamos los tres empujadores de carne tiesas las pollas y bien cargados los güevos, cambiando los preservativos en que se enfundamos las pingas, para seguir con la follada a conciencia que tanto gusto le daba a la hembra, matando sus ansias de sexo, rancias ya de viejas por tanto tiempo de espera.

La dama resoplaba como una yegüa durante la monta de su semental. Su coño destilaba jugos vaginales sin cesar, que le caían muslos abajo hasta empapar los mismos del que estaba en el suelo, aguantando como podía el hombre el húmedo temporal. Mientras, las convulsiones y apretones de su vagina y su ano se sucedían con gran velocidad y continuidad, uno por cada orgasmo hasta perder la cuenta de tantos que ya eran y. Claramente era multiorgásmica sin duda alguna. Casi rotos ya de tanto follarla y darle pollas a mamar, la puse de rodillas sobre el mismo lugar y desenfundando las tres pollas duras como el acero de sus cubiertas de látex y acercándonos a la vez hasta su cara, nos masturbamos al unísono hasta lograr el clímax que no tardó en llegar. Una gran lluvia de leche de tres machos golpeó su cuerpo con fuerza, haciéndola correrse una última vez con tremendo bombardeo caliente. Aun con su coño latente no paraba de chorrear un largo rato después.

Nos acostamos todos en el suelo y mientras descansábamos no paramos de bromear. La mujer solo sonreía con una sonrisa que no podía borrar de su cara. Estaba radiante por todas partes y realmente agotada, pero aun tuvo fuerzas para gastarnos una broma verdaderamente seria, mientras nos miraba a las caras preguntó con sequedad...

- ¡¡¿ Seguimos ?!! ... . Los tres nos miramos unos a otros y a ella a la vez y casi nos dió un ataque de risas.

Cuando hay buen feeling y buen rollo, da gusto hacer estas cosas. Todos estas historias terminan de buena manera y siempre, se termina haciendo amistad con las personas con las que jugamos a que sean un poco más felices y plenas.

martes 7 de abril de 2009

Puta por un rato.

... Un mensaje llegó a la bandeja de mi pc. Un número de contacto se ve en el, antes que ninguna otra palabra o frase. Solo ese número de teléfono y un nombre de mujer. Hoy es Lunes y son las siete treinta de la mañana. Aquí estoy tomando un café recien hecho, sentado a la mesa de la cocina de mi casa.

Muchas veces pienso en las personas que visitan y leen mi blog, tratando de averiguar por un momento que les mueve a leerlo. Pongo caras y rasgos a todos los que puedo imaginar y siempre me quedo muy corto. Cuando pulso el botón rojo que hay casi al final del la cabecera del blog, me quedo asombrado de tantos lugares que recibo vuestras visitas y me maravilla ver, que somos una gran familia mundial en esto del blog. No soy un escritor profesional, ni siquiera escribo muy bien, pero me visitáis todos o casi todos los días y me animáis con vuestros comentarios y visitas. Sois mis amigos invisibles porque no os veo, pero puedo sentiros muy cerca de mi, a un click del ratón de mi pc y del vuestro, tan lejos y tan cerca de mi al mismo tiempo. Gracias a todos por apoyarme con vuestras visitas, que me hacen sentir que todo lo escrito no queda de vacío, y no solo os llena de morbo sino de conocimiento a través de mis experiencias personales y profesionales, haciendo también vuestras estas experiencias. Gracias por estar ahí. Sin vosotros, esto no valdría la pena porque sois el verdadero motivo de mi peculiar aventura, en este mundo universal de los blogueros. Ahora sois todos parte de mi familia, aunque tal vez no os vea nunca ni podáis verme a mi. Me basta con saber que estáis ahí, al otro lado de la pantalla del pc, e imagino que tocando la pantalla con una de mis manos, puedo sentir las vuestras al otro lado. Gracias a todos, de todo corazón.

Puta por un rato. Parte 2ª.

... Llamé al número de contacto de la mujer a las nueve en punto de esta misma mañana y una voz melosa y cálida me respondió. Tras darle la contraseña de rigurosamente necesaria, quedamos en su casa, a las cinco de la tarde de hoy.

Telefoneé a su número cuando estuve en la entrada del edificio donde vive y bajó al portal de entrada, para acompañarme en ascensor a su apartamento. Antes de subir con ella, le di mi contraseña y me respondió con la suya. Mientras subíamos al piso nueve, hablamos un poco de todo para romper el hielo y así llegamos a su casa riéndonos un poco de todo y de nada al mismo tiempo. Es una mujer de unos treinta años de edad con apariencia de mujer muy segura, con una impresionante calidad humana y un cuerpazo de no te menees que te piso. Me invitó a acompañarla dentro del apartamento y fuimos hasta la pequeña terraza que había en ella. Un par de tumbonas bastante pegadas la una a la otra, sirvieron para recostarnos tomando unos refrescos de limón mientas me contaba sus intenciones y fantasías.Tenía cuantos amantes quería y hacía y deshacía cuanto y como quería, con respecto a ellos. Necesitaba sentir y vivir a través de una experiencia personal y única, que algún hombre la poseía sin respeto a su cuerpo, sin miedo ni vergüenza, sin finura ni miramientos, como se posee a una verdadera puta. Necesitaba vivir ese momento que siempre ha anidado en sus fantasías más retorcidas, cobrando un precio por su cuerpo y servicios, para que sea totalmente real la vivencia. Hemos quedado para el próximo Sábado, pendientes de la hora y el sitio. Me pagó por adelantado mi trabajo y me pongo manos a la obra para encontrar el lugar adecuado y a la persona concreta.

Busco durante el resto de la semana el lugar adecuado y a las personas que podrían entrar en el juego. Visito casi todos los bares y disco bares de la zona de La Laguna y Santa Cruz, tratando de encontrar el lugar perfecto para montar la historia y un encuentro casual, no casual, ideado y planificado al milímetro. Al fin, la noche del Jueves previa al día señalado, conozco un bar en La Laguna , idóneo para desarrollar el tema. Dos chicos que trabajan en este bar serán los elegidos para la nueva experiencia deseada por la mujer. Uno es el portero y el otro el barman, que además son hermanos y machos hambrientos de carne de mujer canaria. Les hablé de una nueva profesional que conocí hacía un par de días, nueva en el tema y que casi no podía moverme del repaso que me había dado una noche de amor y sexo sin tregua. Los dos se miraron a los ojos con cierta complicidad aceptando el reto que se supone que les había lanzado a quemarropa y me pidieron que la llevase a su bar una noche de estas. El cebo estaba puesto y había sido tragado entero por las presas. Los dos inocentes hermanos que querían demostrar su poderío sexual, buscaban una presa a la que devorar sin saber que en realidad eran ellos las víctimas de la trama.

Visité a la mujer en su casa el Viernes y la puse al corriente de la trama , de los hermanos y de como debía actuar con ellos, para que jugase siempre con ventaja. Será un buen fin de semana y todo quedará bordado al final, como siempre. La recogeré en su casa, el Sábado a las diez de la noche e iré con ella al bar.

El local es pequeño y fácil de controlar. Allí estaré yo para solventar los problemas que puedan surgir en cuanto a la seguridad personal de la mujer y poder también añadir algo de morbo y picante a la aventura de su vida.

A las diez y media en punto de la noche, hicimos nuestra estudiada entrada en el bar y me detuve un momento en la puerta a hablar con el portero, mientras la imponente hembra caminaba sola hasta la barra contoneando con gracia y feminidad sus caderas, llevándose con ella la mirada atónita del portero al que ya se le caían las babas y atrayendo como un imán a un hierro, los ojos oscuros del de detrás de la barra. Durante unos segundos todo pareció detenerse. El portero clavado al suelo sin poder moverse y el barman hipnotizado por los ojos enormes de ella, que se sentó en un taburete de patas largas y altas, típica de bares como este.

- ¿ Qué tienes para beber que sea dulce y no muy fuerte de alcohol ?. Preguntó al de la barra, aun traspuesto. Ofreciéndole este enseguida una carta de bebidas exóticas típicas de Brasil a la vez que reaccionó.

- ¿ Le apetece una caipiriña ?. Preguntó a la Eva. Seguidamente le explicó los ingredientes de la bebida y le preparó una gran y hermosa copa con ella, mucho hielo picado a mano y dos pajitas para beberla muy despacio. La mujer abrió sus labios y sacó su lengua provocadora muy lentamente, empujando las pajitas hasta dentro de su boca con ella sutilmente, que más que chupar de las pajitas, parecía estar saboreando una buena polla. Miraba al barman que no se movió del lugar durante un rato, clavando sus ojos en los del pobre muchacho, que se estremeció por completo con la visión de tremenda chupada.

- ¡ Está buenísima esta bebida ! . Añadió ella con ademanes de comerse un suculento rabo y no de buey. El barman no tenía palabras para responderle, no tenía ni saliva en la boca y su lengua se quedó como pegada a su paladar, enmudeciendo de emoción y de calentura repentina. Ella miró a sus pantalones asomándose ligeramente sobre la barra, casi enseñando sus nalgas al de la puerta y descubrió un gran bulto que antes no estaba, síntoma inequívoco de la empalmadura del hombre.

El portero, que no había apartado su vista de la mujer ni un segundo, resoplaba en la entrada del local como una bestia en celo. Su mirada seguía prendida del bonito y gran culo de la mujer, ahora sentada en la barra justo a tres metros de el, dándole su espalda escotada casi por completo y la mejor estampa de su trasero femenino, cuando se levantaba ligeramente a mirar detrás de la barra.

Todo está en marcha y va viento en popa a toda vela.

Puta por un rato. Parte 3ª.

...El pequeño bar se había llenado de gente y yo continuaba de pie en la entrada. La mujer, para hacerse de rogar y darse un poco más de interés, se vino hasta donde yo estaba y se sentó en un taburete que había cerca, para despertar el interés del portero y la envidia del que trabaja tras la barra. El hombre se acercó a ella y cual sería su sorpresa, cuando una mano le agarró el paquete sin esperarlo, convirtiendo al león en un gato amansado de golpe. No sabía que hacer ni donde meterse. Miraba a la mujer con incredulidad y no hacía más que revolotear de un lado al otro del bar como una mosca que revolotea dentro de la casa.

- ¡ No veas lo que me hizo la mujer ... ! . Balbuceaba entre dientes, cada vez que se acercaba a la barra y su hermano le miraba con extrañeza. Repitió su itinerario unas seis o siete veces sin parar de repetir la frase de marras, como si fuese una canción de moda.

Es increíble que un hombre pueda cambiar tanto, cuando es la mujer la que toma o lleva la iniciativa sexualmente hablando. De repente, el hombre se transformó en una marioneta al que le han cortado los hilos o un muñeco al que se le acabó la cuerda. La mujer aprovechaba toda ocasión que se le presentaba, para hostigar al varón que huía de ella como abeja de avispón hambriento. Le hice una mueca para indicarle que se frenara, si quería tener éxito con su aventura de cacería. Encendió un cigarro bajo la mirada acechante del hombre de la barra y por fin se relajó el de la puerta. En un lapsus de tiempo entre calada y calada a su cigarro, se acercó la mujer hasta mi y apretando mi brazo con su mano derecha, me agarró con la otra el tolete y sin miramientos preguntó...

- ¿ Todo está igual de duro ? . A la vez que una sonrisa de guarra experimentada asomó en sus labios, mientras el de la puerta se acojonaba ante la estampa.

- ¿ Quieres probarlo para saber si es igual de duro ? . Le contesté con otra pregunta. No contestó y otra vez el de la puerta y el de la barra, se miraron sonrientes con una complicidad más que evidente, dejándome claro que entre ellos y yo sobraba uno y no era ninguno de ellos.

La mujer continuaba al lado de la puerta del bar tomando su segunda caipiriña, saboreándola esta vez con un poco más de alcohol para envalentonar a los hombres, que creyéndola estos algo menos agresiva si bebía algo más fuerte, se crecían por momentos. El portero se abalanzó sobre ella discretamente tratando de darle un beso en la boca y la fémina actuando con una rapidez de atleta, giró su cara poniendo su mejilla derecha. El de la puerta sonrió sorprendido por su resistencia a darle un beso y ella le agarró el bulto de nuevo, mientras le decía...

- ¡ No tengas tanta prisa ! .

El de la barra se asomaba a controlar la puerta entre copa y copa que servía, hasta que hubo mucha más gente en el bar y abandonando el portero la entrada, pasó dentro de la barra a ayudar a servir las copas que pedían. Los hombres hablaron entre ellos un momento y ambos asintieron con la cabeza y se estrecharon las manos fuertemente mirándose a las caras, como en un pacto de caballeros a la antigua usanza. La mujer se levantó de su asiento cerca de la puerta de entrada al local y tranquilamente volvió a su lugar fuera de la barra, donde le esperaba su taburete con un cartel sobre la barra, que ponía, " Reservado ".

Los dos hermanos dentro del bar competían desenfrenadamente por captar toda la atención de la mujer de manera exclusiva, haciendo piruetas aéreas con las cocteleras , los vasos, copas y las botellas. Había un espectáculo impresionante que maravilló a los clientes que allí se hallaban, porque nunca habían presenciado tal despliegue de malabares dignos de admirar y que no se veían ni en los mejores circos. Ella disfrutaba con la competición entre los dos hombres que se la disputaban a ella. Ella era el premio que les movía a arriesgar de aquella forma tan espectacular su hombría, frente a los asistentes al evento, sin contar con ella ni un momento, ni con lo que ella quería o no quería. La competición era entre ellos y adiviné por un gesto que vi en sus caras, que no se la jugaban a ella, sino que apostaban entre ellos para ver quien se quedaría a solas con ella, si el otro perdía en el juego de los malabares improvisados por completo. Ninguno perdió ni ganó porque los dos eran igual de buenos con sus juegos. Saludaron a los clientes del bar que aplaudían sin cesar el digno espectáculo ofrecido. Ambos sudorosos y algo cansados por tan vertiginosa exhibición a ganar o perder, lo que creían un gran momento de cacería.

Me acerqué a la barra un momento y la mujer se puso en pie. Los dos hombres corrieron a su lado de la barra, para saber que sucedía, pensando que se marchaba en ese momento. Sus caras eran todo un poema digno del mejor escritor de versos de picaresca. La miraban como un león mira a una gacela, que atacada y derribada por sus garras y peso, se le escabuye alegremente entre sus mandíbulas asesinas, sin que pueda hacer nada por detenerla pues ya no le quedan fuerzas para cazarla de nuevo.

Puta por un rato. Parte 4ª.

... En un momento de la noche, cuando el fragor de los ansiosos bebedores se calmó por un momento, el portero regresó a su lugar y yo me aparté a cierta distancia de la barra, para dejar hacer a la cazadora de pollas. Ella, abierta de piernas en el taburete, sabiéndose dueña y señora de la situación por completo, giró en el taburete sin dejar su asiento y con las piernas aun abiertas tomó por asalto la mirada del de la puerta. Su entrepierna quedó totalmente al descubierto por unos segundos, para deslumbrar al salido joven apostado en la entrada, que ojos saltones y mirada desquiciada, tragaba nudos y se aflojaba la corbata. La hembra dejó bajar su mano derecha hasta su muslo de ese mismo lado y lentamente y sin prisa, acercó la misma hasta su húmedo coño para acariciarse suavemente logrando empalmar nuevamente a calenturiento portero. Una vez logrado su objetivo de no dejar extinguirse la llama del deseo, volvió a su posición anterior para continuar degustando su bebida. El de dentro había observado la jugada y le bastó su intuición para saber lo que ocurría en un segundo. Miraba a la mujer en un reto visual agresivo, deseando que ella le mirase a los ojos y la hembra sabiendo lo que sucedía, no le correspondía con la mirada porque era su territorio y no el de ellos, llevando con esta actitud, la situación a un punto increíble de desespero.

Los clientes del lugar empezaban ya a abandonar el local. Algunos borrachos, otros no tanto y los demás con rumbo a otros lugares. Cerraron las puertas y cancelas quedando dentro la mujer, ellos dos y yo. Se acercó a mi el que hacía de barman y me dijo cuales eran las intenciones de ellos dos. Me senté en una esquina para no molestar, pues debía esperar por la mujer para trasladarla a su lugar y los dos jóvenes la acorralaron creyendo que la podrían dominar. Ella se dejó atacar durante un rato y las manos le llovían sobre las tetas, entrepierna y nalgas y cuando creyeron que todo estaba logrado, la mujer con una sangre fría increíble, alargó una de sus manos hacia adelante y abriéndola en un conocido gesto mientras movía sus dedos, decía a la vez...

- ¡ La pasta por adelantado ! . Con esto les quedó todo más que claro. Trescientos euros cambiaron de manos en un segundo y se desató la tormenta. Agarró al portero de los pelos y clavándolo al suelo de rodillas, le empotró entre sus piernas y le metió todo lo que pudo de su coño en la boca. Al otro le hizo lo mismo en su parte de retaguardia y allí estaban los dos como locos, hartándose de comer culo, nalgas y coño.

- ¡ Así se hace cabrones ¡. Les gritaba enloquecida, con la sensación de control absoluto y plena conciencia adquirida, que la sumía en un intenso y profundo morbo, casi violento por la subida de calenturas y de tono. Los dos hombres se la comían ansiosos por devorarla. Por entre sus muslos corrían los jugos de su vagina mezclados con la saliva del chupador, que empalmado como una espiga al sol, se tocaba la polla con descaro. El de atrás imitaba al de delante no por querer copiarlo, sino porque el instinto animal ya aflorado le impedía pensar de modo claro. Les agarró por los pelos a ambos al mismo tiempo y poniéndoles en pie, bajó sus braguetas y pantalones y con el preservativo en la boca les enfundó las pollas en la goma, sin dejar de chuparlas a la vez o de una en una, mientras las agarraba con sus manos. Los dos varones estaban fuera de si con tan bien hechas mamadas. Sus dos pollas desaparecían en la boca de la que se las tragaba, estrangulándolas en su experta garganta de rato en rato, para mirar como los ojos de ellos en blanco se tornaban. Tumbó al de la barra en el suelo boca arriba y le montó en una espeluznante follada mientras sujetaba al otro por los güevos con una mano y su polla devoraba con muchas ganas. Tumbó al que estaba en pie y le acostó junto al otro también en el suelo y repitió la montada una vez más, mientras se tragaba nuevamente la polla de este, sin tregua y sin pausa. Saltaba del uno al otro con una agilidad asombrosa cual Jane en la jungla de Tarzán y antes de que se dieran cuenta estaban follándole el culo y el coño al mismo tiempo. Uno seguía en el suelo y el otro en cuclillas detrás de ella, cuando la realidad era que ella se los follaba a ellos, moviendo sus sabias caderas adelante y atrás con mucha velocidad y fuerza. La mujer mi miraba a los ojos pidiendo mi colaboración al juego pero poco podía hacer yo. Saqué mi polla del pantalón y comencé a hacerme una paja a poca distancia de ella y le dio tanto morbo ver que me masturbaba para ella, que los chorros de su coño se multiplicaba por dos mientras se follaba a los dos incautos hombres. Seguí haciéndome la paja y cada vez más se excitaba, a la vez que aceleraba sus movimientos, logrando hacer que estallara un intenso orgasmo entre sus piernas, cuyas convulsiones y apretones vaginales en las pollas de los hombres, les hizo delirar de gusto hasta correrse a la vez que ella. Yo continuaba con mi polla en bandera y la mujer se acercó de rodillas hasta mi, para tragar el fruto de mi masculina hazaña.
Lo saboreó lenta y calmadamente, mirando a los derrotados hombres a la cara.

Cuando todos estábamos descansados y recuperadas las fuerzas, hice las presentaciones debidas. Los dos hombres se lo tomaron a risa, aunque uno se enfadó disimuladamente al sentirse herido en su orgullo de macho, por haber sido usado como un muñeco de feria y por haber pagado Así son las cosas de esta vida y así las cuento. Más a menudo de lo que pensamos el que se cree el cazador, es realmente el cazado.
Llevé a la mujer a su casa y plena de satisfecha me dió las gracias y me regaló como propina, los trescientos euros.

- ¡ Me he sentido esta noche la más puta !. me dijo agradecida.

Unos días después organicé una comida y les invité a todos ellos, partiéndonos de risa con la historia por mi creada. Ahora los cuatro somos amigos.

Sabemos que no es lo mismo jugar a ser puta que serlo. Aunque sinceramente, yo cambiaría este nombre tan despectivo por uno más humanizado y respetuoso. Hay mujeres que viven de este arte antiguo porque no les queda más remedio, otras son engañadas y obligadas a serlo a la fuerza y todos lo sabemos o deberíamos saberlo.

Me declaro en contra de toda prostitución forzada y obligada, que atente en contra de la voluntad y la libertad de quien la ejerce, alienando sus derechos como persona.

lunes 6 de abril de 2009

No al aborto.

Quiero hacer un llamamiento, si me lo permitís desde este blog, que también es vuestro.

Siempre nos han engañado haciéndonos creer y pensar, que un ser dentro de una mujer al que llaman feto, no tenía una vida real hasta el tercer mes o más. Esto es mentira y aun matan cada día a millones de seres pensando que no sienten ni padecen, que no tienen alma o que simplemente no son nada aun.

El feto tiene vida propia desde el mismo momento en que se gesta dentro de su mamá, sin importar el tiempo de que se esté embarazada. Tiene vida propia y alma, independientemente de su desarrollo embrionario, por lo tanto ya es alguien.

Sentirá todo lo que su madre sienta desde el sabor de los alimentos, hasta el olor de las cosas y las sensaciones que su madre sienta, desde la alegría a la tristeza y desde el calor al frío. Es a través de su mamá desde donde el cerebro del nuevo ser, toma los registros necesarios para adaptar el suyo que aun se está formando y desarrollando dentro de su pequeña cabecita, al mudo de fuera del vientre materno. Su madre es el único vínculo con este mundo en que le tocará vivir y a través de ella, de sus sentimientos, de sus vivencias cotidianas, de sus afectos y sufrimientos, se forjará como un hierro en manos de un herrero.

Para sacarlo de dentro, lo cortan en pedazos y los descuartizan vivo, para terminar en un cubo de deshechos quirúrgicos o en la basura que se incinera o se tira. Si no grita de dolor es porque sus pulmones no están desarrollados aun y no porque no le duela. ¿Te duele cortarte un dedo?. Imagina que te cortan la cabeza, los brazos y las piernas y que después tiran de ti, para arrancarte a la fuerza del vientre materno.

Si no quieres hijos no los hagas. Ponle remedio antes de que se formen en tu seno materno. Si abortas estás cometiendo un crimen, te guste o no, te importe o no. Si lo haces, si abortas, eres una asesina y llevarás a cuestas el peso de una vida inocente, arrancada a la fuerza.
¡¡¡ NO AL ABORTO !!!.

lunes 30 de marzo de 2009

Experiencia extra dolorosa para un masoquista extremo.

... Un e-mail ha llegado a mi bandeja de entrada. Me cuenta en el que es un hombre amante del dolor extremo, pues es lo único que le da verdadero placer y lo que mejor le hace sentirse. Hoy es Jueves y son las siete treinta de la mañana.

Llamé al número de contacto que aparece en e-mail, a las nueve de la mañana y quedé con el hombre esta tarde a las siete, en su casa.

Toqué en su puerta a la hora concertada y me abrió tras decirle la contraseña siempre pactada , tras contestar la suya antes de abrir. Me invitó a pasar dentro y me condujo lentamente hasta el saloncito de su piso. Tomamos asiento y hablamos un buen rato para tratar en profundidad el asunto, riesgos y límites del encuentro. Una vez acordado como siempre por adelantado el precio, nos veremos mañana Viernes, a las ocho de la tarde en este mismo lugar.

Es un hombre de unos treinta y cinco años de edad con un coeficiente intelectual muy alto. La riqueza de su lenguaje y las expresiones y formas usadas al hablar, me dicen que como poco ha sido universitario de carrera, e incluso algo más. Es de caracter amable y muy abierto a temas de todo tipo, sin importarle el que dirán ni cosas por el estilo. Sabe muy bien lo que quiere y como lo quiere y por eso ha solicitado mis servicios. Nada más salir de su casa trabajo ya en la historia que le voy a montar, sobre todo dando más importancia a la seguridad personal, dado que será una experiencia exrtrema en dolor y sufrimiento y no se aun si la soportará. Todo lo que pase mañana en el encuentro, estará dentro de lo acordado y será con su consentimiento, sin perder nunca el control sobre la situación en general.

Preparé mi maletín de herramientas para el encuentro, porque hay mucha leña que cortar. Usaré mis mejores artes y el profundo y gran conocimiento que tengo, sobre el cuerpo y la mente humana en situaciones como la que tendré que desarrollar.

Experiencia extra dolorosa para un masoquista extremo. Parte 2ª.

... Nada más llegar a su casa y antes de llamar, el hombre ya había abierto la puerta desesperado por comenzar. Me condujo a una habitación muy grande y aislada por paredes especiales. Nada de ruido se podría escuchar desde el exterior ni desde el interior, que viniese desde fuera de la habitación porque por sus gustos por las situaciones extremas y el dolor, la había mandado a insonorizar desde las paredes hasta el techo y suelo, para gozar sin temor de que los vecinos se pudiesen escandalizar. Solo había en ella una gran silla con correas de cuero para atar e inmovilizar, que más bien parecía una gran silla eléctrica, de las de las pelis de los años sesenta. Ni más ventanas, ni fotos, ni cuadros, que la verdad sea dicha, tampoco hacían falta.

La silla, a pesar de su apariencia bruta y anticuada, poseía un mando que la convertía en una maravilla de la tecnología moderna. Era capaz de moverse en todas direcciones y girar sobre si misma hacia arriba y hacia abajo, girando incluso hasta dejar al allí sentado cabeza abajo y culo arriba. Tenía una base regulada con pedal que se podía elevar a cualquier altura, desde el suelo hasta el techo con bastante rapidez y comodidad. La usaré si llegado el momento la necesito, ya que prefiero mis propios métodos para comenzar por lo menos, aunque me ha abierto el canal de la curiosidad y seguramente haré un buen uso de ella.

Extendí un gran plástico cubriendo el suelo de toda la habitación y enfundando mis brazos y manos en unos largos guantes de látex con unos más cortos debajo por precaución, voy a comenzar la sesión antes de que cambie de opinión, por si acaso.

Acerqué mi maletín de trabajo cargado del instrumental necesario a mis pies y postrando al hombre de rodillas en el suelo delante de mi. até sus brazos a su propio cuerpo y sus tobillos entre si, para que se mantuviese lo más inmóvil posible a la hora del doloroso comienzo.

Dos pinzas tiburón afiladas como dientes de barracuda en sus pezones, comenzaron la sesión y sus gritos de dolor nada más empezar llenaron la habitación. Los dientes de las pinzas se clavaron en sus pequeños pezones traspasándolos de un lado al otro con el consiguiente dolor, mientas un par de lágrimas enormes rodaban por su cara como muestra palpable del intenso y exquisito dolor. Una pieza metálica que introduje en su boca para que no la pudiese cerrar y así acceder a su lengua para poderle martirizar sin miedo a sus dientes, ya que las mordidas son malas de curar y siempre causan infección, por más que te esmeres en evitarlas Cogí su lengua con los dedos de mi mano izquierda y tirando de ella bien fuerte le proporcionaba un desagradable dolor, a la vez que sujetándola bien fuerte la traspasé unas cuatro veces con un alfiler bien largo de acero, hecho para la ocasión. Retiré el aparato metálico de su boca e introduje en ella un gran cubito de hielo, que chupó avidamente evitando con esto la inflamación y una posible hemorragia que podría aparecer en cualquier momento, minimizando los efectos del clavo en su hinchada lengua.

El hombre estaba delirando de placer, pues lo que a algunos parece inconcebiblemente maligno e insoportable, para algunos otros es una enorme fuente de placer casi divino.

El cuerpo desnudo del hombre estaba lleno de antiguas marcas y cicatrices por todas partes. Algunas recientes y otras no tanto, posiblemente recibidas las heridas en su niñez. De ahí su afición y gusto por el dolor extremo, fruto de innumerables palizas recibidas de un padre inflexible, dominante y tirano, que le convirtió en un masoquista sin límite de aguante, ante el dolor intenso y de situaciones de mucho desgaste.

Un par de pesos colgando de las pinzas de sus pezones para aumentar el dolor, hicieron que tuviese una erección en medio del intenso dolor, llegando incluso a eyacular al traspasar los mismos con un par de alfileres de titanio unos minutos después. El masoquista no quería parar de sentir tan estimulante dolor, porque no todo el mundo se atreve a jugar de esta manera mía, tan fuertemente sádica ni con tanta precisión. Su pene se había vuelto a erectar estimulado siempre y solamente con el dolor extremo, que casi nadie podría soportar tan firmemente de forma tan placentera, como este hombre al que hoy estoy llevando al límite de su propio ser, a través de un dolor nada corriente. Aproveché su erección y encendiendo un cigarro que el se encargaba de alimentar y mantener candente con su boca, le apliqué la cabeza encendida de este en el glande de su polla, una y otra vez hasta que se consumió del todo, procediendo a encender otro y quemarle el pene con el cigarrillo, desde la punta hasta el escroto. Una vez quemada toda la zona, le agarré fuertemente la polla con mi mano y llevando la suya derecha sobre su falo, le obligué a masturbarse obteniendo con esto el hombre más y más placer, a la vez que tiraba de las pinzas de sus pezones con los dedos de mis manos hasta casi arrancarlos de sus pechos, gritando el como un animal salvaje recién atropellado por un vehículo, en una carretera cualquiera.

Las expresiones de dolor en la cara del hombre daban casi miedo. Seguro que alguien inexperto en estos menesteres, hubiese salido corriendo espantado. Sudaba a borbotones por todo su cuerpo con un sudor casi helado, aunque todo el desprendía un fuego que nacía dentro de su ser, como llamas que brotaban desde el mismo infierno.

Experiencia extra dolorosa para un masoquista extremo. Parte 3.

... Aun con la picha tiesa por la excitación, un par de largas agujas atravesaron su glande de lado a lado, de izquierda a derecha y tres más cortas que estas, atravesaron su pene de arriba a abajo longitudinalmente, con un corto e intensísimo dolor que aumentó de manera rápida y vertiginosa. Un par de pinzas en cada lado de su escroto, con dientes hirientes como las anteriores, le hicieron aullar más fuerte, comenzando a temblar como un flan que es sacudido bruscamente.

Le pregunté si estaba bien y mi asombro fue, que no solo quería más sino que además lo estaba pasando de muerte. Me gusta asegurarme de que todo está bien antes de continuar, pues a veces, debido al intenso dolor se bloquea la mente y no se puede pensar ni actuar libremente.

A soportar y tolerar toda esta cantidad de dolor, se llega con duros castigos recibidos durante mucho tiempo y de continuo. El punto de dolor que se registra en el cerebro, va creciendo a medida que aumenta la intensidad del castigo recibido y su duración, aumentando consecuentemente también, la tolerancia al dolor que se recibe, sea cual sea su origen. No quiere decir que no sufra o que este dolor no le duela, simplemente lo soportará más y mejor que otras personas, no acostumbradas al mismo.

El hombre, inexplicablemente está consciente y pensante. Mira sus genitales y pezones con asombro y a la vez con agrado, recreando su vista en la escabechina que le estoy haciendo, gimiendo y murmurando entre dientes lo bien que lo está pasando.

Retiré las agujas de su pene pero no las del glande y metí por su Uretra, una barra de acero quirúrgico de medio centímetro de grosor por veinte centímetros de largo. Una argolla en su parte final impediría que se colase dentro del todo y dos pinzas conectadas a un aparato de descargas eléctricas, completarían la faena de momento. Los gritos del castigado personaje se metían en mis oídos como bombazos. Las descargas en su Uretra, le dejaban casi atontado después de saltar en la silla como un conejo al que se ha disparado y acertado. Mientras el hombre más padecía, más gusto le daba. Después de diez descargas cambié los electrodos de pinza a su lengua, mientras se corría de gusto con las descargas de antes sumadas a las de ahora. Al oír de su boca, haciendo el un gran esfuerzo la palabra clave para detener el juego, aquí terminó todo, pues ya no pudo aguantarlo más tiempo. Retiré con sumo cuidado todo el material usado y aplicando unos primeros cuidados a las zonas castigadas y algunos consejos al respecto, me despedí del hombre, que a pesar de todo, tenía impresa en su cara una sonrisa de lado a lado.

viernes 27 de marzo de 2009

Morbo femenino con un Infante de Marina español.


... Un correo lleno de morbos y fantasías sexuales de una mujer, entró en mi correo. Por lo que me cuenta en el es extranjera en esta isla y siempre le han gustado los uniformes militares. De España, concretamente el uniforme de la Infantería de Marina, La Legión y el de la Brigada Paracaidista. Se corre de gusto imaginándose a sí misma follada por un infante de marina, un rudo y fuerte legionario o un duro paracaidista. Me dejó su dirección y no hay ningún número de contacto, pues me dio aviso de que lleva poco tiempo en la isla de Tenerife y aun no tiene línea para el teléfono. Le envié un correo con la contraseña que debía darme y con la mía, para evitar un mal encuentro. Quedé en que nos veremos mañana a las cinco de la tarde en su apartamento. Hoy es Martes y es un día tranquilo de lluvia casi torrencial, me apetece quedarme en casa todo el día, para ponerme al día con mis cosas.

Comprobé que todo estaba en orden en los alrededores de su domicilio y llamé al timbre de su puerta para ver quien se asomaba a ella. Salió una mujer joven y viendo que no había nadie fuera, cerró la puerta tras ella. Llamé otra vez al timbre y esperé que saliera otra vez y cuando salió nuevamente le di la contraseña pactada y me respondió acertadamente. Se quedó mirándome a la cara como pasmada, sin saber como actuar ni que decir de repente.

- ¡¿ Puedo pasar ?! . Le pregunté.
- ¡ Pase Usted ! . Me contestó apresuradamente.

A veces esperamos a alguien bajo una situación concreta y cuando le vemos por primera vez, se nos van las ideas de la cabeza. No encontramos las palabras o simplemente se nos bloquean la cabeza y la lengua, porque las ideas adquiridas respecto a ese alguien nos saturan el pensamiento, haciendo casi imposible pensar en otro planteamiento con respecto al momento del encuentro.

Es una mujer joven y agradable. Su mirada es cálida y transmite mucha curiosidad por averiguar muchas cosas. Cosas que tendrá que aprender por su propia experiencia y momentos que le regale la vida, algunos malos y otros buenos, como a todo ser. Su edad debe rondar los veinticinco o veintiocho años, y es normal su apariencia, sin rasgos que destacar de cualquier otra muer. Afable, dicharachera y con muchas ganas de vivir la vida, pues joven y le sobra el tiempo. Hablamos del tema que nos interesa y me dice sobre si misma todo lo que necesito saber de ella. Sus fantasías, sueños y ambiciones, que son los normales de cualquier chica de su edad. Tratado el precio del asunto, me despide efusivamente con un beso en la mejilla y quedamos en vernos el Viernes por la tarde en su apartamento. Su fantasía sexual es ser violada en su apartamento por un infante de marina.

Dediqué mi tiempo a buscar un uniforme en la tienda que se dedica a esto y después de conseguirlo, lo llevé a mi casa y preparé todo lo necesario para el momento pactado. Comprobé los materiales que necesitaba y cargando el maletín de mis herramientas de lo necesario, todo quedó listo para el momento final. Seré un Infante de Marina solamente para ella.

Morbo femenino con un Infante de Marina español. Parte 2ª.


... Llegué a la hora acordada para el encuentro a la puerta del domicilio de la joven mujer. Llamé dos veces directamente a la puerta con golpes secos y sonoros de mis nudillos, que resonaron en el pasillo estrepitosamente como augurio de lo que sucedería en el interior de la vivienda. Me abrió la mujer la puerta confiadamente y con una sonrisa despreocupada e inocente, al verme vestido con tan bonito uniforme. Me invitó a pasar al interior cerrando la puerta a continuación, pasando delante de mi y haciéndome seguir sus pasos por la casa. Llevaba puesta una bata de levantar muy fina y semitransparente, que dejaba entrever sus duras y bellas nalgas, mientras caminaba delante de mi a muy poca distancia.

Ya en la cocina, se arrimó al poyo de la misma para terminar de hacer algo de comer que estaba preparando. Me pegué a su espalda apretándole los pechos fuertemente con mis dos manos y queriendo librarse de mi, salió corriendo de la cocina y se escondió en alguna de las tres habitaciones que tiene la casa. Me dirigí a la entrada del domicilio donde están los automatismos y bajando las palancas de la control de la electricidad, dejé a oscuras toda la morada. Me estiré sobre el suelo y reptando sigilosamente la busqué por toda la casa, entrando en cada habitáculo uno por uno y revisándolo escrupulosamente hasta que vi sus pies en la penumbra, tras una gran cortina escondida esperando no ser descubierta. La agarré con cortina y todo arrancándola de su barra de sujección y arrastrándola hasta su dormitorio la tiré sobre la gran cama, revolcándose ella como una gata atrapada por la cola, en las fauces de un despiadado perro de presa. Me quité el cinturón que llevaba puesto y dándole una vuelta completa a su cuerpo con la cortina incluida, le sujeté fuertemente con el los brazos a su cuerpo quedando la joven indefensa casi por completo. Me fui de nuevo a la entrada de la casa y activé la luz eléctrica otra vez, para que pudiese verme claramente en el momento de hacerla mía a la fuerza.

Su respiración estaba muy acelerada entre la cortina enrollada. Acaricié con mi mano derecha su cara y el resto de su cuerpo y solo el hecho de no poder verme claramente a través de la tupida tela, le dio aun más morbo, percibiendo de una forma totalmente real, la situación que se había creado para el momento en concreto. Desenrollé su cuerpo desde la altura donde estaba el cinturón hasta abajo y lo dejé al descubierto. Su cuerpo temblaba ante el roce de mis manos, deseando con desesperación que la hiciese mía cuanto antes, pero hago las cosas a mi manera y bien, sin dejarme influenciar por los deseos de mi carne ni de las pasiones. La chica está totalmente inmersa en una indefensión más que deseada y buscada por ella, saliendo de su cuerpo un fuego abrasador que me arde en las manos, como brasa de un fuego encendido que aun, largo rato después de haber ardido hasta apagarse el fuego, sigue latente en el interior de los rescoldos, como si en estos viviese aquel fuego primero. Sin quitarme el uniforme me acerqué a su cara y ella boca arriba me miraba desde bajo la cortina. La besé en los labios sujetando su cuello entre mis manos y sacando mi polla de los pantalones a continuación, la froté contra su cara poniéndome encima de ella, aguantado sobre mis brazos con mi cuerpo suspendido en el aire. Abrió la boca tratando de agarrar mi falo con sus dientes pero no la dejé, retirándome más arriba y sacando la lengua ella de su boca con la punta de la misma bien tiesa, me suplicó que le pasara mi polla sobre ella. Lentamente mirándola a los ojos para que viese mi cara de cabroncete morboso y retorcido, agarré mi polla con mi mano derecha y con la izquierda aún suspendido encima, se la pasé por su caliente lengua, desde la punta hasta los güevos, sintiendo el estremecimiento de su orgásmica corrida.

Casi siempre, el morbo vence a al cuerpo en la carrera de las sensaciones, que aunque no siempre suelen ser físicas literalmente, multiplican estas como si lo fuesen, pero solo en nuestra mente. Muchas veces se logran orgasmos de los llamados mentales o de los sentidos, sin necesitar ni tener por qué experimentar corporalmente, ningún tipo de estímulo directamente físico. Se siente igualmente con el cuerpo y sientes verdaderamente que te corres físicamente, sin correrte en absoluto. A lo que nuestra mente no entiende como parte orgánica y órgano físico que es, le da un sentido físico para poder asimilarlo y darle sentido. como que algo ha ocurrido y debe asumirlo, trasladándolo al sentido material de lo vivo.

La bella mujer sufre mucho bajo su envoltura improvisada de cortina. Suda abundantemente y las gotas de este bajan desde su frente a su cara, hasta caer deslizándose sobre la cubierta de la cama, empapada ya de sudor y jugos vaginales. El olor a hembra caliente llena la estancia por completo. Es un olor que los verdaderos machos conocemos y diferenciamos con creces, pues cada mujer tiene su propio olor con toques agridulces, agrios, dulces, amargos y salados. Se disuelven los olores en el aire en forma de feromonas y bombardean nuestro sistema hormonal a través de nuestros conductos olfativos, explotando en nuestra libido como bombas de racimo, que nos llevan a reaccionar como bestias en celo, si perdemos el tino. Poco razonables y sexual mente agresivos, si no tenemos la educación y el autodomínio suficiente para con nosotros mismos. Si una persona no quiere sexo aunque le toques y te toque, aunque haya un juego consentido entre los dos hasta cierto punto, no continúes más allá, porque es una violación te guste o no. Todos tenemos madre, no lo olvides y también es mujer.

Nunca empieces lo que no has de acabar, ni pases más allá del límite de lo permitido. Es cierto que cada cual escoge el momento, el como, el quien, donde, cuando y por que, pero se deben tener en cuenta muchos factores que a veces se desconocen y que son una bomba literalmente de relojería viva, que actúa casi siempre sin entender de consecuencias. No me refiero a que cada cual ejerza su derecho a un momento de placer sin que haya nada más que eso, sino a los que precisamente no aceptan, ni respetan , ni se controlan a si mismos, dando rienda suelta a sus deseos más bestiales y animales, porque son depredadores sexuales. Todo lo que haga una mujer siempre lo entenderán y verán, como una provocación directa y una invitación real a seguir adelante con su deseo sexual sin freno ni medida, llegando a ser más de una vez mortal para cualquiera de sus víctimas. ¡¡¡ Cuidado con quien no respeta un "NO QUIERO", ES A ESTOS A LOS QUE ME REFIERO. DEPREDADORES SEXUALES PELIGROSOS Y ASESINOS !!! .

Morbo femenino con un Infante de Marina español. Parte 3ª.

... A pesar de todo lo que hago y de como actúo en mis vivencias, siempre respeto los pactos tratados de antemano. Todo está hablado y tratado desde el principio al final de mis actuaciones, sin que yo tome ninguna decisión que dañe o suponga una afrenta o castigo sin consentimiento, de la persona a quien hago pasar por todo tipo de situaciones por muy desagradables que parezcan. Son situaciones muy fuertes, reales y siempre permitidas, si no fuese así, jamás lo haría.

La mujer está ya a tope de morbo y de ganas, pues su coño chorrea sin cesar mientras se mueve sin parar dentro de la cortina inmovilizada. Le gustan este tipo de situaciones en que la impotencia de no poder hacer nada, ni de tomar decisiones en el orden de los acontecimientos que se suceden, contribuyendo un poco más a generar el morbo irreprimible en ella. Abrí un agujero en la cortina a la altura de su tragona boca y de un empujón le metí la polla hasta que todo se lo tragó hasta el fondo, saboreando con gusto mis cojones con su larga lengua. No podía tocarme, ni agarrarme entre sus manos ni brazos y luchaba febrilmente por soltarse de sus ataduras, sin poder quitarse el cinturón conque la había amarrado. La arrastré hasta el borde de la cama con la cabeza por delante y dejé esta colgando por fuera para puesto de pie sobre ella, empujarle de nuevo mi carnado ariete con gozo y disfrute de ella. Las lágrimas corrían por sus mejillas lateralmente, mientras mi pinga la atragantaba una, dos, tres, cuatro y hasta diez veces, sintiendo yo en la punta como la estrangulaba con su garganta cada vez que llegaba lo más dentro de ella.

Con la polla bien dura y con una empalmadura digna del más duro acero, levanté a la joven mujer y la giré dejando su culo en el borde de la cama esta vez y boca abajo bien puesta. Ella movía su cabeza sin parar de un lado al otro, buscando la posición que le permitiese ver mi cara mejor, en el momento de la violación pactada a la que tenía que someterla. Saqué de uno de mis bolsillos un tubo de crema y con ella me unté la punta y el cabezote de mi polla, que presentado ante su culo como todo un arma de Infante de Marina, procedería a clavarle en el culo como si fuese una bayoneta de guerra. Empujé un poco el glande de mi polla hasta que se relajó el esfínter de su ano y de un solo empujón y hasta el final, le metí la polla hasta los güevos. Un grito descomunal sonó en la casa y fuera de ella, pero en cinco empujones más comenzó a gozar haciendo un gran charco en el suelo, mientras sujetaba sus pelos con las dos manos y mirando a mi cara ella gritaba y gritaba sin parar... ¡¡¡ Fóllame !!!, ¡¡¡ fóllame !!! , ¡¡¡ fóllame !!! , mientras le rompía el culo a pollazos con la mayor dureza y rapidez que podía mi cuerpo. Otro gran chorro salió de su coño y otro más después de este, en una sucesión de orgasmos intermitentes dignos de formar parte de una fuente, en la plaza principal de cualquier pueblo.

Me pidió que la desatase y lo hice. Su aspecto de cansancio era más que visible. Aun así, se arrodilló en el suelo y quitándome el preservativo del pene, se la metió en la boca y chupó y chupó, hasta que sacó la última gota de semen de mis gÚevos. Era el trofeo a tanto sufrimiento y espera, como si de su sabor y cantidad dependiera el nivel de aceptación, que de todo este rato hubiese hecho ella con solo su lengua.

jueves 26 de marzo de 2009

Sometimiento a una mujer con muy malas pulgas.

...Un nuevo e-mail hizo su entrada en mi pc. Hoy es Viernes y bastante tedioso por cierto.La crisis económica se ha notado un poco en esta sociedad que me envuelve en sus lamentos y quejas, pero la vida continúa sin perdonar ni un segundo de su implacable tiempo. Ha dejado un número de contacto indispensable para el encuentro posterior, así que llamé a las ocho cuarenta y cinco. Me contestó una mujer con voz áspera y algo desagradable, pero la conversación por teléfono es muy fría y seguramente será diferente durante nuestra cita. Quedé con ella a las dos de la tarde de hoy en un bar de gasolinera, cerca del Puerto de la Cruz, en el Norte de Tenerife.

Llegué antes de la hora al sitio del encuentro y al poco rato entró ella en el bar, con aires de rompedora triunfal, pisando muy fuerte en el suelo. Me acerqué hasta su lado y le dije la palabra secreta en baja voz y me respondió su parte de la contraseña. Entramos en detalles rápidamente porque tenía que marcharse deprisa, así que acordamos el precio por mis servicios y nos veremos mañana mismo en su domicilio, a las diez de la noche.

Es una mujer de unos treinta años, rubia, de un metro ochenta más o menos. Delgada, guapa y con una figura cuidada y esbelta. Con mucho carácter y mal genio. Le encanta ser sometida por alguien capacitado para someterla y humillarla, ya que no le gusta que sea ficticio pues le pondría de muy mal humor.Como alemana que es, sabe muy bien lo que quiere y necesita y solo desea al mejor y lo mejor, sin importarle lo que cueste. Los alemanes no juegan con los asuntos del sexo, son exigentes y saben muy bien lo que quieren. Son educados, amables, cumplidores y muy muy claros. Me dejó en una nota escrita su dirección con letra firme y clara, que me habla de su personalidad fría y aplastante.

Ha acudido al mejor sin duda. Mañana sabrá como se las gasta castigador. Le encantará haber contactado conmigo, aunque lo se yo y ella aun no.

Hago los preparativos necesarios para el momento, poniendo en esto todo mi empeño y buen hacer. Mañana será un gran día para la mujer y lo recordará por mucho tiempo. Lo prometo.


Sometimiento a una mujer con muy malas pulgas. Parte 2ª.



...llamé a la puerta de su casa y tardó un buen rato en abrirme. Nada más invitarme a pasar, la agarré de los pelos y la llevé hasta el salón de la casa arrastrándola por el suelo. Rasgué sus ropas y dejándola en cueros totalmente, pisoteé todas sus prendas y meándome sobre ellas, la obligué a ponerse la camisa y las bragas empapadas en mi orina y con mucho gusto se retorcía con su ropa mojada puesta, con cara de verdadero gusto. Su expresión de gusto no contenido era más claro que el agua, por fin parece que nos entendemos.Me miraba fijamente deseando que le humillara sin compasión, casi rogando el sufrimiento necesario para sentirse más ella que nunca, sometida a todos mis más retorcidos y sucios deseos.Me quité los zapatos y agarrándola nuevamente de los pelos la puse cuatro patas con el culo en pompa y poniendo mis pies en el suelo delante de ella, le obligué a quitarme los calcetines con los dientes y a chuparme los dedos de mis dos pies, hasta dejarlos limpios y relucientes.Cabe decir que soy muy limpio,pero si hubiesen estado sucios también le hubiese encantado.

Puse un collar de perro en su cuello y una cadena con la que la llevaba atada y cogida con mi mano derecha. Me quité los pantalones y le obligué a lamer mis calzoncillos completamente, para meterlos en su boca después y hacerla recorrer toda la casa con la boca llena con los calzoncillos, andando a cuatro patas como un perro mientras le acariciaba como a un can de verdad. La obligué a mear en el suelo como a un cánido verdadero, como a una hembra que mea agachando sus patas traseras, para revolcarla después también en su orina y volver a pasearla por toda la casa de nuevo.

La mujer estaba feliz con el trato que le estaba dando. Saqué de mi maletín negro, el de las herramientas un hueso de esos artificiales que se compran para proveer de calcio a los animales y lo lancé por el pasillo de la casa hasta el final del mismo y rápidamente corrió a buscarlo y me lo trajo entre sus dientes, sin soltar los calzoncillos pues aun no se los había mandado a soltar. Después de un largo juego a perro y Amo, até la cadena a la pata de la mesa del salón y allí espero acostada hasta que me dio la gana de mandarle a hacer volteretas sobre el suelo. En un momento dado del juego, se rebotó y comenzó a desobedecer la voz de su Amo, así que enrollé un periódico o diario y le castigué fuertemente en el culo con el, para que tuviese claro que su desobediencia tendría castigo seguro si volvía a hacerlo. Quiso morderme después y le volví a castigar en el culete, esta vez con uno de mis zapatos que le causó bastante más daño. Mientras le castigaba en el culo, su cara aparecía llena de soberbia e ira pero a medida que los zapatazos más le dolían, el dolor se transformó en placer cambiando la apariencia de su rostro por completo. Até sus manos y piernas como a una res escapada y la inmovilicé durante un buen rato sobre el duro suelo, para que aprendiese de una vez que yo soy quien manda. Liberada de su castigo, lancé uno de mis zapatos hacia el pasillo y con pasotismo absoluto se acostó en el suelo y no fue a recogerlo. Agarré el cinturón cerca de mis pantalones y después de mearle toda por encima, le apliqué tres cintarazos en las nalgas que la dejaron saltando en el suelo, como un saltamontes en un prado. Le sujeté por su oreja izquierda y casi le arrastré hasta que por propia decisión ante el temor a un castigo más severo, fue a por el zapato y me lo acercó a la mano dócilmente. Le tendí la mano cerca de la cara y me la lamió en señal de sumisión y obediencia total, pues ya sabe quien es el Amo y quien la perra.

Tomé asiento en uno de los sillones del salón e interpretando plenamente su papel, se levantó sobre sus rodillas a modo de patas traseras y montada sobre mi tibia de la pierna izquierda, se restregó con ella como perra en celo, buscando que le desfogara de tanto calor acumulado por las palizas recibidas. Busqué en mi cercano maletín de instrumentos de castigo una raqueta y sujetándole bien fuerte con mi mano izquierda nuevamente, comencé a golpear su culo fuertemente hasta que se corrió de gusto y meándose de placer, mojó el suelo.

Sometimiento a una mujer con muy malas pulgas. Parte 3ª.


...Aun después de todo lo hecho y sufrido por la femenina fiera, le quedaban ganas de más. Me resulta fácil pensar e improvisar todas las cosas que podría hacerle. Ahí está, de rodillas en el suelo con su culo en pompa en actitud provocadora, moviéndolo de un lado al otro como si fuese un rabo y lo agitase de contenta. Abrí las mis piernas y metiendo su cabeza entre ellas, lamió mis güevos suavemente para a continuación hacer lo mismo con mi pene, que se infló rápidamente de sangre y se lo tragó como a una salchicha de Frankfurt. Sus ojos estaban muy abiertos recogiendo en su mirada toda la información que percibía y veía en mi cara, agitándose bruscamente al notar en su lengua los latidos del glande de mi carne. Se acariciaba el coño por debajo, con la mano entre sus piernas y metía los dedos de su mano derecha en la vagina, para degustar con más gusto mi polla. La sujeté del cuello un instante y la situé sobre mis muslos tal cual se hallaba en el suelo y cogiendo un par de dildos y crema lubricante dilatadora, le unté con ella coño y culo y una vez bien relajada y dispuesta, jugué con los dos aparatos en su ano y vagina, haciéndolos vibrar al máximo. Los introduje juntos en su coño, girándolos con mi mano dentro de ella y un gran chorro de sus espesos líquidos volvió a salir disparado de ella. Aun no conforme con este juego de principiantes, la mujer agitó nuevamente sus caderas pidiendo más guerra, así que metí los dos vibradores en su culo y mi puño en su coño, apretando fuertemente y despacio, hasta que le metí toda la mano y se corrió de nuevo aullando como la perra que es, porque desea serlo.


Algo le falta y sé que es. Un poco de algo que no sabe especificar y yo si. Un punto de dolor exacto que estimular para terminar de llenar ese hueco que está vacío aun, sin saber con que llenarlo. La solté un momento en el suelo y yendo al baño busqué en el armario del espejo y hallé unas tiras de cera de depilar. Esas tiras que se usan en seco, que se adhieren al la piel frotando con la mano y después basta con tirar. Le sequé a la mujer muy bien la zona inguinal y vulvar y pegando varias tiras de cera, le inserté los dildos de nuevo, dos en su coño y otros dos en su culo y sujetándolos con mi mano izquierda bien extendida, tiré desde abajo hacia arriba de cada una de las tiras de cera y el dolor y placer fueron tales, que con un chillido agudo y seco, se estremeció bruscamente y se encogió del todo para quedar doblada en el suelo y no poderse levantar, mientras su coño no paraba de chorrear el ya sucio suelo.


Para terminar de adornar la historia y darle un mejor final, cogí de mis útiles dos globos de látex y los inserté en su vagina y su culo, unidos a una flexible y fina manguera de goma suave y blanda para no dañar sus partes delicadas. Una vez metí los globos dentro de ella, giré los mismos para que la boca de estos quedase para adentro y pinzaran su boca de salida al ser llenados, evitando con esto escapes de agua antes de tiempo. Acoplé estas mangueras a una pieza plástica mayor, que haría de llave adaptada para su llenado y llevando a la mujer al baño e introduciéndola en la bañera, conecté la pieza de plástico al grifo del agua para llenar los globos a tope, de agua tibia. Una vez bien llenos, tiré de las mangueras de goma que se soltaron de ellos sin problemas y una explosión de agua salió de su vagina y su culo a modo de tromba, quedando la mujer bien lavada y limpia por dentro. Otro orgasmo explosivo que la derrotó por completo, con la sensación de la más grande corrida desde dentro de su cuerpo.
Imágenes del fotógrafo Helmut Newton

martes 24 de marzo de 2009

Provocando a una mujer.

... Como siempre, la mejor y más usada de mis referencias, es la bandeja de entrada de mi pc. Alrededor de ella gira mi mundo y depende en gran parte de el. Es mi vínculo con las personas que me buscan, me encuentran, con las que busco, necesito, hallo y con las que me desencuentro también.

Siempre aparece quien sigue confundiendo los términos y tratando de coaccionarme con sus burdas y vastas opiniones, que me paso por los cojones directamente, porque soy yo quien en mi vida manda y nadie más. El hecho de contactarme no me obliga a nada que yo no quiera, ni tampoco a los demás y si alguien se molesta por no acceder a ser puto de nadie, por no querer vender mi dignidad o mi hombría por dinero,que se joda y ya está. Vendo mi tiempo y mis servicios, no mi persona, ni mi alma, ni mi hombría, ni mi dignidad. Son mis tesoros y casi lo único que tengo. Conozco el respeto hacia mi mismo y hacia los demás, pero jámas trato a nadie de forma incorrecta y me ciño siempre a lo pactado, como los antiguos pobladores de esta tierra guanche que me vió nacer. Una sola y verdadera palabra, para siempre. El hombre que no cumple su palabra, ni es hombre ni es nada.

Perdón a todos si ofenden estas palabras, pero estoy harto de hipocresía y prepotencia. No aguanto a nadie porque no me da la gana. Mis güevos no son muy grandes, pero si están pegados al culo, como los de los leones y pobre del que saque al felino de mi interior. Más le vale irse de viaje una semana.

El mensaje que llegó a mi correo es de una mujer madura, harta y cansada de los hombres que no tienen imaginación sexualmente hablando. De los que lo quieren todo fácil y hecho, para nada más tener que empujar su polla dentro y ya está. De los vagos del sexo que si no están acostados no saben ni quieren follar y de los que desprecian el cortejo con amabilidad, romanticismo y verdaderas ganas de gustar y seducir a una dama, aunque sea por un momento. Dar cariño no es difícil aunque no se vaya a enamorar uno de otra persona, pero ayuda a la autoestima de una mujer y de uno mismo ser tratados de un modo especial que nos haga sentir valorados y queridos por un momento, aunque sea durante un segundo del tiempo de todo un día. Continuamos charlando un buen rato sobre este tipo de comportamiento, que cada vez se da más en nuestros tiempos, donde el amante romanticón se ha muerto de asco, al ver tanta carne caliente por fuera y como un témpano de hielo en su interior. El sexo es bueno, sano, saludable, conveniente, necesario y une a las gentes como en un abrazo entre almas de dos cuerpos diferentes, haciéndolos uno solo mientras dura. Por esto precisamente, no hemos de ser como bestias sin alma, teniendo siempre en cuenta los sentimientos propios y ajenos, si buscamos algo más que solamente sexo por sexo.

Provocando a una mujer. Parte 2ª.

... Hemos convenido un precio y de mutuo acuerdo, nos veremos el Sábado a las seis de la tarde en su casa. Me ha dejado una llave de la puerta de su casa, para que no tenga que llamar para entrar en ella.

Me concentré en elaborar un programa de actuación en este caso, pero creo que no será necesario pues no hay nada mejor que la propia intuición en algunos casos y dado que la improvisación es mi fuerte, me arriesgaré a confiar en mi instinto de Don Juan.

Abrí la puerta de la vivienda y accedí a ella, haciendo algo de ruido para que supiera la mujer que llegué. Entré en la cocina porque vi claridad de una luz encendida y allí estaba ella formidable y esbelta, como una Venus de Gnido, pero completa.

Es una mujer madura y de muy hermosa apariencia, con turgentes y grandes pechos. Tiene una suave piel morena y una mirada ardiente que me envuelve en su incandescencia, como brasas de una hoguera recientemente apagada, pero no extinguida. Su negra melena al viento que llega hasta sus anchas caderas, con cintura estrecha que se torna en mi locura, con brazos finos como de muñeca y manos a juego, que poseen la delicadeza de la más refinada porcelana. Sus piernas son largas y bellas, fuertes como los pilares de un puente que nos lleva juntamente al reino de la fantasía, donde la lujuria, el morbo y el sexo, se juntan como parientes a la mesa de la vida, siendo los invitados mejor tratados y más esperados, por mi y por ella. Sus nalgas son grandes, duras y atrapan mi mente en un momento y se me pierde volando entre ellas. Lleva la mujer un vestido transparente que me deja ver perfectamente que no lleva bragas puestas, y se dibujan sus pezones de orla oscura y la mata de su vello púbico abundante y negro, que me pone la polla dura al momento, sin que pueda disimular mirando hacia otra parte aunque sea por cortesía. Su cara es pequeña y redonda con ojos rasgados y grandes, de pobladas pestañas y finas cejas. Su nariz pequeña y algo ancha, de labios carnosos pintados en un rojo fuego que impone, pareciendo que lleva el fuego que en su cuerpo tiene en la boca prendido.

Me hizo una seña con su mano derecha para que me acercase a ella y alzó en su otra mano una copa que me dio, para brindar y beber como buenos amigos. Nos reímos y hablamos un buen rato porque no había prisa por empezar, ya que las cosas deberían seguir su curso de la forma más natural y sencilla. La agarré de la cintura y la estreché cariñosamente contra mi pecho y el calor que despedía por todas partes me llegó de lleno junto con el olor a hembra de su cuerpo que me encendió aun más. Besé sus manos, sus brazos, su cuello y bajé por la espalda con mi caliente lengua, poniendo mucho cariño, pasión y empeño. La hice sentar en una silla y me puse de rodillas en el suelo frente a ella, y descalzando su pié izquierdo le apliqué un suave masaje en el, para besarlo después y humedeciendo sus dedos con mi lengua, los metí lentamente uno a uno en mi boca, mientras me asaba de calor por su fogosa mirada clavada en mis ojos. Besé sus tobillos lentamente también, rodeándolos y bordeándolos con mi lengua mientras los mordisqueaba sutilmente, sintiendo a través de su piel la calentura que ascendía a su cara que parecía querer arder. Lamí su tibia con movimientos largos de mi boca y llegué a su rodilla que raspé con mis dientes suavemente hasta llegar al muslo, que mordisqueé en grandes y suaves mordidas, pasando mi lengua por su cara interior y sobre su vello púbico también.

La mujer disfrutaba de mis caricias y mordidas hechas con mucho cariño y ardiente pasión. Sus pezones se habían puesto hinchados y grandes y sus pechos se endurecieron más que antes si cabe. Vibraba toda ella ante mi lengua, conocedora de los secretos mejor escondidos del cuerpo de una mujer, apretando, succionando o lamiendo, sobre su suave y sensible piel. Ella deseaba con todas sus ganas que la poseyera pero sabía esperar como yo espero, pues vale más disfrutar con los sentidos y el tacto, que por acelerar el proceso todo se vaya a fastidiar. Repetí todos los movimientos en su otra pierna poniendo aun más empeño y usé mis manos para hacerle caricias en su pelo, espalda y entrepierna, rozando con la punta de mis dedos su clítoris de vez en cuando.
Estaba ella mojada y comenzando a chorrear por el coño, dado que estaba excitada y entusiasmada por tan relajado placer. Atrapé su clítoris entre los dedos índice y pulgar de mi mano izquierda, y los hice girar de derecha a izquierda suavemente sobre el, con lo que se erectó como un pequeño pene. Metí el dedo anular de mi mano derecha en su vagina buscando su punto G y habiéndolo encontrado lo estimulé suavemente al principio y un poco más fuerte después, para pasar la punta de mi lengua por encima del clítoris sin soltarlo de mis dedos, cambiando la dirección del movimiento de ellos de izquierda a derecha y al revés, hasta que se agarró fuertemente a mi cabeza para soltar un gran chorro de líquido, que bañó con sus jugos mi pecho y parte de mis muslos. Sin darle tiempo de recuperarse y aprovechando que estaba bien lubricada y húmeda, metí los dedos de mi mano izquierda en su vagina y poco a poco fueron entrando hasta caber mi mano al completo, y empujando lenta y suavente con ella hasta lo más adentro que podía, otro gran chorro salió de su coño a modo de surtidor, que me dió un nuevo baño en sus esencias más femeninas.

Provocando a una mujer. Parte 3ª.

... Se levantó de la silla y tirando con sus manos de las mías, me levantó también. Desabotonó del todo mi camisa y el pantalón, para dejarme completamente desnudo y acariciando con ternura mi cuerpo con los largos dedos de sus lindas manos, comenzó a saborear mi cuerpo besando y lamiendo las zonas de más sensible piel. Besó con pasión mi pecho enredando con su lengua el vello que hay en el, y mordisqueó mis tetillas aplicando el calor de su suave lengua sobre ellas mpara deslizarse hasta el ombligo y jugar con el. Siguió bajando hacia abajo y se entretuvo en las ingles, acariciando suavemente con sus labios y lengua los alrededores del escroto y mi polla también. Se metió en mi escroto y jugando con mis güuevos de uno en uno y con los dos a la vez después, en un partido lengua boca contra testículos polla, que me hizo delirar de gusto. Me miraba a la cara gozando con mis gestos de placer, a la vez que ella sentía en la punta de su lengua la cabeza de mi ariete engordar y crecer, hasta llenar del todo su boca, chorreante como una manguera de bombero a punto de apagar un fuego que no cesa de arder. Jugaba con su garganta a tragarse mi pene haciéndome sentir totalmente como lo tragaba, pues dentro de ella mi polla saltaba, se agitaba y se tensaba como arco cuando va a lanzar una dardo que no puede contener. Sintió en su boca el sabor de mis jugos que no cesaban de fluir y en unos pocos segundos se afanó con más empeño en una mamada que vació hasta mi alma, dentro de su golosa garganta que tragó mi abundante corrida con sumo placer. Aun cuando se deshincho mi falo continuó chupando hasta que nada salía de el, mirando de nuevo a mi cara con una amplia sonrisa en su boca que decía sin palabras, lo que significaba todo ello.

Mis piernas temblaban después de tan grande y profundo placer. No fue solo la mamada sino toda su entrega lo más que me dio placer. Su entrega apasionada apoderándose de todo mi ser, en unos centímetros de polla en que la sentía a toda ella entregada en cuerpo, mente y alma, con todas las fuerzas de su maravilloso ser. No era mi pene lo que sentía realmente tan profundamente dentro de su garganta. Era su pasión sublime y deseo hechos carne para regalarme en un momento su espíritu indómito y rebelde, harto de estar cotenido y encerrado dentro de su cuerpo que como cárcel le apresa y le mantiene limitado, dentro de las fronteras de ella sin poder salir fuera hasta que no llegue su momento de quedar liberado. Aun debe esperar con paciencia pues ese momento no ha llegado.

Nos fuimos al dormitorio y nos tumbamos en la cama un momento. Tomó mi mano y yo la suya en un instante casi mágico, para no perder el vínculo creado entre nosotros hace un rato. Besé su cuerpo de nuevo y moviendo sobre ella mi mano derecha toqué sus pechos cintura y caderas, para situarme encima de ella con todo mi cuerpo y poseerla por completo suave y tiernamente, en una danza de nuestros cuerpos entregados al juego más antiguo de este mundo y el más agradecido. El juego del amor.

domingo 22 de marzo de 2009

Un polvo para los mirones de una playa.

... Un mensaje que llegó a mi correo con muchos otros, llamó mi atención por ser morboso y valiente. Hoy es Martes y son las ocho y nueve de la mañana. Es de una mujer. La llamé al número de contacto y quedamos en su casa, hoy a las cuatro de la tarde, tras darle una contraseña por seguridad.

Nada más llegar a su casa, en el Sur de la isla, en Los Abrigos concretamente, me abrió la puerta sin tener que llamar siquiera, pues me esperaba con impaciencia. Después de darle la contraseña y recibirla de ella, me invitó a pasar y sirvió en la sala de su casa, un par de naranjadas con bastante hielo. Hablamos de su morbo o fantasía y me pareció muy bueno su planteamiento de la historia en general, pero yo la puliría y le daría mi toque para reforzar su plan. Tenía ganas de follar en público sin tener que esconderse, ni cortarse por las miradas ajenas que pudiesen observarla, pues era parte de su morbo precisamente, exhibirse ante otras personas. que la mirasen follar.

Cerca de la zona hay una playa visitada y usada por gente de toda la isla y de fuera, para hacer algo diferente que no podrían hacer en las demás. La gente allí se desnuda y practican el sexo de manera liberal sin conflictos con nadie, ni con el inconveniente de menores o niños alrededor que pudiesen merodear o curiosear, con el daño consecuente para su moral, porque se reunen bien entrada la noche, para evitar todo esto .

Una vez hablado el precio,quedamos para el Viernes a las nueve de la noche, en su casa, para trasladarnos seguidamente hasta dicho lugar.

Llevaré mi maletín como siempre porque seguro que más de uno y una, se apuntarán al juego. El Viernes próximo arderá la playa y no por un fuego de hoguera precisamente.

Un polvo para los mirones de una playa. Parte 2ª.

... Nada más llegar a la mencionada playa, saqué del coche dos grandes mantas y los útiles necesarios para hacer una buena fogata, que nos alumbrase y nos proporcionara calor, pues la humedad cerca del agua del mar se nota bastante. A los quince minutos de haber empezado a arder los trozos de madera y algunos troncos secos, comenzó a llegar gente que se situó rodeando la hoguera, agradeciendo el agradable calor que les llegaba.

La mujer y yo, comenzamos la trama planeada y todos nos miraban con mucha atención, esperando a ver que sucedía entre todos los asistentes a la playera función pornográfica, que apenas empezaba. Ella dio el primer paso quitándome la camisa, acariciando y besando mi desnudo pecho, mirando y retando a todos con su mirada de cazadora furtiva e intentando provocar en los mirones, algún deseo malintencionado. Se puso en el suelo arenoso de rodillas sobre las mantas y desabotonándome el pantalón pero sin aun bajarlo, se dedicó un buen rato a pasar su lengua sobre mi polla por encima del pantalón, mordisqueando suavemente hasta dejarme empalmado.

El gentío curioseaba y se calentaba al observar el detenimiento con que la mujer me chupaba y saboreaba, tocándose los hombres sus pollas y las mujeres viendo a estos calentarse, se acariciaban el coño tumbadas en el suelo, sin ninguna prisa porque el espectáculo se terminara.

Me bajó la exhibicionista los pantalones y calzoncillos hasta los tobillos, quedando mi ropa sin quitar del todo sobre el suelo y metiéndose mis güevos en la boca, se aferró a ellos con la lengua como pulpo a una piedra. Su caliente lengua vibraba entre mi testículos, haciendo cimbrear mi polla como junco al viento del atardecer en Verano, suave y lentamente que más que moverlo parece que le mece. Mi polla se estremecía de gusto y el glande parecía querer reventar, palpitando entre sus labios y su lengua, sabia maestra de lo es una polla de hombre.

Los mirones estaban pasmados, observando como se regodeaba con mi tolete en la boca y a la vez les lanzaba miradas que provocaban envidia, a la vez que llevaba su mano derecha hasta su coño para acariciarlo con auténtica lascivia, valga la redundancia. Todos ellos se manoseaban mirándose unos a otros y a nosotros, en una vorágine de calentura en aumento que pronto estallaría en incendio sexual. Las mujeres más atrevidas, se acercaron unas a otras y formaron una línea unas junto a las otras, acariciando sus coños para no perder el tiempo y estar a punto de cualquier cosa que apeteciera a quien quisiera, hombre o mujer que les era indiferente.

Todos nos mirábamos ahora, pendientes todos de todos y en un momento repentino, agarré a la chupadora por los pelos con mis dos manos y le empujé mi polla hasta lo que más pudo penetrar en su garganta, notando en sus contracciones corporales como se corría de verdadero morbo y gusto. Las demás mujeres empezaron a gemir y los hombres como locos se masturbaban, se comían los coños de las mujeres o chupaban alguna polla. Uno de los hombres del grupo se acercó hasta mi y mirándome a los ojos no hicieron falta palabras, se arrodilló junto a la mujer que me la chupaba y los dos juntos compartieron mi polla, en un morboso juego de lenguas y saliva que casi no me dan tregua. Se comía ella mis güevos y el mi polla y de rato en rato se comían la boca el uno al otro, para volver de nuevo a chupármela compartiéndola completamente, como si de dos hermanos se tratara. Dos hombres más se unieron al grupo de los nuestros y otras tres mujeres, chupando dos de ellos la polla, al que me la chupaba a mi junto a la mujer, mientras las tres hembras se aferraron a ella. Dos a sus pechos y la tercera a su coño, en una alocada mamada de clítoris y tetas, que la hicieron gritar de placer al correrse una vez más, con un descomunal chorro de su coño sobre la que estaba comiéndole el suyo, que enseguida lo restregó por todo su cuerpo, como deseado elixir de juventud para su piel.

Un polvo para los mirones de una playa. Parte 3ª.

... La cosa cada vez se estaba liando más y más. Habíamos ya en la playa, unas cincuenta personas enredadas en una espiral de sexo sin precedentes en el lugar. Hombres follándose a otros hombres y otros a su vez a estos. Mujeres que se comían los coños, culos, pechos y pollas, mientras eran a su vez comidas, chupadas o folladas por el culo o vaginalmente.

La exhibicionista estaba en el momento más feliz de su vida. Por fin había cumplido su deseo de ser vista follando, pero además tuvo que vérsela comiendo coños, tetas y culos de hombres, como nunca hubiese imaginado. La agarré de los pelos y la metí debajo de mis güevos, mientras le empujaba mi polla a un tío en el culo y ella me lamía los cojones , siendo a su vez devorada por otra mujer que la hacía retorcerse de gusto, mientras mis bolas le llenaban la boca y la otra sorbía sus jugos sin dejar que ni una gota, cayese al suelo.

Todos más que satisfechos y muy calientes, juntamos a todas las mujeres y a quien quisiera en un círculo cerca de la hoguera, y les chingamos a todos con mucha leche caliente de pollas y corridas de mujeres, hasta que no nos quedó ni gota en el cuerpo.